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lunes, 12 de octubre de 2020

VAMOS a ser mejores: por qué Rafa Nadal es un espejo vital para la sociedad

 

Todo intento de contar esta nueva hazaña de Rafa Nadal se queda corto al lado de la leyenda que él sigue forjando y ampliando. Yo al menos no encuentro las palabras que describan lo que habla por sí solo en imágenes, en datos, en trayectoria. Simplemente trato de compartir una reflexión que nos permita aprovechar esta oportunidad. Hago una aproximación vital para lanzar un mensaje de esperanza, al hilo de lo que me transmite este tenista único y diferencial.

Situémonos. Otra vez aquí, París. Con frío y viento otoñal, pero la misma historia de amor entre el torneo francés y el mosquetero español. Otra vez igual, pero totalmente diferente. En medio de una tormenta indomable de sufrimiento mundial, en el baile de máscaras de la humanidad, el oasis de paz puede ser el deporte, unos días mágicos de tenis, y cómo no, Rafa Nadal. Una distracción, un paréntesis de desconexión emocional y de merecido entretenimiento social.

Sin ser lo urgente ni lo más importante, pero qué relevancia tiene esto para poder respirar. Para buscar algo de nuestra extrañada normalidad. De nuevo Rafa levantando un trofeo en Roland Garros. Por insistencia, por convicción real. Por perseverancia en el día a día, por amor y respeto al trabajo bien hecho, por aceptación y humildad. Por fortaleza en el pulso mental. Juego, set, partido y campeonato para Nadal. Y son ya 13, qué barbaridad…. suma y sigue hasta los 20 Grand Slams.

Y, sin embargo, aun en los momentos más épicos, los pies de Rafa siempre en la tierra (batida). La realidad ponderada y las opiniones con mesura en su cabeza. Lo que es importante de verdad en la vida lo hemos vuelto a ver reflejado sobre la arcilla parisina en la figura de un chaval que desde hace años no es solamente el mejor deportista español de la historia y uno de los mejores del deporte mundial de todos los tiempos, sino un líder social que inspira a ser la mejor versión de uno mismo. Su figura y su legado trascienden mucho más allá de la pista, de sus logros, del deporte, de su país. Por ese compendio de virtudes que cultiva, empezando por la actitud para afrontar cualquier reto, para competir. La capacidad para mantener una mentalidad positiva, la búsqueda incansable de soluciones a los desafíos, sin bajar los brazos jamás. La naturalidad para reconocer y afrontar el éxito y el fracaso, asumir en primera persona los errores y compartir generosamente los aciertos con su equipo. La empatía que nace desde la emoción natural, de una persona sencilla y llana que conecta con la gente, con la sociedad más plural.

A mí me emociona hablar de lo que supone Rafa Nadal. Porque es un espejo vital que devuelve todo lo que hay. Literalmente, tanto desde el fondo de la pista como en la vida fuera de ella. Porque es un reflejo esperanzador del ser humano, una versión mejorada de nosotros mismos. Una persona especial que proyecta un discurso muy claro desde su altavoz tenístico y deportivo en general. Porque ayer, hoy y siempre, mires donde mires, Nadal podría ser parte de cualquier pandilla de amigos de este país. El hijo de millones de padres. El compañero perfecto para todos los equipos que existan. El socio idóneo de cualquier colectivo. El adversario que más te va a exigir al competir. Y al mismo tiempo, es la mejor guía de referencia que podemos exportar de la marca España. Un carisma que escasea en los tiempos que corren a nivel psico-social, un modelo de educación exquisita, sin complejos, tan equilibrado como pasional. Es el mejor ejemplo de talento curtido sin excusas, a base de aprendizaje flexible y superación personal, del que se deben aprender mil lecciones. Es la leyenda más humilde y cercana que jamás va a existir, la historia de éxito con la que millones de personas se pueden identificar.

A través de su juego, sus gestos, sus acciones…es esa manera diferente y sencilla de transmitir su mensaje. Ver a Rafa en pista reconforta, da paz. Sentir sus emociones como nuestras. Ver que en la victoria y en la derrota, hay una mejor manera de actuar. ¿Quién no quiere ser como Rafa Nadal?

Esta nueva victoria de Rafa me emociona, porque ahora más que nunca, nos hace falta creer y crecer como sociedad. Apoyarnos en ello nos puede empoderar, en un momento en el que nos toca aceptar, perdonar y levantar. Necesitamos dar respuesta a una situación de emergencia mundial, y quizás la mejor manera sea bajar el tono, rectificar, aprender de los errores y empezar a sumar de verdad. Creo que Rafa nos muestra este camino cada vez que le vemos jugar, y en estas circunstancias, es el ejemplo que debemos tomar para ganar el partido como especie humana, como animal de convivencia social.

A mí me emociona Rafa, por la aspiración de alcanzar una mejor versión de la sociedad. En estos momentos de crisis, yo me apoyo en la historia que compartimos todos con Nadal. El espejo de un deportista único y ejemplar. VAMOS a lucharlo. VAMOS a aprovechar esta oportunidad, a aprender y a ser mejores de verdad.

domingo, 19 de enero de 2020

¡Trata de pararlo!

