miércoles, 10 de julio de 2019

El oro por dentro



El oro no fue ayer ni la semana pasada. El oro se forjó mucho antes, cuando el sueño empezaba.

El oro se ve hoy por fuera, colgado de sus cuellos y agarrado a sus sonrisas, pero brilla más que nunca por dentro, en el corazón de todas sus batallas que la historia revisa.

Cual iceberg que emerge al cielo al final del camino, y sorteando lesiones, dolor y decepciones, acaba enfrentando su destino. Sustentado bajo un mar de lágrimas, coraje y sufrimiento, esos que sólo ellas conocen, que no se ven por fuera pero se llevan por dentro.

Oro que ilumina el sacrificio y esfuerzo de muchos años, de mucha gente, que honra el trabajo en silencio, vivido apasionadamente.

Oro que se sueña desde abajo y al que se llega sin atajos. Aquel que transmite una idea, un estilo, una dirección y un proyecto. Transmite la esencia de nuestro baloncesto.

Brillo dorado que está hecho de disciplina para llegar, determinación para quedarse y motivación para superarse. Por el que tantas veces tropezaron y otras tantas levantaron, aprendiendo a arrimar el hombro que entre ellas nunca ha fallado.

El oro por empuje y convicción, que más allá del metal y la medalla, es baloncesto ilimitado en su corazón. En el de todas ellas, de su entrenador y del equipo alrededor, en el de todo un país y su afición.

El oro que no es sólo victoria, partido, canasta. El oro que es más que un título o la gloria de tocar el cielo en la cancha.

El oro que no es triunfar una vez, ni dos ni tres, sino probar a hacerlo mejor de lo que crees. Es llegar más allá de lo que ves, es superarte una y otra vez.

Es no rendirte y apretar, es cautivar a la grada y hacerla enloquecer. Es retar al rival y mirarlo de frente sin dudar. Es competir siempre, sabiendo sufrir y haciéndonos sonreír. Es generar expectación por tu capacidad de jugar un baloncesto disfrutón. Es saltar a la pista y pasarlo bien, y sobre ella transformar el juego en aprendizaje para crecer.

El oro es más que nunca el talento hecho emoción, el equipo hecho familia que alimenta sin límites su ambición.

El oro es esa conexión que va más allá de la razón y la emoción. Son esos lazos entre las jugadoras y su entrenador, entre compañeras de profesión. El oro es esa amistad por tesón, el vínculo inquebrantable del deportista con su pasión. Ese que une más que nada a un equipo campeón, que se convierte en familia con enorme devoción.

El oro es recorrer ese camino y encontrar juntas las sorpresas del destino. En todos los entrenos y todos los partidos. Conocerte con una mirada, construir nuestro juego por encima de tu jugada, encontrar el hueco, el pase y el tiro que te hacen olvidar tu ego.  Es defender y atacar sin descanso más allá del partido, es arrimar el hombro por el bien colectivo, vibrando de alegría por el éxito compartido.

El oro son las chicas de baloncesto, las que hacen nuestra selección. Las que cada año vuelven, están porque nunca se van, porque a esto de jugar, y a las ganas de ganar, nadie las consigue igualar. El mejor equipo nacional, pleno ejemplo de igualdad. Cuyo legado, inspiración y fuerza quedan grabados cada año con letras de oro y eternidad.

Dentro del oro existen muchas vidas, muchos años, muchos sueños. Dentro de él estamos todos y están ellas poniendo un emocionante empeño. Y cada año estaremos con vosotras, todos, siempre, recordando que para vosotras el oro y la victoria son consecuencia de construir el baloncesto desde dentro, y apasionadamente.

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