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lunes, 12 de octubre de 2020

VAMOS a ser mejores: por qué Rafa Nadal es un espejo vital para la sociedad

 

Todo intento de contar esta nueva hazaña de Rafa Nadal se queda corto al lado de la leyenda que él sigue forjando y ampliando. Yo al menos no encuentro las palabras que describan lo que habla por sí solo en imágenes, en datos, en trayectoria. Simplemente trato de compartir una reflexión que nos permita aprovechar esta oportunidad. Hago una aproximación vital para lanzar un mensaje de esperanza, al hilo de lo que me transmite este tenista único y diferencial.

Situémonos. Otra vez aquí, París. Con frío y viento otoñal, pero la misma historia de amor entre el torneo francés y el mosquetero español. Otra vez igual, pero totalmente diferente. En medio de una tormenta indomable de sufrimiento mundial, en el baile de máscaras de la humanidad, el oasis de paz puede ser el deporte, unos días mágicos de tenis, y cómo no, Rafa Nadal. Una distracción, un paréntesis de desconexión emocional y de merecido entretenimiento social.

Sin ser lo urgente ni lo más importante, pero qué relevancia tiene esto para poder respirar. Para buscar algo de nuestra extrañada normalidad. De nuevo Rafa levantando un trofeo en Roland Garros. Por insistencia, por convicción real. Por perseverancia en el día a día, por amor y respeto al trabajo bien hecho, por aceptación y humildad. Por fortaleza en el pulso mental. Juego, set, partido y campeonato para Nadal. Y son ya 13, qué barbaridad…. suma y sigue hasta los 20 Grand Slams.

Y, sin embargo, aun en los momentos más épicos, los pies de Rafa siempre en la tierra (batida). La realidad ponderada y las opiniones con mesura en su cabeza. Lo que es importante de verdad en la vida lo hemos vuelto a ver reflejado sobre la arcilla parisina en la figura de un chaval que desde hace años no es solamente el mejor deportista español de la historia y uno de los mejores del deporte mundial de todos los tiempos, sino un líder social que inspira a ser la mejor versión de uno mismo. Su figura y su legado trascienden mucho más allá de la pista, de sus logros, del deporte, de su país. Por ese compendio de virtudes que cultiva, empezando por la actitud para afrontar cualquier reto, para competir. La capacidad para mantener una mentalidad positiva, la búsqueda incansable de soluciones a los desafíos, sin bajar los brazos jamás. La naturalidad para reconocer y afrontar el éxito y el fracaso, asumir en primera persona los errores y compartir generosamente los aciertos con su equipo. La empatía que nace desde la emoción natural, de una persona sencilla y llana que conecta con la gente, con la sociedad más plural.

A mí me emociona hablar de lo que supone Rafa Nadal. Porque es un espejo vital que devuelve todo lo que hay. Literalmente, tanto desde el fondo de la pista como en la vida fuera de ella. Porque es un reflejo esperanzador del ser humano, una versión mejorada de nosotros mismos. Una persona especial que proyecta un discurso muy claro desde su altavoz tenístico y deportivo en general. Porque ayer, hoy y siempre, mires donde mires, Nadal podría ser parte de cualquier pandilla de amigos de este país. El hijo de millones de padres. El compañero perfecto para todos los equipos que existan. El socio idóneo de cualquier colectivo. El adversario que más te va a exigir al competir. Y al mismo tiempo, es la mejor guía de referencia que podemos exportar de la marca España. Un carisma que escasea en los tiempos que corren a nivel psico-social, un modelo de educación exquisita, sin complejos, tan equilibrado como pasional. Es el mejor ejemplo de talento curtido sin excusas, a base de aprendizaje flexible y superación personal, del que se deben aprender mil lecciones. Es la leyenda más humilde y cercana que jamás va a existir, la historia de éxito con la que millones de personas se pueden identificar.

A través de su juego, sus gestos, sus acciones…es esa manera diferente y sencilla de transmitir su mensaje. Ver a Rafa en pista reconforta, da paz. Sentir sus emociones como nuestras. Ver que en la victoria y en la derrota, hay una mejor manera de actuar. ¿Quién no quiere ser como Rafa Nadal?

Esta nueva victoria de Rafa me emociona, porque ahora más que nunca, nos hace falta creer y crecer como sociedad. Apoyarnos en ello nos puede empoderar, en un momento en el que nos toca aceptar, perdonar y levantar. Necesitamos dar respuesta a una situación de emergencia mundial, y quizás la mejor manera sea bajar el tono, rectificar, aprender de los errores y empezar a sumar de verdad. Creo que Rafa nos muestra este camino cada vez que le vemos jugar, y en estas circunstancias, es el ejemplo que debemos tomar para ganar el partido como especie humana, como animal de convivencia social.

A mí me emociona Rafa, por la aspiración de alcanzar una mejor versión de la sociedad. En estos momentos de crisis, yo me apoyo en la historia que compartimos todos con Nadal. El espejo de un deportista único y ejemplar. VAMOS a lucharlo. VAMOS a aprovechar esta oportunidad, a aprender y a ser mejores de verdad.

martes, 12 de septiembre de 2017

"¡VAMOS!": esencia de una pasión, reflejo de una mente feliz

Hoy en día se nos acaban los calificativos para comentar la trayectoria y los éxitos deportivos de Rafa Nadal, ese coloso del tenis que nos deja boquiabiertos con sus logros y hazañas, pero sobre todo por su discurso, su actitud y sus acciones. Podríamos resumir toda esa esencia, fuerza y optimismo que transmite, en su lema sobre la pista: “¡Vamos!”. Esta muletilla motivacional que surge de muy adentro, tiene un efecto exponencial, contagioso. Como una bola de nieve que se hace más grande, cada vez que la pronuncia con más intensidad. Cuando Rafa dice “¡Vamos!”, está creciendo por dentro. Está rugiendo sobre sus cimientos y se está reafirmando, ante su rival, ante el público y ante el mundo, pero sobre todo consigo mismo. Y seguramente lo diga no sólo dentro de la pista, sino fuera también.

