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martes, 26 de noviembre de 2019

Resiliencia en duelo: Bautista levanta el vuelo

Tiempo de lectura: 3 min

En el último año y medio Roberto Bautista ha logrado los mejores números de su carrera tenística, llegando a situarse en la novena posición del ranking mundial. En el mismo periodo de tiempo han fallecido su madre y su padre. Una mente en duelo que es capaz de mantener ese nivel competitivo a pesar de estos durísimos golpes se explica desde la resiliencia más disciplinada, la motivación y el respeto profundo a la esencia propia.

La semana pasada, en plena competición de Copa Davis, Bautista tuvo que abandonar la concentración del equipo español ante el empeoramiento de la salud de su padre, que finalmente fallecía el viernes. Apenas veinticuatro horas después, el jugador sorprendió a todo el mundo volviendo a estar junto al equipo nacional de tenis, para apoyarles en una competición en la que se habían clasificado para la final a pesar de las adversidades físicas y personales de sus miembros. No sólo eso, sino que el domingo se encontró con la fuerza y determinación necesarias para jugar uno de los partidos decisivos de la final. Y ganarlo, para allanar el camino hacia la conquista del sexto título mundial para España.

Su entereza es realmente inspiradoras. Honrar la memoria de un padre, mostrando lo que mejor sabe hacer dentro de la pista. Jugando con coraje y valentía para dedicarle su mejor versión, en la victoria más complicada de su vida. Aceptar el duelo y seguir, interiorizando el golpe emocional. Sostener la tensión y susurrar de la nada al corazón. Salir a la luz cuando te envuelve la oscuridad. Buscar cariño y consuelo en tu pasión, tu equipo, tu profesión. Encontrarlo en la pista, en el juego y en tu tesón. Sentir el calor y la cercanía de la afición. Subir el nivel hasta dar tu máxima expresión. Recoger de la grada todo el respeto, gratitud y  admiración. Flotar en el limbo entre dos mundos sin entender por qué, con muchas preguntas sin poder responder, pero llevado en volandas por talento y amor propio, por la gente, por ese momento de la historia y la competición. Agarrado a un equipo que es parte de ti, amigos que te arropan como una familia y que admiran esas ganas de luchar por ti mismo, por ellos, por nosotros y por todos. Enganchado a un deporte que corre por tus venas sin poder detenerse ante nada ni nadie, porque te hace sentir más vivo a pesar de la cercana muerte. Porque nadie lo entiende pero todos lo sienten.


Roberto Bautista nos dejó impactados a todos con su fuerza de voluntad y su compromiso, y por su capacidad de superación en un momento así. Un comportamiento asombroso, memorable y digno de analizar. De cómo la mente es capaz de todo, a pesar de todo. De cómo a pesar de los durísimos golpes, uno siempre puede elegir cómo aceptarlos para levantar su vuelo. De cómo un deporte y un equipo inspiran para hacerte más fuerte. De cómo el compromiso con la vida, siempre puede con la muerte.

Gracias Roberto, por dejarte abrazar por España entera y levantar tu vuelo, alzando la memoria de tu padre de Madrid al cielo, en una ensaladera de plata y tenis que deja para la historia la impronta de tu duelo.

martes, 17 de septiembre de 2019

Cuando el baloncesto nunca te abandona

Jugando al baloncesto llegamos a la cima del mundo. Somos campeones mundiales por segunda vez en nuestra historia. Sufriendo, creyendo, creciendo y luchando contra todo. Contra nuestras propias dudas y miedos, nuestros críticos y aficionados, contra los rivales y también las trabas del camino. Somos afortunados de vivir este momento especial. Está permitido emocionarse, llorar de alegría y pellizcarse. Esto es real pero no ha sido gratis. Ha sido un camino extenuante, lleno de altibajos, de superación conjunta y de victoria tan merecida como inesperada, de lecciones tácticas, técnicas y humanas. Ha sido un triunfo desde el corazón del baloncesto, de nuestro ADN deportivo. Esta selección, la más laureada de todos nuestros deportes colectivos, ha culminado de manera sublime un durísimo asalto de cuatro cuartos que ha durado casi dos años.