“¡Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo por Dios!”, le decía el copiloto Luis Moya a Carlos Sainz en noviembre de 1998, cuando a menos de 500 metros de la meta, a punto de ganar el que hubiera sido su tercer Mundial de Rallies, su coche se averió, y el título se perdió. La desgracia deportiva más famosa que acompaña la trayectoria de Carlos Sainz, a la que se sumaron bastantes más, hicieron pensar allá por los años 2000 que la carrera deportiva del bicampeón mundial podía estar próxima a su fin. Enfilando los 40 años, el panorama parecía entonces proclive para pasar a un segundo plano.
Nada más lejos de la realidad. El espíritu de superación y la pasión por el motor del piloto madrileño le llevaron a no rendirse nunca, y a seguir peleando por su carrera, por mantenerse en activo haciendo lo que más le gusta. Ha conseguido reinventarse de tal manera que hoy es tricampeón de coches del Dakar, la carrera más exigente y dura del mundo. Enorme preparación, disciplina y esfuerzo para mantenerse en la élite de un deporte tan intuitivo como táctico, tan impredecible como ingrato, tan sacrificado como intenso.



Carlos Sainz es un estratega en ruta que planifica y domina como pocos los registros más importantes del mundo del motor sobre cuatro ruedas. Su constancia y confianza, su resiliencia más allá de las adversidades sufridas, no han hecho más que agrandar el mérito y el coraje de esta leyenda del deporte. A sus 57 años, sigue dando lecciones admirables de pilotaje, de planificación de carreras y de competitividad insaciable. Con una veteranía puesta al servicio de su inteligencia deportiva, practicada con una gran humildad y una tremenda autenticidad, nuestro campeón mundial parece no tener límites en los retos venideros.

Su ambición por seguir reinventándose año a año, por ponerse a prueba con nuevos equipos, motores, compañeros, pruebas y entornos, es el carburante que le hace incombustible, irreductible al desánimo, al paso del tiempo, a seguir compitiendo y ganando. Carlos Sainz, con los pies en la tierra y disfrutando el presente, se ha convertido en un fenómeno de horizontes lejanos, la leyenda que consiguió dar un vuelco a su estigma gafado para encontrar nuevos retos en los que triunfar.



Un enorme ejemplo de superación, adaptabilidad y evolución, que sigue generando admiración allá por donde va, abanderando nuestro deporte y agrandando la marca España, al volante de una carrera deportiva a la que, mirando hacia atrás, sonríe al recuerdo del “trata de arrancarlo”, pensando que más bien habría que decir: “¡trata de pararlo!”

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Se terminó el Catering

Se retira del baloncesto uno de los mejores jugadores de la historia de nuestro país, José Manuel Calderón. Un jugador de un valor incalculable, de la mejor generación histórica que ha dado este país. Probablemente uno de los que más ha honrado este deporte dentro y fuera de la pista. Un tipo normal, educado, sobrio, discreto. Apasionado por el juego puro. Sin una mala palabra, gesto o aspaviento en toda su carrera.

Con una cabeza prodigiosa para llevar la batuta en la cancha, una exquisita capacidad de dirección del juego, de distribución y generación de oportunidades de ventaja para el equipo. Constructor de un estilo propio, capaz de manejar el firmamento del baloncesto en sus manos. “Mr. Catering”, como le apodó el gran Andrés Montes, ha sido el play-maker español por antonomasia. Porque supo como nadie hacer brillar aun más a los que tuvo a su alrededor, y los hizo mejores gracias a su generosidad y a su inteligente lectura del juego.

“Calde” se retira tras una extraordinaria carrera de más de 1.000 partidos y 20 años en la élite del baloncesto mundial (6 en ACB y 14 en diversas franquicias NBA). Además, ha sido pieza capital e integrante básico de “La Familia” en la selección española de baloncesto durante más de 14 años. Nació con ella, fue un junior de oro, y se lleva en su palmarés no sólo las medallas de todos los colores en Mundiales, Juego Olímpicos y Europeos, sino lo más importante: una colección de recuerdos, vivencias, historias de superación, profesionalidad, momentos mágicos e inolvidables de baloncesto que forman parte de la historia legendaria de nuestro país, y de la aportación esencial que ha brindado a este deporte para hacerlo crecer y superarse.



Dicen que el ser humano se acuerda y valora especialmente las mejores cosas de la vida cuando ya no las tiene, y algo así nos está pasando ahora que se nos termina el (Mr.) Catering de José Calderón. Siempre al servicio del equipo, siempre disfrutando del momento presente en pista. No se cansó de aprender del baloncesto ni de darle todo lo que llevaba dentro. Un alumno aventajado, profesional aplicado, compañero fiel. Un deportista que ha enriquecido todos los equipos y competiciones en los que ha participado. Que ha enseñado a tantos jóvenes cómo desde la cabeza se ganan partidos y desde el corazón se conquistan las gestas más emocionantes e impensables.