Hoy, tras el US Open, Rafa lleva ya dieciséis Grand Slams ganados. Y muchos otros títulos, logros y récords estratosféricos, sólo a la altura de los más grandes de la historia. Sin embargo, no es eso lo que más me impresiona de Rafa. Lo que de verdad me impacta es sentir todo lo que transmite, con sólo verle jugar, concentrarse, hablar, entrenar, comunicar… dentro y fuera de la pista. Es un deportista y una persona que sabe muy bien quién es, y tiene los pies firmes en el suelo, por mucho que el mundo intente encumbrarle al cielo o defenestrarle en el infierno (cosa que le ha pasado muchas veces en su carrera).

Rafa conoce y es consciente de la sociedad en la que vive y lo que él aporta desde el mundo del tenis, desde su naturaleza de deportista. Y de la responsabilidad social que tiene y que decide ejercer. Por ello responde al modelo de líder moderno que necesita el mundo: joven, humilde, ejemplar, natural y auténtico. Con sentido común. Así, desprende siempre un halo de energía positiva, de aquel que conoce las raíces propias que le unen a su tierra, a su gente y a todo lo que ama. Y siempre con una actitud de gratitud hacia la vida y hacia todas las personas que le han ayudado, apoyado, animado.



Esto mismo es lo que veo reflejado cuando veo su trayectoria social: su academia, su centro deportivo, su fundación, su acción solidaria, sus patrocinios, su relación con los medios. Y por supuesto cuando observo a su equipo, a su familia. Serenos, concentrados, optimistas. Prudentes, discretos. En el mundo de la fama no es fácil ni habitual mantener una personalidad y un estilo de vida normal, ni una actitud de respeto y trato igualitario con cualquiera, pero Rafa y su entorno lo han conseguido, lo consiguen. Porque son personas normales, buena gente. Personas que se apoyan en personas, como medio mundo nos apoyamos día a día en ese “¡Vamos!” de Rafa, que nos impulsa fuerte.

A mi Rafa Nadal me sugiere una enorme admiración, y supone una guía de referencia. Ver a un deportista con tanta confianza y naturalidad, que habla de las situaciones y sus problemas profesionales con templanza y sin aspavientos, con un sentido de la responsabilidad y una lógica tan aplastantes, es de aplaudir. Eso me engancha, me fascina. Me ayuda tener ejemplos de este tipo en el panorama social y deportivo actual, cual faro que se mantiene firme en el mar. Rafa es uno de ellos, el número 1.


“¡Vamos!” en boca de Rafa se ha convertido en un lema fácilmente identificable con la perseverancia y la confianza en uno mismo, con el trabajo, sacrificio y con la certeza de que si no sale ahora, saldrá más adelante. Pero siempre adelante, siempre valiente, siempre luchando sin rendirse. Un lema que bien puede ser el adalid de la marca España, que Rafa representa como nadie. Porque ese “¡Vamos!” tiene que ver con su vida profesional y personal. Tiene que ver con las prioridades y las cosas realmente importantes en la vida.
“No me importa cuántos Grand Slams gane, tanto como ser feliz”, dice el fenómeno Nadal. Ahí reside el secreto. En ser feliz, en buscarlo. Él lo es y se nota, lo desprende intensamente con su presencia, su discurso y su actitud. Ha sufrido y ha llorado, ha peleado y ha perdido, como todos en la vida, pero ha creído siempre en sí mismo, en ser auténtico, en saber quién es y cuál es su entorno, en hacer las cosas bien, planificadas con cabeza y ejecutadas con el corazón. El talento entrenado con perseverancia, la mente educada en la importancia de lo que realmente es vital: la vida, las personas, el amor y el respeto, la fidelidad a uno mismo y a sus pasiones. La felicidad trabajada en la mente, vehiculizada con el deporte y consagrada con una actitud optimista en la vida, frente a uno mismo, frente al mundo.

Cuando veo a Rafa, mis sentidos y mi atención se centran plenamente en su ejemplo. Le veo y pienso “¡Vamos!”, adelante, arriba. Aprende, disfruta, vive. Juega, entrena duro, valora lo que tienes, ama lo que haces y pelea por lo que sueñas. Es una fuerza tal la que transmite Rafa, una seguridad en sí mismo, que no hay lugar para los miedos. Seguramente él también los tenga, como todos, pero se los come, los aplaca. Porque ser feliz es más importante que tener miedo. Porque vivir es más importante que sufrir. Porque sonreír es tan importante como comer y respirar. Porque el deporte es el alimento más sano para llenar el alma de coraje y de espíritu de superación, no solamente dentro de la pista sino fuera, al ver que existen deportistas de élite de la talla de este chaval, Rafa Nadal.





“¡Vamos!” es el sello de una pasión, de una actitud en la vida y de un modelo de liderazgo. Es la esencia de la marca España, y de toda una corriente de fuerza deportiva capaz de impulsar e impregnar todos los ámbitos de la vida. Es la ola imparable de motivación y esfuerzo, de humildad y confianza. Pero por encima de todo es el reflejo de una mente feliz, sana y equilibrada, que genera respeto y gratitud a partes iguales, y que disfruta de la vida no como un problema, sino como un regalo.

Gracias de nuevo Rafa Nadal, por gritar con todos nosotros, ¡VAMOS!