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lunes, 27 de mayo de 2019

“…Porque lo imposible solo tarda un poco más…”




Crees que sufres cuando sueñas cosas imposibles, pero es el primer paso para crecer. Sufres porque las ves lejanas e inalcanzables, pero están ahí para que descubras la grandeza de tu ser.
Creces con ello de manera inevitable cuando das una mejor versión de ti misma, aunque el sueño conlleve gran sacrificio. Y el sueño aparece cada noche, constante y resiliente. No se esfuma, no te deja de visitar. No puede hacerlo, no sabe dejar de ser. No tiene otro sitio que habitar que tu propio corazón. De él salió y por él se alimenta y se hace más grande. Con él conecta y proyecta hacia otros corazones comunes, otros sueños sinónimos que sintonizan la frecuencia de un camino a recorrer juntas.

Un camino a lo imposible que empezó haciendo sufrir a quien lo soñaba, pero que con el tiempo consiguió aplacar, convirtiendo el sufrimiento en determinación. La misma determinación que te lleva a entrenar y progresar, a competir, a ganar y a aprender cada día. La misma fuerza que no entiende que no hay vuelta atrás. Esa vuelta que te da la vida cuando crees en ti misma y en tu proyecto por encima de todo, ese todo que resume tu vida y tus pasiones sobre el verde. Ese verde que te recuerda por qué estás aquí, cuál es tu objetivo y tu valor. Ese valor que dignifica tu esfuerzo, te pone a caminar y no entiende de límites. Esos límites que rompes cuando asumes que no hay más frontera que la propia mental, mente que doblega sus miedos cuando es parte de un colectivo al que nada puede parar. Algo más grande que una misma, que construye equipo junto a ti.

Y no pares hasta conseguirlo porque cada año estás más próxima a tu sueño. Sueño que te robó el dolor el curso pasado por rozar la gloria y caer tan cerca. Cerca de una orilla a la que no estás dispuesta a renunciar, por la que te levantas cada día de nuevo con más fuerza y segura de que este año sí lo lograrás.

Y avanzas firme sin dar un paso atrás, sin confiar nada al azar, creyendo en ti y en que el éxito vendrá. Porque tu trabajo y tu esfuerzo lo merecen sin dudar. Y las dudas se acaban cuando ves el sol brillar, ese sol que es tan alto como el sueño que quieres lograr. El sueño que ya no es sufrimiento sino que es oportunidad real. Lo consigues y lloras de felicidad. Ese sueño que dice que eres de verdad, un equipo de primera en lo más alto del fútbol nacional.



Ese fútbol que te aplaude y te quiere a rabiar, del que formas parte por derecho de calidad. El mismo que te vio nacer y sufrir como equipo natural, equipo cercano, humilde pero con enorme voluntad. Equipo que sueña unido, equipo que al caer levanta y que con coraje vuelve a gritar, que siempre peleará unido por el sueño que finalmente merecerá. Merecimiento que trae orgullo y dignidad, reconocimiento, alegría y bienestar. Aquello que nace del sentimiento puro de quien quiere llegar, a tocar el cielo con las manos sin olvidar su origen y su humildad.

Esas manos y sus voces, que elevan al cielo el grito de la victoria, el grito de “campeonas”, el de “nada nos puede parar”. Este año que es de oro y es de primera en los pies de todas. Esos pies que consiguen acariciar el balón con pasión, esos pies que laten por el CD Tacón. Y todas ellas lo lograron, todas juntas vencieron, y rieron y lloraron, por la pasión, el sufrimiento y el sacrificio de algo más grande que ellas y su propio corazón: el fútbol y el equipo, el sueño de crecer sin fronteras y alcanzar la gloria de verdad.

Es así como se inspira a la gente, es real lo que hicieron sin dudar. Es amor por su equipo lo que sienten, por el fútbol y sus valores, la pasión que las convirtió en guerreras de esta ciudad. Aquellas que juntas, en libertad, salen al verde seguras de quién ganará, y le gritan al mundo del fútbol: ¡yo soy de primera, élite del fútbol nacional! Y le dicen con fuerza a sus sueños, susurrando con gran emotividad… lo ves, ves cómo lo imposible, solo tarda un poco más…



Sirva este relato como sincero homenaje al CD Tacón, equipo de fútbol femenino que hace unos días consiguió el sueño de todos sus integrantes al materializar su ascenso a la primera división (Liga Iberdrola), la máxima categoría del fútbol femenino nacional. Enhorabuena a todo el equipo por un éxito que llevaban años persiguiendo y que se ha hecho por fin realidad. Por su inspiración y valor para con la sociedad, por hacernos creer a todos que con trabajo, constancia y confianza en uno mismo se puede alcanzar aquello que uno sueña, sin barreras. Enhorabuena a Ana Rossell, presidenta del equipo, por su visión y su capacidad para nunca rendirse. Felicidades porque es un paso más en el camino del fútbol femenino profesional, del deporte femenino en general y de la igualdad social hacia la que caminamos. Es momento de celebrar y de seguir trabajando duro, mirando ya a lo alto en el horizonte, pensando en grande y disfrutando de un camino dulce que ha costado mucho conseguir. Llegar ha sido complicado, ahora el reto es mantenerse, saboreando el día a día de un sueño que ya es real. Forza Tacón.