La ejemplar carrera profesional de “Calde” como jugador de baloncesto llega a su fin en un ejercicio de tremenda sinceridad, honradez y reconocimiento. A una personalidad sencilla y también- jugando con las palabras de su localidad natal, Villanueva de la- “Serena”, a una labor que ha dignificado la esencia de juego del baloncesto, haciéndolo fácil, intuitivo, fluido y templado. Seguirá aportando mucho a este deporte desde fuera de la cancha (en la asociación de jugadores NBA), pero echaremos de menos verle en pista repartiendo juego y cortando el bacalao, penetrando en bandejas de plata, dominando el tempo y dando lecciones de pausa y acción, cabeza fría, los tiros lejanos y la anotación desde el corazón. Se nos acaba el Catering del baloncesto con Calderón, agradecidos eternamente por su tremenda e inolvidable aportación al baloncesto español. ¡Gracias Calde!

jueves, 27 de junio de 2019

Carácter ganador: el gen que se abre camino


Marc Gasol ha hecho historia. Hace unos días, el pequeño de los hermanos Gasol conquistaba con los Toronto Raptors el anillo de campeón de la NBA. Lo que viene a ser el mejor equipo de baloncesto en la mejor competición del mundo. Era inevitable que tanto Pau (por 2 veces, hace ya unos años), como Marc (este año), ganaran el título de la NBA, es algo que estaba escrito en algún lugar del universo baloncestístico y cuyo secreto está en los genes y en su carácter ganador, ese que de forma inconsciente acaba por generar las oportunidades propicias donde sacar la mejor versión de uno mismo.

Podemos llamarlo intuición, autoconocimiento, suerte o destino. Pero saber elegir proyectos en la vida, y más aun en la corta trayectoria profesional de un deportista, resulta clave para el devenir de una carrera al más alto nivel. El camino que Pau Gasol abrió en Memphis Grizzlies lo continuó Marc años después en el mismo equipo. Cambio que hizo crecer a Pau en los Lakers hasta alcanzar dos anillos de campeón. Ahora Marc le sigue de nuevo en ese crecimiento y alcanza la gloria del baloncesto americano, apenas cuatro meses después de llegar a los Toronto Raptors.

Es ese gen ganador, ese carácter de superación el que ha hecho que por primera vez en la historia dos hermanos españoles hayan ganado por separado un anillo NBA.  Ese gen que se alimenta de trabajo y que se abre camino buscando siempre un techo más alto que uno mismo. La decisión de Marc de optar a un proyecto tan ambicioso como el de Toronto a mitad de temporada responde no sólo a su talento dentro de la pista sino a su capacidad de elección, de toma inteligente de decisiones y a su facilidad para construir relaciones fructíferas fundamentales dentro de un equipo. Igual que hace en la cancha. Marc tomó una decisión difícil en pos de crecer y explorar su potencial más allá de su zona de confort, de lo que él mismo conocía. Dejó una franquicia en la que ha hecho historia y donde tenía un hueco asegurado, cómodo y vistoso, para pelear con los más grandes y seguir el camino de la gloria que años atrás le fue abriendo Pau.

Los Raptors tuvieron una gran visión, el sueño y la determinación de dar un salto de calidad y crecer como franquicia para optar a todo en la conferencia este. Incluso a ser campeones. Con esa mentalidad han ido atrayendo talento. Sumando a su carro un crisol extraordinario de jugadores que comparten ese gen ganador que les ha permitido alzarse con el primer título de la historia de la franquicia: Leonard (el indiscutible MVP), Siakam, Lowry, Van Vleet y Green tienen mucho que ver en ello, pero la guinda del equipo la pone la terna de los “Spanish Raptors”: Marc Gasol, Serge Ibaka (que ya estuvo a punto de conseguir su primer anillo hace años con los Thunders) y como segundo entrenador del equipo, Sergio Scariolo (que compatibiliza su cargo con el de seleccionador español). Gigantes del baloncesto que apostaron por un proyecto donde vieron opciones de superarse. Profesionales extraordinarios cuyo gen ganador les ha ido arrastrando a este destino de crear historia juntos y de codearse con los más grandes en este deporte.

No olvidemos tampoco la gran temporada del resto de españoles “ÑBA”: Mirotic, que tras cambiar de equipo durante la temporada se ha quedado a un paso de jugar la final con los Bucks; al igual que Pau, que en un año difícil de lesiones, eligió asimismo un gran proyecto. Ni tampoco del fantástico año de Ricky Rubio en Utah, el crecimiento en números de los hermanos Hernangómez, o de la madurez templada de José Manuel Calderón.

