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martes, 18 de agosto de 2020

El Santo cuelga las alas

 


Iker Casillas pone punto y final a su carrera como futbolista profesional. A los 39 años, cuelga los guantes, y como muchos dicen, las alas.

San Iker, el santo, con esas alas que le hicieron volar hacia balones imposibles, paradas y despejes inverosímiles. Esas que le encumbraron como uno de los mejores porteros de la historia del Real Madrid y de la Selección Española, por trayectoria profesional, por títulos y por personalidad. La historia tenía reservado para él un hueco fabricado entre el trabajo duro, el esfuerzo, el talento y la fortuna de estar en el momento adecuado, en el sitio oportuno. Le respetaron las lesiones y pudo hacer valer todos sus dones en el verde.

A Casillas siempre le acompañó esa pizca de suerte que hace falta para sobresalir en un campo tan minado como es el fútbol, tan competitivo y tan escaso de oportunidades por exceso de candidatos.  En una carrera tan longeva y expuesta como la suya hubo altibajos, momentos cumbre y épocas de aguantar el vendaval. Muchos focos encima de sus hombros. Mucho peso a cuestas de una historia que supo sostener y agrandar con gran holgura. Mucha presión incorporada en un brazalete que lució con orgullo para guiar a una generación de oro hasta las cimas más altas jamás conquistadas. Toda la pasión que supo concentrar en el dorsal número 1.

Ese número y esas alas que le siguen acompañando, pero su vuelo será ahora más lento, más bajo, alejado del verde y de los palos. Seguirá siendo el capitán de una familia, más pequeña y cercana a su lastimado corazón. Seguirá vinculado al fútbol que tanto quiere, seguramente, pero de fuera hacia adentro.

A Casillas le toca hacer la transición del deportista, esa tan crucial para la que algunos se preparan durante toda su carrera profesional, y seguir escribiendo su camino en la vida, aportando toda la experiencia que atesora, que es de gran valor para la industria profesional del fútbol. Le toca mirar hacia atrás con cariño y emoción, a un camino mágico que le ha construido como persona. Al presente con energía renovada y al futuro con ilusión y optimismo. Desde la gratitud por haber sido un privilegiado, la serenidad y satisfacción de haber hecho un gran trabajo, y la tranquilidad de haber abierto un camino de ejemplaridad para los jóvenes, un legado para varias generaciones.

Para los que hemos crecido viendo a Iker Casillas volar en la portería, su despedida es el cierre de un capítulo irrepetible que recordaremos siempre. El de saberse protegido por el último bastión, ese implacable guardián de los palos al que acompañan siempre los milagros. El de nunca perder la esperanza porque la última defensa estaba protegida por el santo, tocado por un destino de leyenda que perdurará para siempre en los registros del fútbol español. Gracias Iker por hacernos creer en lo imposible sobre el césped, por haber sido el guardameta más determinante del fútbol moderno y por llevar hasta la cima todo el talento que tenías dentro. Gracias por recorrer este camino, futbolista elegido. Hasta siempre, portero.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Se terminó el Catering

Se retira del baloncesto uno de los mejores jugadores de la historia de nuestro país, José Manuel Calderón. Un jugador de un valor incalculable, de la mejor generación histórica que ha dado este país. Probablemente uno de los que más ha honrado este deporte dentro y fuera de la pista. Un tipo normal, educado, sobrio, discreto. Apasionado por el juego puro. Sin una mala palabra, gesto o aspaviento en toda su carrera.

Con una cabeza prodigiosa para llevar la batuta en la cancha, una exquisita capacidad de dirección del juego, de distribución y generación de oportunidades de ventaja para el equipo. Constructor de un estilo propio, capaz de manejar el firmamento del baloncesto en sus manos. “Mr. Catering”, como le apodó el gran Andrés Montes, ha sido el play-maker español por antonomasia. Porque supo como nadie hacer brillar aun más a los que tuvo a su alrededor, y los hizo mejores gracias a su generosidad y a su inteligente lectura del juego.