  •  Primer cuarto: agradecimiento manifiesto a los héroes de las ventanas
Seamos agradecidos y hagamos ejercicio de memoria. Este mundial es un milagro, una carrera de obstáculos sin descanso que ha exigido el mayor ejercicio de unión, esfuerzo y confianza en el grupo al que jamás se haya tenido que enfrentar el baloncesto español. Nadie daba un duro por España ya desde el inicio de la fase clasificación. Hablo de finales de 2017 cuando comenzamos la andadura de las “ventanas FIBA”. Una trampa envenenada en la que los lobbies del baloncesto, enfrascados en luchas de poder y negocio, trataron de ahogar el espectáculo y adulterar la competición haciendo inviable el calendario para que la mayoría de jugadores de primera línea de las selecciones nacionales (aquellos que juegan en las competiciones punteras del baloncesto mundial- NBA, Euroliga, etc.), pudieran disputar la fase de clasificación.

España es una de las que se vio más mermada, y nuestra presencia tanto en el mundial de China 2019 como en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 empezó a verse poco clara. Más aun con la dureza de los rivales que nos aguardaban: Eslovenia (actual campeón de Europa), Montenegro, Bielorrusia, Ucrania, Letonia y Turquía. Ahí es nada. Doce partidos tortuosos en algo más de un año que nos exigían el máximo desde el principio, un reto mayúsculo. Tocaba construir un equipo de mimbres nuevos, de clase media enraizada en los valores más esenciales de nuestro baloncesto para estar a la altura de nuestra historia y clasificarnos para jugar el mundial: equipo, equipo, equipo. Confianza en el grupo, en el compañero, siempre, hasta en los peores momentos. Esfuerzo e ilusión sin descanso, trabajo en la sombra y sin aspavientos. Remando sin rendirse nunca.

Sergio Scariolo y su equipo, junto con la Federación Española de Baloncesto, trazaron un plan para compensar la ausencia de los primeros espadas en la clasificatoria, y construyeron un grupo de guerreros con un compromiso sobresaliente, una férrea nobleza en la pista y una disposición infinita para cumplir el objetivo de llevarnos al torneo de China. La humildad del baloncesto empapó una vez más el sentimiento de los que cumplen en silencio y con orgullo. Los Colom, Beirán, Rabaseda, Vázquez, Saiz, Fernández, Brizuela, Vidal, Abalde, Paulí, Vicedo, Diop, Aguilar, Sastre, Yusta… y así hasta 29 héroes del baloncesto nacional, nos abrieron la puerta a la posibilidad de estar en el mundial. Completaron una brillante fase cual guardia pretoriana que no abandona a su suerte a su rey, con diez victorias de doce y primeros de grupo. Demostraron que España tiene presente y futuro, que sigue cultivando mucho y buen talento no sólo por nombres y figuras, sino porque sigue trabajando en valores y compromiso, y sumando adeptos en torno a una idea común, esa que lleva más de veinte años haciéndonos disfrutar y creando afición: baloncesto es equipo.

Gracias a los héroes que nos han mantenido a flote en la larga e incierta travesía de las ventanas. Gracias por aceptar su rol sabiendo que aun clasificándose para el mundial, la mayoría ni siquiera acudiría a disputarlo. Gracias por apretar en los momentos duros y nutrirnos de baloncesto honesto y profesional hasta la médula. Gracias a Scariolo y  a la Federación por pelear y defender el baloncesto español, sus derechos, su posición y labrarse el respeto que merece. Por trazar una estrategia valiente y convencida que ha transmitido al equipo la importancia y la vitalidad de su compromiso en una fase que puso en jaque mucho más de lo que pensamos.