viernes, 4 de agosto de 2017

Trabajo en silencio, éxito de escándalo: Mireia Belmonte

Fabulosa, increíble, decidida.  Potente, rápida, sonriente, feliz. Así despliega Mireia Belmonte todo su trabajo en la piscina, y acorde son sus resultados, vistosos y extraordinarios. Resultados que se siembran día a día con horas de esfuerzo en solitario, de sacrificio por una profesión y una vida deportiva.

Mireia Belmonte ha vuelto a ser este verano adalid de la marca España, bandera del deporte nacional que mira de frente al resto del mundo y reclama su sitio entre las mejores, para reconocimiento de la prensa, deportistas y la afición mundial. El asombro de sus gestas ya no son tan impactantes por lo novedoso, pues nos tiene mal acostumbrados a ello, sino por cómo se supera a sí misma año tras año, cómo va un poco más lejos en cada competición.

Cierto es que cuando al aficionado se le acostumbra a lo extraordinario, suele exigirlo de nuevo en cada ocasión sin valorarlo en su justa medida, distorsionando el esfuerzo que requiere lograr algo así, y errando al no darse cuenta de que mantenerse es aún más complicado que llegar. Gajes del oficio, vicios de la mente. En cualquier caso, este verano Mireia Belmonte ha conseguido de un plumazo seis medallas y un cuarto puesto. Enorme gesta. Se ha colgado un oro y dos platas en los mundiales de natación de Budapest (200 mariposa, 1500 y 400 estilos respectivamente). Y varios días después ha conseguido otras tres medallas, oro, plata y bronce, en la copa del mundo de Moscú (dos de ellas en el mismo día de competición, con apenas treinta minutos de diferencia).

En apenas diez días Mireia ha nadado más de diez pruebas al máximo nivel (a pesar de un proceso gripal que obstruía sus vías respiratorias). Y en apenas diez años de competición en la élite, ha conseguido la friolera de cuarenta y siete medallas (cuatro de ellas olímpicas), batiendo varios récords del mundo y nacionales, ha hecho temblar a sus rivales y ha puesto patas arriba aquellas piscinas por las que pasa, con los aficionados en pie. Y sobre todo ha conseguido emocionarnos a todos, al descubrir que tenemos un pez en nuestras aguas que compite a tope allá donde nada.

Mireia, aquella que arrastra con ímpetu ejemplar su fe en sí misma y en su talento, y su actitud valiente y persistente. Pero sobretodo su fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio. Horas, meses y años de titánico trabajo en la sombra, de pasar más tiempo dentro del agua que fuera. El trabajo de piscina es lento, silencioso, intenso. No hace ruido, pero exige hasta el límite a todos los músculos y órganos del cuerpo, hasta sacar la máxima capacidad del nadador.



Mireia, disciplinada como nadie. Nadadora desde pequeña por necesidad y consejo médico. Asmática y alérgica al cloro. Y aun así es la mejor nadadora española de la historia, y una de las mejores de la actualidad mundial. Orgullo de todos y ejemplo de superación, de lucha por un sueño. Mujer que lo da todo, y persona agradecida con el entorno. Trabajadora incansable, discreta, en silencio. La paz y quietud de la piscina se transforman en ruido, emoción y explosión de talento cuando Mireia se desliza por el agua. Escandalosos éxitos acuáticos que celebramos oportunamente,  dando gracias a su esfuerzo y trabajo bien hecho, que nos permiten vibrar en cada campeonato. Con Mireia podemos competir de tú a tú con el mundo, podemos llenar los pulmones de aire y seguir nadando, podemos sentir que nunca dejará de sorprendernos.


Mireia, inasequible al desaliento, mujer de bandera, deportista de élite. Sirena de España, nadadora mundial, ejemplo y orgullo. Campeona de todo, a pesar de los obstáculos,  de los sesgos sociales y mediáticos en los deportes minoritarios. Tenemos que agradecerte mucho más de lo que piensas, por tu coraje, por tu fuerza. Por llevar el gen competitivo y ganador dentro de ti, y desarrollarlo cada día. Ese instinto que compartes con otros monstruos del deporte español que en las últimas décadas nos habéis demostrado que somos más grandes de lo que pensamos (Nieto, Ballesteros, Indurain,  Gasol, Nadal….). Leyenda viva en la que confiar, espejo en el que mirarse. Aquella que siembra su trabajo en silencio, y recoge como fruto reconocimiento y éxito de escándalo. Mireia Belmonte y olé.