Será la marca España, será nuestra preparación deportiva, nuestra mentalidad o nuestro trabajo por desarrollar talento. Pero lo que está claro es que nuestro baloncesto se abre paso en la élite y sabe dar sus pasos para elegir buenas opciones y desarrollar su valor. Ese gen ganador que llevan dentro estos jugadores, en especial los Gasol, que están marcando un antes y un después en la historia española de este deporte, acaba siempre abriéndose paso, convergiendo de manera inevitable en proyectos exitosos y de victoria, detrás de los cuales siempre hay mucha humildad y mucho trabajo. Estaba escrito que un español ganaría el anillo NBA, y ahora ya son tres (Pau, Marc e Ibaka), con tres títulos en dos equipos diferentes. Cuatro contando también a Amaya Valdemoro, que consiguió 3 anillos consecutivos de WNBA años atrás abriendo este camino. Puro carácter ganador.

lunes, 20 de mayo de 2019

Eterno Ferru: la honra de una carrera ejemplar


Hace unos días David Ferrer ponía punto final a su carrera deportiva como tenista. Y lo hizo despidiéndose a lo grande, en casa, en el torneo Mutua Madrid Open. En el mejor Masters 1000 del circuito ATP, en el estadio que más le ha aclamado, la “Caja Mágica”. Rodeado de su familia y amigos, de compañeros y de una afición que le admira, de entrañables muestras de cariño de todo el mundo tenístico. Jugando un tenis intenso, fiel a su estilo, luchando por todas las bolas, destilando la calidad de un veterano que aún está en condiciones de competir al máximo nivel, pero que ha decidido retirarse en un momento dulce, sosegado, en paz consigo mismo y con todo lo entregado al mundo del tenis.

La cabeza de David Ferrer va por delante de sus piernas, y ha sabido elegir el mejor momento para decir adiós. Es algo que ha meditado mucho, y que seguramente no ha sido fácil decidir, pero ha tenido la suficiente valentía y determinación para poder despedirse a su manera, eligiendo el cuándo, el dónde, y con quién. El cómo, fue parte del encanto que pudimos vivir en su último partido ante Zverev, y salió mucho mejor de lo que habría podido esperar. Esta despedida especial es algo que no todos los deportistas de élite tienen la suerte (o la visión) de poder conseguir, y le honra haber sido fiel a sí mismo y a su voluntad, tras mirarse hacia adentro y observar el entorno y el futuro con perspectiva y cabeza fría. Bravo David, porque no es fácil irse de una manera tan elegante, reconocida y emocionante.


Ferru, como cariñosamente se le conoce en el circuito del tenis, será recordado como el león de Jávea, el incansable gladiador español que nunca daba una bola por perdida y que hizo honor a lo que es un caballero en la pista de tenis. Uno de los mejores tenistas españoles de la historia. Un deportista educado y discreto, un profesional dedicado y ejemplar, todo corazón y pundonor raqueta en mano. No llegó a ser número 1 del mundo, no ganó ningún Grand Slam, pero no le hizo falta para consagrarse como uno de los grandes, de los que hacen evolucionar el tenis, de los que son un modelo para los niños, de los que emocionan por su entrega, sacrificio y veneración hacia su profesión. Su grandeza está precisamente en haber sido un tenista extraordinario, terrenal, y fiel valedor de su educación y sus sueños. Ferru ha sido reflejo de respeto hacia todos sus rivales, afición, árbitros, organizadores y torneos; ha honrado su deporte y su profesión con enorme tenacidad,  llevando los valores de la escuela tenística española a todos los confines del planeta.



Un tenista de altos horizontes, pero cercano y sencillo, con la cabeza ordenada y los pies en la tierra (batida), que siempre fue su escenario predilecto, como buen discípulo del tenis nacional. Un fenómeno que siempre ha bregado y defendido su maravilloso tenis allá donde ha jugado. Porque Ferru siempre salía a competir, a no regalar nada, a entregar todo lo que tenía. A remar sin desfallecer. Porque Ferru alcanzó y se mantuvo mucho tiempo dentro del top ten mundial de la ATP, y consiguió su fenomenal palmarés de victorias y títulos por calidad y trabajo incansable, por sus ganas de hacer las cosas bien, por su regularidad y seriedad en la preparación, en cada entrenamiento y en cada partido. Porque supo sobreponerse a los malos momentos, a los duros reveses de la vida y a sus propios miedos para seguir adelante y construir una carrera brillante. Porque lo hizo siempre con su carácter afable pero puro nervio, dando lo mejor de sí mismo, y devolviéndole al tenis la oportunidad que éste le dio de cumplir su sueño. Vaya que si le ha devuelto todo lo que tenía, y con creces, aceptando un reto proporcional a su grandeza: la de una carrera deportiva eterna. Gracias a él, el tenis es hoy un poco mejor, un escalón más especial, más agradable y vibrante, más natural y guerrero. Tal cual es David, así se refleja y se funde el tenis con su carrera.