  • Segundo cuarto: la lista, la preparación y las dudas
Llegó el verano y la lista de preseleccionados para el mundial. Y el mar, el mar de dudas desde todos los ángulos que perturbaban la preparación del equipo, los amistosos y las exigentes pruebas del calendario que tenían que afrontar nuestros jugadores para llegar con garantías a la competición de septiembre. Sumábamos más zancadillas y barreras para un equipo en los que muchos jugadores, ausentes y presentes finalmente, estaban siendo cuestionados duramente por diversos motivos: falta de compromiso, falta de ambición por competir, falta de trabajo físico y dejadez en la preparación, presencia inmerecida en la lista por su nombre…. hubo quejas para casi todos y dudas sobre el fin de ciclo, sobre la capacidad de este grupo para renovar sus ganas de seguir jugando al baloncesto y ganando. Pau Gasol no estaba, tristemente, por lesión; el Chacho, Mirotic e Ibaka renunciaron por motivos personales y físicos, honestamente no iban a poder dar su mejor nivel y eso les honra. Suplir a Reyes, Navarro y Calderón, retirados hace tiempo de la selección, se les hacía bola a muchos españoles. Marc llegaba lastrado físicamente después de un durísimo año con anillo NBA incluido. Algo parecido con Llull y Rudy, injustamente puestos en el candelero. De Ricky se recelaba sin creer en su transformación de líder de futuro, sobre los Hernangómez la alargada sombra del peso de la historia de los hombres altos de España. Del resto, banquillo y rotación escasa y con pocos recursos se decía, con poco nivel y experiencia en competir en grandes campeonatos y dudas sobre su rendimiento en los momentos difíciles. Trago desagradecido para Oriola, Claver, Ribas y compañía visto su buen año y números esta temporada.

Y el equipo echó a andar ajeno a quien cuestionaba sus posibilidades. Trabajó mucho durante una concentración larga, intensa y ruidosa. Empezó a construir el muro y el escudo donde se resguardaría durante los huracanes del torneo, que llegarían sin duda ante el más mínimo atisbo de problema en la cancha. Empezó a mandar señales de sus signos de identidad familiar, trabajando los automatismos y sus conexiones, haciendo más fuertes los lazos invisibles entre jugadores y técnicos, construyendo la mentalidad a la que agarrarse en los momentos de mayor exigencia. Hizo buenos amistosos y recibió un par de avisos serios de Rusia y de Estados Unidos, que nos vinieron estupendamente para seguir mejorando.

Gracias a Scariolo y  a su equipo técnico, por ejecutar con templanza y mano firme al mismo tiempo la transición y el equilibrio que necesitaba el entorno y el equipo en esta fase, en busca del bien común de nuestro baloncesto. Por tomar decisiones difíciles. Por mantener un rumbo y un plan de juego físico y táctico preparatorio que nos diera los mimbres necesarios para salir a competir con la mayor eficacia posible. Gracias a los jugadores seleccionados y que finalmente acudieron al mundial a defender el nombre del baloncesto español siendo fieles a sus valores y a su propia historia. Gracias porque con la tormenta de fondo, “La Familia” se plantó en el arranque del torneo, convencida de que desde dentro, el grupo podía ir superando todas las barreras que quedaran por venir, si permanecían juntos.





