miércoles, 20 de octubre de 2021

Deportista total, figura ejemplar: GRACIAS PAU

 


Con permiso de Rafa Nadal, Pau Gasol probablemente sea no solo el mejor deportista español de la historia, y uno de los grandes del planeta, sino una de las figuras más reconocibles de España en el mundo. Un embajador con mayúsculas que a través del baloncesto ha conseguido trascender mucho más allá. Un emblema nacional a la altura de la evolución inspiracional que nuestro país está llamado a tener en los próximos años.

Pau se retira del deporte de élite después de una carrera brillante, y que nos ha hecho vibrar como nunca hubiéramos soñado. Muchos hemos trasnochado con él, llorado y sufrido, pero sobre todo disfrutado y emocionado hasta límites insospechados. Gracias a él hemos conocido más y mejor la dimensión del baloncesto, dentro y fuera de España. También la de un deportista total, que trasciende a lo social. Toda una generación ha crecido y aprendido con él, y lo que es más importante, ha conseguido dar un paso hacia adelante, progresar y superarse por encima de lo que pensaba posible, creyéndose al fin que puede competir con los mejores: mentalidad ganadora. Nos ha hecho confiar más en el valor del talento bien trabajado, en la humildad moldeada a base de respeto, pero nunca miedo, en el coraje de autoexigirse el máximo para descubrir donde está el límite, si es que lo hay.

El hombre que se echó a la espalda a toda una generación de chavales talentosos y hambre de superación, y a un país acomplejado pero deseoso de crecer, ese es Pau. La figura que ha sabido construir un equipo a su alrededor, entendiendo con naturalidad cómo debe funcionar cada rol. Aquel que ha ejercido de obrero y líder al mismo tiempo, que respetó y desafió a todos a partes iguales allá donde iba, y que es capaz de provocar el aplauso hasta del acérrimo rival. Una figura superlativa que no escatima nunca en sonrisas y palabras de ánimo, con una infatigable actitud positiva ante la vida, de gratitud por una historia de amor que será eterna entre el baloncesto, la sociedad, y él.

Pau se convirtió en ídolo y ejemplo por lo que hizo dentro de la cancha, pero es icono y referencia por lo que ha sabido transmitir fuera de ella: compromiso social con la gente, con los niños en particular y con los colectivos más desfavorecidos, demostración constante de solidaridad, apuesta por la educación, y sobre todo coherente e íntegro con la palabra y la acción.

Aunque nos pareciera un extraterrestre, Pau Gasol es el hombre cercano, natural. Fácil de trato y consciente de la responsabilidad que le toca asumir, que nunca ha evitado, al contrario. Un perfil de deportista capaz de subir el nivel cuando toca gestionar situaciones difíciles, dar imagen, ser ejemplar y abordar los problemas desde una perspectiva humana, práctica y con los pies en la tierra.

Pau ha venido marcando un camino a seguir para el deportista de élite de hoy en día, tanto durante su carrera como después: relación, integración y transición con la sociedad. El del deportista que no solo se cuida y es consciente de la complejidad del mundo que le rodea, de la responsabilidad y exigencia que requiere su profesión deportiva durante los años de competición (salud física y sobre todo mental), sino también de la necesidad de implicación y compromiso, de la participación activa y del uso de su altavoz mediático para llamar a construir una sociedad mejor y más solidaria.

Pau es un espejo donde mirar la calidad y calidez humana de la nueva generación de deportistas de élite que se viene fraguando en España en las últimas décadas, y que deben seguir sus pasos. Deportistas muy conscientes y conocedores de su rol social, de la necesidad de demostrar un comportamiento ejemplar. De saber estar en cada momento. De obligarse a estar mejor preparados y formados en competencias sociales y comunicativas, de imagen y representación (tanto técnicas, como de gestión, ejecutivas, o en el ámbito en que mejor encaje según sus competencias, habilidades e intereses). De pensar no solo en el presente sino en el futuro, y tener siempre la cabeza bien equilibrada sobre los hombros. De ser esos portavoces con la suficiente sensibilidad para preocuparse por conocer el mundo que les rodea, la realidad en la que convivimos, y actuar en consecuencia. De darlo todo siempre, desde el deporte hacia el mundo. De pensar, dedicar tiempo e invertir en una transición personal y profesional propia, que con los años (y tras la retirada), pueda integrar todo el valor añadido de su experiencia acumulada, y devolverla de la mejor manera al deporte, a la sociedad, y a la actividad socioeconómica para el progreso del país.

Pau ha sido, es y será esa figura que nos acompañará a toda una generación, dentro y fuera del deporte. Un ejemplo inspirador como pocos que nos ha brindado alegrías y felicidad. Aquel que abrió el camino a la figura del deportista total, profesional y ejemplar. La leyenda de carne y hueso, amigo, vecino y familiar, ciudadano del mundo entero y a la vez tan cercano y lleno de humanidad. La élite de nuestro deporte hecha humildad, sobre el que construir un ejemplo, un modelo de carrera deportiva y de transición profesional.

Por su legado, por los valores demostrados y transmitidos. Gracias Pau.

Por tantas emociones compartidas, por la mentalidad con la que nos ha transformado como país, por el espíritu de superación y el ejemplo constante. Gracias Pau.

Y por todo un horizonte de oportunidades de crecimiento que sigue desplegando ante nuestros ojos, por un presente infinito. Con su carrera deportiva como modelo, y sus sueños de vida hacia el futuro, desde el corazón del deporte, MILLONES DE GRACIAS, PAU.