La tierra levantina nos ofreció el ascenso imparable de un vendaval de energía y calidad que sacaba fuerzas de donde no las había, un batallador que llegaba a todas las bolas, un muro desde el fondo de la pista que no se rindió nunca. Ferru formó parte durante una década del histórico equipo español de copa Davis, esa generación de oro ganadora de 3 ensaladeras (2008, 2009, 2011) y finalista en otra más (2012), comandada por Rafa Nadal y completada por el propio Ferru, Feliciano, Verdasco, Robredo, Almagro y Ferrero. No solo eso, sino que David Ferrer ha conseguido ser muy grande en la época de los más grandes, siendo coetáneo del llamado “Big Four” (Federer, Nadal, Djokovic, Murray), lo que le permitió mejorar y crecer aún más, y le otorga un mérito extra y un valor añadido incalculable a su carrera. Su enorme trayectoria queda justamente ponderada por la época histórica del tenis mundial en la que le ha tocado competir: la más exigente y espectacular que ha habido (y probablemente habrá) nunca.




Se nos ha ido un referente, uno de los nuestros, y le echaremos mucho de menos sobre la pista. Pero el legado que deja es imborrable e inmaculado, es digno de recordar siempre y de admirar con cariño a quien desde la sencillez, la humildad y el trabajo, consiguió cumplir el sueño de miles de niños, y el suyo propio, en una carrera brillante y mucho más gratificante de lo nunca hubiera esperado. Por eso los homenajes y las muestras de agradecimiento, cariño y respeto que ha ido recibiendo estos últimos meses David Ferrer quedarán también grabadas como parte de una historia ejemplar de superación y pasión, de fuerza y de coraje, de un corazón lleno de bolas de tenis, que fue repartiendo durante todos los días de su carrera, durante todos los puntos de su vida sobre la pista, y que entregó a todos los aficionados en cada golpe con su raqueta.

Enhorabuena por tu carrera, David. Enhorabuena por tu forma de venir, de demostrar y sumar, y también por tu manera de irte. Enhorabuena y gracias por haber hecho crecer tanto al tenis y al deporte español, por haber creado equipo con todos nosotros. Gracias Ferru por tus enseñanzas dentro y fuera de la pista, gracias por ser un guerrero de los nuestros, de la marca España; por ser parte de un equipo que se llama sueños, ilusión, crecimiento, trabajo, superación, valores y espíritu deportivo. Gracias por tanto respeto y tanto cariño hacia ti mismo y hacia todos los que te seguimos. Gracias y mucha suerte en tu nueva andadura en la vida, porque te lo mereces todo, campeón. Eterno Ferru.

martes, 12 de marzo de 2019

Leones conquistando fronteras: el imparable crecimiento del rugby español

España y su deporte siguen derribando muros. Lo que hace unos años era quizás una de las utopías deportivas más grandes del momento, se convirtió este fin de semana pasado en realidad: la selección masculina de rugby 7 (modalidad seven), batió por primera vez en un partido oficial a los todopoderosos All Blacks de Nueva Zelanda. La última jugada, el fabuloso ensayo de Pol Pla con el que España certificó su victoria, ha dado la vuelta al mundo por su brillantez y espectacularidad, y refleja la capacidad de superación, la confianza en uno mismo y en el trabajo de todo un equipo a lo largo del tiempo. Tras cuatro derrotas consecutivas ante Nueva Zelanda, a la quinta fue la vencida.

Este hito es historia pura, un hecho sin precedentes que confirma el buen hacer en los últimos años de nuestro rugby. Sin ir más lejos, la selección española de rugby seven está realizando la mejor campaña de su historia hasta la fecha en las Series Mundiales. No es casualidad por tanto que los resultados estén acompañando de una manera tan fantástica, en diversas categorías y torneos. España está en un momento de explosión, de crecer y dar un enorme salto de calidad en el rugby a nivel europeo y mundial. Ahora mismo estamos viviendo esa transición, y muy rápidamente.

El rugby es uno de los deportes que más solera e historia tienen, pero tradicionalmente había estado más aislado, limitado a un nicho más reducido y olvidado (y en España aún más). Para muestra, el increíble dato de que este clásico juego no ha sido incluido como disciplina olímpica hasta hace bien poco, desde de Río 2016 (en modalidad seven). Algo empezó a cambiar a partir del siglo XXI, con la explosión y el cambio de paradigma del deporte como modelo de negocio en transformación. En la última década, la progresión del rugby mundial ha sido notoriamente extraordinaria, mostrando un crecimiento imparable. En España, por ejemplo, casi se ha duplicado el número de licencias federativas en el periodo 2008-2018, tanto para jugadores, entrenadores y árbitros.


Desde la base (infantil, juvenil, universitario), las nuevas generaciones vienen con una motivación especial por este deporte y sus valores, por su desarrollo y su globalización. Existe un interés y participación creciente en cuanto al número de asociaciones, clubes, colegios y escuelas municipales que apuestan directamente por el rugby como soporte formativo, y que inician a los niños en su práctica (hecho que se ha extendido considerablemente por nuestra geografía). Obviamente, este movimiento viene favorecido por una imprescindible mejor estructura federativa y un plan estratégico a largo plazo, un mayor apoyo institucional y una visibilidad impulsada indudablemente por el auge de la mujer y los programas de apoyo social al deporte femenino.