  •  Tercer cuarto: el quijotismo español del arranque, los palos y el momento clave
Túnez, Puerto Rico, Irán. Un grupo trampa en la primera fase del mundial, en la que había mucho que perder y poco que ganar al parecer. Y vaya si lo hubo. El equipo empezó tímido y dubitativo estos partidos, sin dar las muestras de solidez física, mental y técnica esperada para los recursos de la plantilla. Ya sabemos que en este país nos hace falta muy poco para empezar a atizarnos, y claro, como España no sólo no arrasaba a sus rivales sino que se veía en dificultades para sacar los partidos adelante, el quijotismo español apareció en todos los rincones de la afición y medios para machacar a nuestra selección. Un servidor entona el mea culpa también. “Sólo dan el nivel 5 o 6 jugadores”, “no hay banquillo, están a años luz titulares y suplentes”, “esta generación no da para más”. “Equipo de circunstancias, papel justito el que podemos hacer, el preolímpico nos espera, llegar a cuartos sería el mayor logro para este equipo….”. “Marc llega físicamente fatal, Ricky sigue sin madurar como esperamos, Rudy está para el arrastre, Llull no ha vuelto ni se le espera, los Hernangómez no están a la altura, les falta disciplina y rigor, Oriola, Claver y Ribas no tienen nivel para competir en grandes campeonatos…”. “Scariolo sólo gana cuando tiene a todos los buenos”. Bueno, perlitas variadas y de todo tipo que caían como cuchillos afilados.

Pero España, aun trabada en juego y espesa en ataque, falta de intensidad en defensa y buscando su propia identidad en el campo, seguía trabajando y sacando con oficio los partidos adelante. Rotando desde el banquillo para encontrar la mejor fórmula y combinaciones que nos permitieran construir un mejor baloncesto en la siguiente jugada, en el próximo partido. Esto también hay que saber hacerlo para ganar un campeonato mundial, no es todo jugar a favor de viento y que todos los partidos salgan redondos.

La segunda fase nos enfrentaba a los miuras Italia y Serbia, un escalón tremendamente exigente para encontrar nuestra mejor versión y hacernos el camino más transitable en los posibles cruces. Pero este equipo tiene ese carácter que le hace inasequible al desaliento, capaz de crecerse cuanto mayor es la exigencia. Italia fue el partido clave para recuperar nuestra poderosa defensa, intensa y agresiva. Dejar a los italianos con apenas 60 puntos dice mucho de la mejora táctica en la pintura y en zona que consiguió la selección. Bajamos al barro a defender, llevamos el partido a nuestro terreno, al de competir con más intensidad que el rival y a agarrarnos a nuestras jugadas y jugadores más inspirados. Y el subidón de autoestima y fortaleza del vestuario tras ese partido nos llevó a elevar un punto más la intensidad ante el coco serbio, el mejor equipo supuestamente sin contar a Estados Unidos. Mejoramos el nivel de acierto en ataque y seguimos progresando en defensa, cerrando rebote y ganando adeptos a la causa del equipo. Los jugadores se iban enchufando a medida que pasaban los minutos y los serbios no sabían ni por dónde les venía el viento, sorprendidos y superados. Los nuestros empezaron a desplegar alas, y sobre el dique que habían construido juntos durante la época de tempestad, se hicieron más altos, más rápidos y más fuertes. Se sabían capaces de competir con cualquiera y de manejar el tempo de cualquier partido. Estábamos clasificados para cuartos, teníamos a tiro la plaza olímpica y la pinta del equipo era más saneada y efectiva. Pero aún en este cuarto seguía habiendo mucha gente que no se subía al barco de la fe y la confianza en el equipo para hacer cosas grandes, y apenas se conformaba con poder pelear una medalla, pues veía inabordables tres o cuatro rivales en unos hipotéticos cruces finales.

Gracias a todos aquellos que no creyeron en este equipo y que se subieron al carro a última hora. Hicieron más duro y más firme el convencimiento de los jugadores y técnicos. Más vale tarde que nunca. Gracias por todas las adversidades en la pista que hicieron a cada jugador creer, crecer y ocupar un papel todavía más relevante del que se esperaba, para jugar sin complejos y de frente ante la historia una vez más. Gracias por ser capaces de cambiar el chip y revelar nuestro verdadero baloncesto en los momentos más exigentes, por la mentalidad ganadora cuando el miedo a perder acecha.