“Calde” se retira tras una extraordinaria carrera de más de 1.000 partidos y 20 años en la élite del baloncesto mundial (6 en ACB y 14 en diversas franquicias NBA). Además, ha sido pieza capital e integrante básico de “La Familia” en la selección española de baloncesto durante más de 14 años. Nació con ella, fue un junior de oro, y se lleva en su palmarés no sólo las medallas de todos los colores en Mundiales, Juego Olímpicos y Europeos, sino lo más importante: una colección de recuerdos, vivencias, historias de superación, profesionalidad, momentos mágicos e inolvidables de baloncesto que forman parte de la historia legendaria de nuestro país, y de la aportación esencial que ha brindado a este deporte para hacerlo crecer y superarse.



Dicen que el ser humano se acuerda y valora especialmente las mejores cosas de la vida cuando ya no las tiene, y algo así nos está pasando ahora que se nos termina el (Mr.) Catering de José Calderón. Siempre al servicio del equipo, siempre disfrutando del momento presente en pista. No se cansó de aprender del baloncesto ni de darle todo lo que llevaba dentro. Un alumno aventajado, profesional aplicado, compañero fiel. Un deportista que ha enriquecido todos los equipos y competiciones en los que ha participado. Que ha enseñado a tantos jóvenes cómo desde la cabeza se ganan partidos y desde el corazón se conquistan las gestas más emocionantes e impensables.

La ejemplar carrera profesional de “Calde” como jugador de baloncesto llega a su fin en un ejercicio de tremenda sinceridad, honradez y reconocimiento. A una personalidad sencilla y también- jugando con las palabras de su localidad natal, Villanueva de la- “Serena”, a una labor que ha dignificado la esencia de juego del baloncesto, haciéndolo fácil, intuitivo, fluido y templado. Seguirá aportando mucho a este deporte desde fuera de la cancha (en la asociación de jugadores NBA), pero echaremos de menos verle en pista repartiendo juego y cortando el bacalao, penetrando en bandejas de plata, dominando el tempo y dando lecciones de pausa y acción, cabeza fría, los tiros lejanos y la anotación desde el corazón. Se nos acaba el Catering del baloncesto con Calderón, agradecidos eternamente por su tremenda e inolvidable aportación al baloncesto español. ¡Gracias Calde!

lunes, 20 de mayo de 2019

Eterno Ferru: la honra de una carrera ejemplar


Hace unos días David Ferrer ponía punto final a su carrera deportiva como tenista. Y lo hizo despidiéndose a lo grande, en casa, en el torneo Mutua Madrid Open. En el mejor Masters 1000 del circuito ATP, en el estadio que más le ha aclamado, la “Caja Mágica”. Rodeado de su familia y amigos, de compañeros y de una afición que le admira, de entrañables muestras de cariño de todo el mundo tenístico. Jugando un tenis intenso, fiel a su estilo, luchando por todas las bolas, destilando la calidad de un veterano que aún está en condiciones de competir al máximo nivel, pero que ha decidido retirarse en un momento dulce, sosegado, en paz consigo mismo y con todo lo entregado al mundo del tenis.

La cabeza de David Ferrer va por delante de sus piernas, y ha sabido elegir el mejor momento para decir adiós. Es algo que ha meditado mucho, y que seguramente no ha sido fácil decidir, pero ha tenido la suficiente valentía y determinación para poder despedirse a su manera, eligiendo el cuándo, el dónde, y con quién. El cómo, fue parte del encanto que pudimos vivir en su último partido ante Zverev, y salió mucho mejor de lo que habría podido esperar. Esta despedida especial es algo que no todos los deportistas de élite tienen la suerte (o la visión) de poder conseguir, y le honra haber sido fiel a sí mismo y a su voluntad, tras mirarse hacia adentro y observar el entorno y el futuro con perspectiva y cabeza fría. Bravo David, porque no es fácil irse de una manera tan elegante, reconocida y emocionante.


Ferru, como cariñosamente se le conoce en el circuito del tenis, será recordado como el león de Jávea, el incansable gladiador español que nunca daba una bola por perdida y que hizo honor a lo que es un caballero en la pista de tenis. Uno de los mejores tenistas españoles de la historia. Un deportista educado y discreto, un profesional dedicado y ejemplar, todo corazón y pundonor raqueta en mano. No llegó a ser número 1 del mundo, no ganó ningún Grand Slam, pero no le hizo falta para consagrarse como uno de los grandes, de los que hacen evolucionar el tenis, de los que son un modelo para los niños, de los que emocionan por su entrega, sacrificio y veneración hacia su profesión. Su grandeza está precisamente en haber sido un tenista extraordinario, terrenal, y fiel valedor de su educación y sus sueños. Ferru ha sido reflejo de respeto hacia todos sus rivales, afición, árbitros, organizadores y torneos; ha honrado su deporte y su profesión con enorme tenacidad,  llevando los valores de la escuela tenística española a todos los confines del planeta.