Los resultados deportivos cosechados por nuestras secciones de rugby en diferentes categorías se encuadran en un marco de apoyo e implicación general que hay en el país por este deporte, fomentado por diferentes eventos y programas que se vienen organizando en colaboración con agentes europeos y mundiales como son World Rugby, el Consejo Superior de Deportes o la Federación Española de Rugby. El European Rugby Champions & Challenge Cup de Bilbao 2018, o los programas “Get Into Rugby”, “Mujer y Rugby”, “Universo Mujer”, “Rugby Escolar” etc., ayudan a que el deporte del balón ovalado se esté consolidando en nuestro país como una opción potente y de futuro.

El “momentum” del rugby es ahora. Posee un gran efecto contagio, que se propaga rápidamente a todos los niveles de capilaridad social. En el plano económico se está subiendo además a la ola de un mercado expansivo, de apoyo de los patrocinadores y de difusión mundial como nunca hubo en torno al rugby. El talento se va sembrando, puliendo, y las diferencias de nivel se acortan en la élite, con lo cual las competiciones son más igualadas y atractivas, lo que favorece el espectáculo, la pasión y divulgación de sus valores, así como la generación de un porfolio de oportunidades de negocio en colaboración con diversos socios e industrias de toda índole.


España es uno de los países que más margen de crecimiento tenía en el rugby, y está recorriendo el camino de manera sólida y brillante, en nuestro caso motivados por el potentísimo efecto llamada de nuestras selecciones nacionales, que crecen y se superan en casi todos los deportes colectivos en torno a los conceptos de “equipo unido y familia”, “valores y oportunidades”, “igualdad y talento”. La Marca España se sigue construyendo de manera robusta, y en los últimos años el rugby tiene mucho que ver en ella, porque en la medida en que la sociedad va entendiendo más este deporte, va encontrando en él un reflejo de honradez y nobleza, de deporte limpio, emocionante y con una ética que va mucho más allá de los prejuicios que sobre él existían hace no muchos años (el clásico “deporte para brutos” …).

Los leones y leonas, ese colectivo del rugby de élite español, son nuestros más potentes embajadores de este deporte en el mundo. Proyectan hacia fuera el sentimiento que existe desde dentro, del país al mundo, del corazón al universo. En ellos converge el empuje de diversidad deportiva, generacional y de mentalidad, de derribar muros y conquistar fronteras, y de creer en uno mismo y en el compañero de equipo por encima de la historia.


La victoria sobre los All Black ha puesto de manifiesto un hecho innegable e imparable: el rugby corre mucho y bien, crece sano y seguro, adelanta por las alas a quienes le salen al paso, demuestra su valía con enormes ensayos de pasión, y es un deporte en transformación, fuerte y emergente del panorama actual, reclamando su sitio y la atención que merece en un mundo y un negocio deportivo que empiezan a reconocer todo su valor y su potencial. Gracias y enhorabuena, leones y leonas, por creer en vosotros y vuestro futuro más que nadie, y por conseguir que cada vez más gente nos subamos a un carro de tremenda alegría deportiva: el rugby nacional y mundial.