  • Cuarto cuarto: el crecimiento, el milagro del baloncesto y la apoteosis de España
España coge aire, se lame las heridas de las batallas precedentes y se conjura para competir lo que queda de campeonato como sus antepasados les enseñaron. Ahora es el momento. Doblega en un partido serio a Polonia en cuartos, con el mismo rigor con que venía desarrollando su juego previamente y asentando más y mejor los conceptos, las rotaciones, las aportaciones individuales y la inteligencia táctica y colectiva sobre la pista. España está en semifinales y ya tiene billete directo para Tokyo 2020, un éxito que hay que valorar en este momento del camino porque nos da el reconocimiento que merece: somos olímpicos porque lo merecemos por juego y entrega, por calidad y ambición de ganar. Una plaza muy codiciada.

Y llegamos a semis para jugar contra Australia, un equipo cargado de “NBAs”, de transiciones directas y francotiradores en todo el perímetro. España empieza bien pero se atasca y comienza a sufrir en el rebote y en los ajustes ofensivos. Damos síntomas de fatiga y vamos a remolque casi todo el partido. Pero nunca nos rendimos, nos mantenemos haciendo la goma, seguimos creyendo y esperando nuestra oportunidad. Aguantando la presión a pesar de la falta de precisión. Estábamos echando un pulso con la historia, crédulos contra incrédulos, de si éramos capaces de superar nuestros propios horizontes.

Scariolo volvió a hacer algunas variantes y a espolear a los suyos bajo la propuesta que mejor entienden, la de volver a los orígenes todos juntos: apretar los dientes en defensa, mantener la intensidad física, seguir buscando buenas posiciones de tiro, jugar con inteligencia táctica y confiar en la inspiración de nuestras estrellas. Y funcionó porque nuestros jugadores aparte de ser buenos son listos y rápidos. Olieron la sangre, la debilidad del rival,  y fueron a la caza de la presa. Comenzamos a desgastar a los australianos con posiciones de tiro muy incómodas para ellos, basado en constantes ayudas y mejor ocupación de la zona en el campo. Encontramos la manera de enchufar la máquina del “pick & roll”, Marc y Rudy haciendo su agosto para echarse el equipo a la espalda. Los veteranos haciendo gala de su experiencia, nos dieron más que aire en jugadas decisivas.

Y forzamos una prórroga, y otra más. Y a la segunda remontamos y ganamos con autoridad un partidazo que se recordará en las hemerotecas de la historia de nuestro baloncesto, de esos que hay que poner a los niños para que aprendan cómo se defiende, se rema, se aprende a sufrir en el campo y se supera uno mismo en vivo y en directo. España se paró un viernes por la mañana para vivir una remontada descomunal y apasionante de las que hacen afición, a la altura de las grandes gestas de esta selección, sólo un peldaño por debajo de la final olímpica de 2008 en Pekín. De nuevo en China, el equipo había dejado para el recuerdo el partido más memorable en años, y desde luego su mejor actuación del torneo. España volaba sostenida por unos mimbres de acero, aquellos que te da la fortaleza inmensa del grupo, la creencia de que es posible y que siendo fieles nuestro estilo somos capaces de competir con cualquiera, con enorme humildad pero sin renunciar a los sueños más grandes. “Aun no hemos hecho nada”, decía Ricky tras clasificar para la final. Eso es hambre, de ganar, de ser mejor y superarse cuando crees que has llegado a tu límite.