Un tenista de altos horizontes, pero cercano y sencillo, con la cabeza ordenada y los pies en la tierra (batida), que siempre fue su escenario predilecto, como buen discípulo del tenis nacional. Un fenómeno que siempre ha bregado y defendido su maravilloso tenis allá donde ha jugado. Porque Ferru siempre salía a competir, a no regalar nada, a entregar todo lo que tenía. A remar sin desfallecer. Porque Ferru alcanzó y se mantuvo mucho tiempo dentro del top ten mundial de la ATP, y consiguió su fenomenal palmarés de victorias y títulos por calidad y trabajo incansable, por sus ganas de hacer las cosas bien, por su regularidad y seriedad en la preparación, en cada entrenamiento y en cada partido. Porque supo sobreponerse a los malos momentos, a los duros reveses de la vida y a sus propios miedos para seguir adelante y construir una carrera brillante. Porque lo hizo siempre con su carácter afable pero puro nervio, dando lo mejor de sí mismo, y devolviéndole al tenis la oportunidad que éste le dio de cumplir su sueño. Vaya que si le ha devuelto todo lo que tenía, y con creces, aceptando un reto proporcional a su grandeza: la de una carrera deportiva eterna. Gracias a él, el tenis es hoy un poco mejor, un escalón más especial, más agradable y vibrante, más natural y guerrero. Tal cual es David, así se refleja y se funde el tenis con su carrera.


La tierra levantina nos ofreció el ascenso imparable de un vendaval de energía y calidad que sacaba fuerzas de donde no las había, un batallador que llegaba a todas las bolas, un muro desde el fondo de la pista que no se rindió nunca. Ferru formó parte durante una década del histórico equipo español de copa Davis, esa generación de oro ganadora de 3 ensaladeras (2008, 2009, 2011) y finalista en otra más (2012), comandada por Rafa Nadal y completada por el propio Ferru, Feliciano, Verdasco, Robredo, Almagro y Ferrero. No solo eso, sino que David Ferrer ha conseguido ser muy grande en la época de los más grandes, siendo coetáneo del llamado “Big Four” (Federer, Nadal, Djokovic, Murray), lo que le permitió mejorar y crecer aún más, y le otorga un mérito extra y un valor añadido incalculable a su carrera. Su enorme trayectoria queda justamente ponderada por la época histórica del tenis mundial en la que le ha tocado competir: la más exigente y espectacular que ha habido (y probablemente habrá) nunca.




Se nos ha ido un referente, uno de los nuestros, y le echaremos mucho de menos sobre la pista. Pero el legado que deja es imborrable e inmaculado, es digno de recordar siempre y de admirar con cariño a quien desde la sencillez, la humildad y el trabajo, consiguió cumplir el sueño de miles de niños, y el suyo propio, en una carrera brillante y mucho más gratificante de lo nunca hubiera esperado. Por eso los homenajes y las muestras de agradecimiento, cariño y respeto que ha ido recibiendo estos últimos meses David Ferrer quedarán también grabadas como parte de una historia ejemplar de superación y pasión, de fuerza y de coraje, de un corazón lleno de bolas de tenis, que fue repartiendo durante todos los días de su carrera, durante todos los puntos de su vida sobre la pista, y que entregó a todos los aficionados en cada golpe con su raqueta.

Enhorabuena por tu carrera, David. Enhorabuena por tu forma de venir, de demostrar y sumar, y también por tu manera de irte. Enhorabuena y gracias por haber hecho crecer tanto al tenis y al deporte español, por haber creado equipo con todos nosotros. Gracias Ferru por tus enseñanzas dentro y fuera de la pista, gracias por ser un guerrero de los nuestros, de la marca España; por ser parte de un equipo que se llama sueños, ilusión, crecimiento, trabajo, superación, valores y espíritu deportivo. Gracias por tanto respeto y tanto cariño hacia ti mismo y hacia todos los que te seguimos. Gracias y mucha suerte en tu nueva andadura en la vida, porque te lo mereces todo, campeón. Eterno Ferru.