viernes, 10 de noviembre de 2017

Y Madrid qué, otra vez candidata olímpica, ¿no?

Conocimos hace poco la decisión de conceder los juegos olímpicos de 2024 a París y de 2028 a Los Ángeles; la siguiente cita en el horizonte es 2032. Y yo le digo a Madrid: “de nuevo, vamos a por ello”. Hay que insistir, seguir con el cántaro a la fuente para que salga. Madrid olímpico 2032, qué bonito
Recuerdo un anuncio viral a finales de los 90 de un automóvil que te llevaba donde hacía mucho que no llegaba nadie.  Aparecía un hombre mayor en un pueblo aislado, hablando de temas muy antiguos que él creía seguían estando de actualidad: Ruiz Mateos y Boyer, Franco… y al final el hombre acaba preguntando ”y el Madrid que, otra vez campeón de Europa,  ¿no?“. El Madrid llevaba por entonces más de 30 años sin ganar dicho trofeo, pero ironías de la vida, ese mismo año volvió a ganar: la séptima. Y conquistó 3 en 5 años.  Y más de una década después, otras 3 en 4 años. Juguemos de nuevo con la ironía y el destino para conseguir el mismo efecto en Madrid 2032.
Madrid 2032 vuelve a verse en el horizonte como un reto ilusionante al que no debemos renunciar. Madrid merece los Juegos Olímpicos, merece una transformación que le impulse a seguir convirtiéndose en una ciudad aún más sostenible, solidaria y abierta. Más limpia, más verde, más eficiente y moderna. Más cómoda y completa, más amable. Más deportiva, nacional, europea y mundialmente: más olímpica. Las infraestructuras y recursos que ya posee Madrid son una base muy sólida sobre la que abordar una nueva propuesta viable, que cuenta además con la experiencia acumulada de las pasadas candidaturas de 2012, 2016 y 2020.
Tras un periodo de respiro, Madrid debe volver a presentarse con más fuerza todavía y con muchas lecciones aprendidas. El conocimiento, el capital humano y la capacidad para llevar adelante unos exitosos Juegos están en el corazón y el alma de todos los madrileños, en la voluntad de los que hacemos y participamos de la ciudad, en todos los expertos que la conocen. Está en su forja, en su ADN, en su estrategia a largo plazo de gran ciudad; una ciudad que sabe integrar grandes eventos de manera extraordinaria, capaz de adaptarse y transformarse para mejorar y dar un excelente servicio, para superarse a sí misma y enseñarle al mundo cómo es capaz de gestionar cualquier gran acontecimiento de manera ejemplar, profesional y con mucho sentimiento.
La ciudad está preparada y dispuesta para enamorar y conquistar retos increíbles, pues así lo sentimos la mayoría de los que formamos parte de ella. La voluntad de albergar el sentimiento olímpico en el seno de nuestra ciudad es además apoyada por la mayoría del país, que respira deporte, olimpismo y sus valores por todos sus poros. España es tradición y solera deportiva, una marca muy asociada a los juegos y al deporte, y se merece de nuevo ser el catalizador del movimiento olímpico a través de Madrid: un proyecto conjunto que puede generar de nuevo un sentimiento de unidad y convergencia, incluso de mejora de la convivencia a futuro, en torno a los valores del deporte.
Más allá de intereses económicos, políticos, sociales o geográficos, Madrid32 sería una excelente sede sobre la que hacer crecer los Juegos y su impacto, donde conseguir sacar lo mejor de un pueblo y un país que han demostrado con creces estar a la altura de los grandes acontecimientos del deporte, de contribuir a hacerlos más grandes, mejorándolos, aportando su visión, sus particularidades y su encanto. Volcando la pura pasión de España por el deporte olímpico.
Por todo ello, por no rendirse nunca, por justicia vital y deportiva, por las ganas, la ilusión y mucho más, es el momento de pensar nuevamente en un proyecto que es posible, alcanzable y merecido. Madrid32 debe echar a andar con el apoyo unánime de todos, con la firme convicción de que esta vez sí, será elegido, que ya toca. Madrid lleva tiempo imaginando su sueño olímpico, visualizándolo en una realidad futura no tan lejana, que puede materializarse en 2032. Cree en sí misma, en su capacidad de cumplir su sueño. Con una intensa emoción, persigamos que se cumpla la misma ironía de la vida que se dio con el anuncio que comenté al inicio de este artículo, y sonriamos al lanzar la pregunta al futuro ilusionante y al Comité Olímpico Internacional: “Y Madrid qué, finalmente ciudad olímpica, ¿no?”

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