Y España siguió volando. La final no fue ningún trámite ante una dura y talentosa Argentina, pero España llevaba una marcha más. Íbamos a velocidad de crucero, jugando a un nivel tan alto o más como en la semifinal. Fuimos un torbellino de aciertos y de inteligencia brutal sobre la pista: buenas posiciones de tiro, buenos porcentajes, enorme rebote, la defensa infranqueable, y los estiletes enchufados. Manteniendo la intensidad cara a cara con el rival. Todos aportando, todos. La máquina estaba engrasada perfectamente, rodaba casi sola, con el ingeniero Scariolo haciendo ciertos ajustes tan sorprendentes como efectivos en los que cambiaba quintetos y defensas ahogando las virtudes del rival. En este nivel de juego y confianza, habiendo encontrado nuestro equilibrio perfecto, daba la impresión de que España podía jugarse otro campeonato entero y volver a ganar ante cualquier rival, o al menos competir hasta más allá de los confines que este deporte conoce. Llegamos a la meta frescos como lechugas, ávidos de baloncesto y con ganas de más. Fruto de una preparación y una mentalidad propia de los grandes equipos campeones, a prueba de tempestades, que es la que en nuestro país se sigue sembrando y cosechando con los años.
  • Epílogo:
Y fuimos campeones del mundo, otra vez, porque lo merecimos con mayúsculas. Porque el compromiso es nuestro mayor valor. Con el grupo por encima de uno mismo, con el trabajo bien hecho más allá de las florituras, con el baloncesto y sus valores por encima de cualquier obstáculo y excusa. Cuando se juega mal se dice, para aprender, y cuando se juega bien, también, para construir. Verdades a la cara, miradas a los ojos para buscar al compañero y decirle “confío en ti”. Sin reproches por los fallos, seguimos remando, tratamos de hacerlo mejor la siguiente vez. Contagio mi ilusión y mis ganas, mi determinación por hacer algo grande, y el de al lado hace lo mismo y crece por encima de sus posibilidades. Esta es la inspiración de España, la del hombro con hombro y la de que si uno puede, todos podemos más. La de los que están curtidos en mil batallas y enseñan a los que vienen por detrás cómo se compite, cómo se sufre y como se mantiene uno vivo en el partido en los momentos más delicados. En los momentos en los que no queda nada más, en los que la mayoría tiembla, sólo nos queda sacar nuestro baloncesto a relucir, lo que mejor sabemos hacer: el trabajo colectivo de nuestro equipo.

Después de mucho sufrimiento, de aguantar barbaridades, críticas feroces y dudas abismales, este equipo ha llegado a la orilla con otro oro. Contra todo pronóstico, y a pesar del escepticismo general del pueblo, ese del que seguimos sin aprender aunque nos den una y mil lecciones, España sigue siendo de oro. En valores y en entrega, en sacrificio y en constancia. En calidad y talento, en confianza y en mentalidad de baloncesto. Gracias a Dios, y que siga siendo así, en España el baloncesto nunca abandona a su pueblo, por más que este le maltrate una y otra vez. Y esta selección nos lo demuestra verano tras verano, ellos y ellas.

Gracias de corazón una vez más a TODOS los jugadores, cuerpo técnico y Federación, por hacer posible el milagro, por conseguir y repetir el mayor sueño, por jugar y vivir como una familia que sabe que cuando lo das todo, no se te puede reprochar nada. Tokyo, te saluda el campeón del mundo, allá vamos a seguir compitiendo, creciendo y disfrutando. Esto sólo es un juego, pero qué juego. El que nos da estas alegrías en la vida, que nos pone el corazón en niveles sublimes de felicidad y adrenalina: BA-LON-CES-TO.

jueves, 27 de junio de 2019

Carácter ganador: el gen que se abre camino


Marc Gasol ha hecho historia. Hace unos días, el pequeño de los hermanos Gasol conquistaba con los Toronto Raptors el anillo de campeón de la NBA. Lo que viene a ser el mejor equipo de baloncesto en la mejor competición del mundo. Era inevitable que tanto Pau (por 2 veces, hace ya unos años), como Marc (este año), ganaran el título de la NBA, es algo que estaba escrito en algún lugar del universo baloncestístico y cuyo secreto está en los genes y en su carácter ganador, ese que de forma inconsciente acaba por generar las oportunidades propicias donde sacar la mejor versión de uno mismo.