martes, 8 de mayo de 2018

Tributo al fútbol honrado: despedida de Iniesta y Torres

Se despiden de La Liga, del fútbol español esta temporada. Andrés Iniesta y Fernando Torres cambiarán de rumbo en apenas un par de meses. A sus 34 años, y mirando en el horizonte el ocaso de sus carreras futbolísticas, han decidido despedirse honrosamente del fútbol de élite y de los clubes de sus vidas en España, como ya pocas veces ocurre.
Estamos ante un momento de aceptación, pues el tiempo es inexorable para todos. Pero también de alegría, de aplauso y de respeto. Hacia dos enormes jugadores que en los últimos 15 años han marcado de manera muy importante el salto de calidad del fútbol español, la modernización del fútbol europeo, y la puesta en valor nuestra Liga. Pocos jugadores hay en el panorama actual que despierten tanto respeto y gratitud por sus carreras, por su fidelidad a sus valores y a los de sus clubes, pero sobre todo la honradez hacia sí mismos y hacia el fútbol, ése que les ha dado tanto, ese que les debe agradecer tanto.
Iniesta ha sido probablemente el mejor jugador español de la historia del fútbol; a nivel técnico, con el balón en los pies, nadie ha conseguido dominar como él los registros del toque, el pase y el espacio, la verticalidad, el tempo, las asistencias. Es la elegancia de un fútbol suave y sin asperezas, práctico, sencillo, de asociación y movimiento con un único objetivo: respetar el balón. Ese balón que protege como nadie, tan difícil quitárselo. Ese balón que domina con enorme inteligencia táctica en el campo, tanto con él como sin él. Iniesta ha visualizado las jugadas antes que los rivales, yendo un paso por delante en la ocupación de los espacios y en la ejecución de los movimientos, suyos y de sus compañeros. Eso le ha permitido gobernar el ritmo de juego, frenar o acelerar los partidos según lo que el equipo necesitaba, leyendo entre líneas lo que muy pocos consiguen descifrar. El manchego ha sido el creador de fútbol y magia, inventor de jugadas inverosímiles y sorprendentes, pero no de cara a la galería, sino efectivas y con sentido, para hacer más grande a su amigo el balón, para honrar a su padre fútbol. Ha sido el guardián del buen gusto en el campo, el defensor de un estilo y de unos valores gracias a los cuales ha crecido como pocos. Iniesta fue generoso con el fútbol y éste le devolvió todo lo que tenía, salvo el Balón de Oro 2010, que toda España siente como suyo tras el Mundial de Sudáfrica, y que nos queda como cuenta pendiente con el planeta fútbol.
Fernando Torres por su parte, ha sido uno de los grandes delanteros españoles de la historia, y se ha labrado el respeto de toda Europa, allí donde ha jugado. Un jugador rápido y vertical, sigiloso en su desmarque y generoso en su esfuerzo. Un futbolista diferente que explotaba el espacio y la espalda de la defensa, jugando a la contra con una enorme velocidad y una potencia envidiable. Ha sido un delantero que ha sabido transformarse según avanzaba su carrera, aprovechando y adaptando sus cualidades en cada momento. Un jugador que hace muy fácil la transición a sus compañeros, que enlaza, se ofrece y no se esconde. Un delantero con el que muchos han querido jugar al lado, porque cerca de él podían brillar más. “El niño”, como se le apodó,  ha sido un delantero nada egoísta, que ha sabido gestionar muy bien su relación con el gol, tanto en las rachas buenas como en las menos buenas, y que siempre ha cumplido en el campo, acudiendo fiel a su cita con el trabajo, con la presión, con el esfuerzo, con el desmarque y con el gol. Goles que ha marcado en grandes cantidades, de todas las formas, asombrando a Europa. Y con la defensa de sus colores, de sus valores, con la reivindicación de sí mismo en el campo. El saber estar dentro y fuera del terreno de juego de Fernando Torres es de una grandeza admirable, y el reconocimiento de la afición por ello es más que merecido.
Mención aparte para la época dorada que, entrelazados y juntos, han construido Iniesta y Torres junto al resto de su generación en la selección españolaNos dejan arriba, muy arriba. Nos han llevado a salir de una dinámica derrotista y perdedora, a conseguir en la última década las cotas más altas de la historia del fútbol español. Nos han llevado a creer en nuestra cantera, a pensar de una vez por todas que somos grandes en este deporte, y que sabemos jugar al fútbol como los mejores. Nos han recordado que la cabeza lo es casi todo, y que la mentalidad ganadora también es parte de España y de nuestro deporte, aunque hubiera estado aletargada tiempo atrás. Torres marcó en las inolvidables finales de la Eurocopa 2008 de Austria y Suiza (el gol de la victoria ante Alemania) y de la Eurocopa 2012 de Ucrania y Polonia (el tercer gol de los cuatro que España le endosó a Italia). Iniesta por su parte, hizo el gol memorable para la historia que nos coronó en la prórroga ante Holanda como campeones del Mundial 2010 de Sudáfrica. Con ellos hemos vivido el éxtasis de un fútbol exquisito y ganador, de una generación que ha llevado a España a ser el ejemplo mundial de lo que es jugar al fútbol: dominar, deleitar, dar espectáculo, marcar y ganar. Pero también de lo que es un conjunto de jóvenes jugadores ejemplares y unidos, una generación de futbolistas en la que la mayoría son o han sido tan talentosos como respetuosos, discretos y agradecidos. Jugadores como Iniesta y Torres, humildes, que saben de dónde vienen y la suerte que han tenido de poder vivir años históricos de plenitud futbolística con España, con sus clubes, en sus carreras inolvidables, en su vida. Jugadores que son inspiración para nuestra sociedad, personas que nos han hecho mejores a todos.
Más allá del palmarés y la cantidad de títulos que estas dos leyendas acumulan a lo largo de sus carreras, está su aportación tanto en el terreno de juego, como fuera de él. Capitanes merecidos en sus equipos, galones de quien hace honor a un brazalete con historia, que han sabido llevar en sus clubes y en la selección nacional. Su ejemplo, sus valores, su compromiso con el trabajo bien hecho, su dedicación y mejora continua, su ambición sana por ser mejores. Acorde con la personalidad de ambos, huyendo de la polémica y de la confrontación envenenada, respetando siempre la competición y a los rivales, tendiendo una mano por el juego limpio, la concordia y la competitividad dentro de los límites morales del deporte.
Ambos son una fuente de inspiración extraordinaria para la juventud que ha crecido con ellos, un espejo valioso en el que mirarse y del que aprender, ante un mundo cada vez más crispado y hostil, que intenta a veces envenenar el deporte a través de una excesiva tensión y violencia. En este escenario, Iniesta y Torres, dos chavales discretos y educados, han sabido labrarse sendas carreras de élite sin perder los pies del suelo, construyendo con su trabajo y talento, y demostrando con sus valores, que en el fútbol sigue habiendo espacio para los románticos, para enamorarse de unos colores y de un espectáculo, para construir carreras ejemplares y diferentes, para honrar y respetar un deporte precioso y una competición maravillosa, para ser fiel a uno mismo y disfrutar de una vida de pasión, balón y gol. Una vida de deporte y respeto, de tolerancia y fútbol.
Hemos de dar las gracias de todo corazón a estos dos fenómenos españoles del fútbol mundial, Andrés Iniesta y Fernando Torres. Sus homenajes son más que merecidos, por el legado que dejan y el espíritu deportivo que han sabido mantener. Mucha suerte a ambos en sus nuevas etapas.
Y quizás, sólo quizás, podamos pensar en un último gran sueño este verano en Rusia para despedir a Iniesta en activo de la selección: otro título Mundial y otro gol en la final. ¿Queremos soñar con ello? YO SI.

martes, 30 de enero de 2018

Hispanos, ¿cuál es vuestro oficio?

