domingo, 7 de enero de 2018

Pasión sevillana, locura de fútbol: derbi espectáculo

Sevilla exporta al mundo pasión, semana santa, feria de abril y toros, arte, cultura, gastronomía, alegría de vivir, tradiciones con sabor diferente y especial. Exporta un sinfín de experiencias bajo su marca ciudad, y entre ellas está su derbi futbolero, único en el mundo por su fervor y su manera de entenderlo. Sevilla y Betis proyectan bajo la competición de La Liga una magia sin igual en el planeta fútbol, una rivalidad diferente y cuyo sabor cobra mucho más sentido cuando se entiende desde dentro.

La ciudad hispalense respira fútbol todo el año, pero cuando se acerca un derbi, el color y la emoción ilumina con más fuerza el latir del corazón de béticos y sevillistas. Se olvida la historia, la clasificación o las situaciones concretas de cada equipo: el partido contra el eterno rival lo eclipsa todo. Los aficionados se aferran más que nunca a sus colores, a su equipo, a sus himnos. Se comenta con los vecinos, los amigos y en el trabajo; nadie queda ajeno a una rivalidad, que salvo muy contados episodios desafortunados y desagradables protagonizados por algunas minorías, se vive con deportividad, con alegría, y sobre todo con mucha ironía, sarcasmo y humor. Esa “guasa” que acompaña a esta ciudad y a su gente, con la que construyen el día a día, su forma de vivir, los puentes hacia el futuro y con la que reciben a todos los foráneos, vertebra también el fútbol, regando entre cervecita y tapita los chistes y chismes que se construyen en la previa del derbi.


Desde ambos clubes, directiva, equipo técnico y jugadores, todos se encargan de hacer piña, de hacer un llamamiento colectivo y sano, de fuerza y unión ante el partido más importante que tienen por delante. Invocan a la pasión de su gente, a los aficionados que les deben dar alas y llevar con su energía hacia la victoria. La efervescencia y la motivación que corre por todo Sevilla ante un partido así se pueden respirar y sentir desde el barrio de Triana a Santa Cruz, desde la Macarena a la Maestranza, de la Giralda al parque Maria Luisa, desde Heliópolis hasta Nervión. Colores rojiblancos de los sevillistas desde el Sanchez-Pizjuán, banderas blanquiverdes de los béticos alrededor del Villamarín, conforman un cuadro de luz y alegría deportiva que se mezcla en las calles y en los medios, en el sentir de la gente y en sus sueños.
Grandes iconos futbolísticos, locales e internacionales, han abanderado este sentir a lo largo de la historia. Artistas y figuras no sólo en el campo sino fuera de él, han sido grandes estandartes y capitanes de uno y otro equipo que han sabido entender y transmitir los valores y la pasión por sus equipos, y la importancia emocional que para sus aficionados tiene cada derbi. Históricos sevillistas como Unzué, Monchi, Manolo Jiménez, Rafa Paz, Martagón, Anton Polster, Davor Suker, Jose Antonio Reyes, Jesús Navas y hasta Maradona. Genios béticos como Pedro Jaro, Poli Rincón, Cardeñosa, Rafa Gordillo, Eusebio Ríos, Juan Merino, Alfonso, Joaquin y hasta Denilson o Finidi.



En los últimos años, además, los derbis sevillanos han subido de nivel y de calidad, en la medida en  que los equipos se han vuelto más anárquicos sobre el campo, presa de una emoción y una voluntad que traspasa cualquier orden y disciplina tácticas. Han sido un ir y venir de fútbol, de goles, de espectáculo para todos los aficionados no sólo locales, sino globales, ávidos de fútbol intenso y entretenido, de un deleite deportivo extraordinario. Un torbellino de emociones en ambos campos, una montaña rusa de dominio alternativo, jugadas y resultados imprevisibles, sufrimiento y éxtasis a partes iguales que obedecen sin orden ni concierto alguno a la locura del fútbol total, la del balón, los colores y el gol, la de la emoción, la alegría y el corazón.
El de ayer fue un ejemplo gratificante y tremendamente revelador sobre la calidad futbolística que Sevilla es capaz de exportar al mundo con su derbi, que no se queda solamente en el campo sino que trasciende al mundo antes y después del partido hasta un nivel emocional contagioso y muy intenso. Un ejemplo magnífico de cómo vivir y transmitir a su manera los valores de la pasión local, a través del idioma universal del sentimiento futbolístico por el equipo de uno.



Este derbi es uno de los diamantes de La Liga, que debe cuidar y seguir haciendo crecer; en impacto mediático, en asistencia, en repercusión social y deportiva, porque este derbi enamora a toda la liga y a toda España, a toda Europa y al mundo entero. Este derbi enseña la alegría incontenible del sevillano en su fervor por el fútbol, alrededor de sus colores y del balón, faenando y luchando con un gran pundonor ante el gran miura rival. Sevilla y Betis se hacen más grandes el uno al otro, se necesitan para contagiarse, realimentarse de fútbol y vitalidad a través de sus aficiones, para reivindicarse en el lugar que les corresponde por peso futbolístico.

El gran cartel hispalense es un atractivo extraordinario que demuestra que no sólo de Madrid, Barça o Atleti vive el fútbol español y su Liga, sino que hay un producto emocional en el tejido balompédico de este país muy completo que hay que seguir potenciando y explotando, pues nos enriquece a todos. Y Sevilla es una de las plazas deportivas donde se puede contemplar este producto con más sabor, tradición y arte futbolístico. Bravo por el Sevilla que nunca se rinde, y viva el Betis “manque” pierda. Olé por el fútbol y su derbi hispalense.

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