“Hispanos, ¿cuál es vuestro oficio? ¡Balonmano, aú, aú, aúuu!”
Ésta bien podría haber sido la arenga previa del seleccionador Jordi Ribera o del capitán Raúl Entrerríos antes del campeonato de Europa de balonmano masculino 2018 que España ha ganado brillantemente en Croacia. Antes de cualquier partido, pero especialmente en el duelo directo contra Alemania, la semifinal ante Francia o la final con Suecia.
Los hispanos, los guerreros españoles del balonmano, han vuelto a hacer historia. Han vuelto a ganar, a llegar a lo más alto de un campeonato, esta vez de Europa, que se les había resistido hasta en cuatro ocasiones. A pesar de que las circunstancias y el entorno han sido muy esquivos en los últimos años, y han llenado de obstáculos y dificultades adicionales el ya de por si complicado camino hacia cualquier título, esta selección se ha reinventado y se ha apoyado en la fortaleza del grupo para volver a crecer; sobre sí misma, sobre sus pasos, sobre sus valores básicos y sobre una enorme base de trabajo. Sobre el balonmano puro sin ruido ajeno.
Con el desgaste añadido que supone tener que batallar en el campo y fuera de él (con las instituciones, las lesiones, los problemas de preparación y planificación, con la falta de medios y recursos, con la mala gestión de los organismos gestores de este deporte, etc.), el mérito es aun mayor para estos chicos y sus entrenadores. Pero el deporte tiene esta grandeza, y ha aportado a nuestra selección una motivación y unas ganas de reivindicarse que ha doblegado por fin la resistencia del cetro europeo del balonmano continental.
Sí, hay que tener un gen competitivo especial y un hambre deportivo enorme para superar cuatro finales de Europa perdidas y llegar a la quinta con más confianza y determinación que nunca, y ganarla por talento y por convicción. También después de haberse caído del pódium en los últimos campeonatos del mundo, después de no clasificarse para los juegos Olímpicos de Río, y en medio de la crisis deportiva e institucional que atraviesa el balonmano en nuestro país, centralizado en los problemas de la federación y la liga ASOBAL, la gesta de esta selección merece un reconocimiento muy especial.
A pesar de no ser favoritos, los hispanos siempre se creyeron capaces de ganar, de doblegar a las grandes selecciones que se pusieran en su camino como así ha sido. En los momentos delicados han sabido construir una rocosa defensa sobre la que han desplegado un ataque cada vez más rodado, a cada partido más incisivo y determinante. Han sacado a relucir su mejor versión en los partidos más complicados. Ellos si creían en  el equipo, en su talento. Porque conocen el espíritu y el coraje del que está hecha esta selección, la pasta que gobierna un grupo homogéneo y solidario. La mezcla de experimentados jugadores veteranos con jóvenes entusiastas la han sabido equilibrar, cada vez mejor, bajo una fenomenal dirección técnica.
Pero sobre todo la fuerza mental que se transmite en los hispanos de generación en generación, el ADN ganador que nunca se rinde (para muestra, el botón de los Dujshebaev). Aquello que es innato y no se entrena, ese convencimiento de que se comen al rival, la determinación demostrar que son mejores, lo llevan escrito en la frente, reflejado en los ojos, latiendo en la sangre, y tatuado en la piel.
honran a toda una saga de jugadores míticos que llevaron en volandas al balonmano español hasta las cotas más altas del mundo. Así, en volandas,  les han llevado a ellos ahora el peso de la historia, el amor por la competición y la victoria, la entrega apasionada al deporte y sus valores más puros. Es la confianza y el esfuerzo el que les ha hecho ganar, es la devoción total a su deporte lo que les ha hecho grandes. Es el balonmano al fin y al cabo, su oficio, su sentimiento más noble, el que les ha hecho alzarse por encima del resto y darnos de nuevo una alegría increíble, una gesta de esas que se recuerdan durante años, por el momento, las condiciones y la manera de conseguirla.
Hispanos, generaciones perennes de campeones en la tempestad, sois enormes, sois eternos, os admiramos. Os damos las gracias a vosotros, que seguís haciendo grande la marca España, a vosotros que sabéis mejor que nadie de dónde venís, dónde estáis y a dónde vais (y todos nosotros con vosotros), porque conocéis vuestro oficio¡Balonmano, aú, aú, aúuu!