Podemos llamarlo intuición, autoconocimiento, suerte o destino. Pero saber elegir proyectos en la vida, y más aun en la corta trayectoria profesional de un deportista, resulta clave para el devenir de una carrera al más alto nivel. El camino que Pau Gasol abrió en Memphis Grizzlies lo continuó Marc años después en el mismo equipo. Cambio que hizo crecer a Pau en los Lakers hasta alcanzar dos anillos de campeón. Ahora Marc le sigue de nuevo en ese crecimiento y alcanza la gloria del baloncesto americano, apenas cuatro meses después de llegar a los Toronto Raptors.

Es ese gen ganador, ese carácter de superación el que ha hecho que por primera vez en la historia dos hermanos españoles hayan ganado por separado un anillo NBA.  Ese gen que se alimenta de trabajo y que se abre camino buscando siempre un techo más alto que uno mismo. La decisión de Marc de optar a un proyecto tan ambicioso como el de Toronto a mitad de temporada responde no sólo a su talento dentro de la pista sino a su capacidad de elección, de toma inteligente de decisiones y a su facilidad para construir relaciones fructíferas fundamentales dentro de un equipo. Igual que hace en la cancha. Marc tomó una decisión difícil en pos de crecer y explorar su potencial más allá de su zona de confort, de lo que él mismo conocía. Dejó una franquicia en la que ha hecho historia y donde tenía un hueco asegurado, cómodo y vistoso, para pelear con los más grandes y seguir el camino de la gloria que años atrás le fue abriendo Pau.

Los Raptors tuvieron una gran visión, el sueño y la determinación de dar un salto de calidad y crecer como franquicia para optar a todo en la conferencia este. Incluso a ser campeones. Con esa mentalidad han ido atrayendo talento. Sumando a su carro un crisol extraordinario de jugadores que comparten ese gen ganador que les ha permitido alzarse con el primer título de la historia de la franquicia: Leonard (el indiscutible MVP), Siakam, Lowry, Van Vleet y Green tienen mucho que ver en ello, pero la guinda del equipo la pone la terna de los “Spanish Raptors”: Marc Gasol, Serge Ibaka (que ya estuvo a punto de conseguir su primer anillo hace años con los Thunders) y como segundo entrenador del equipo, Sergio Scariolo (que compatibiliza su cargo con el de seleccionador español). Gigantes del baloncesto que apostaron por un proyecto donde vieron opciones de superarse. Profesionales extraordinarios cuyo gen ganador les ha ido arrastrando a este destino de crear historia juntos y de codearse con los más grandes en este deporte.

No olvidemos tampoco la gran temporada del resto de españoles “ÑBA”: Mirotic, que tras cambiar de equipo durante la temporada se ha quedado a un paso de jugar la final con los Bucks; al igual que Pau, que en un año difícil de lesiones, eligió asimismo un gran proyecto. Ni tampoco del fantástico año de Ricky Rubio en Utah, el crecimiento en números de los hermanos Hernangómez, o de la madurez templada de José Manuel Calderón.

Será la marca España, será nuestra preparación deportiva, nuestra mentalidad o nuestro trabajo por desarrollar talento. Pero lo que está claro es que nuestro baloncesto se abre paso en la élite y sabe dar sus pasos para elegir buenas opciones y desarrollar su valor. Ese gen ganador que llevan dentro estos jugadores, en especial los Gasol, que están marcando un antes y un después en la historia española de este deporte, acaba siempre abriéndose paso, convergiendo de manera inevitable en proyectos exitosos y de victoria, detrás de los cuales siempre hay mucha humildad y mucho trabajo. Estaba escrito que un español ganaría el anillo NBA, y ahora ya son tres (Pau, Marc e Ibaka), con tres títulos en dos equipos diferentes. Cuatro contando también a Amaya Valdemoro, que consiguió 3 anillos consecutivos de WNBA años atrás abriendo este camino. Puro carácter ganador.

lunes, 20 de mayo de 2019

Eterno Ferru: la honra de una carrera ejemplar


Hace unos días David Ferrer ponía punto final a su carrera deportiva como tenista. Y lo hizo despidiéndose a lo grande, en casa, en el torneo Mutua Madrid Open. En el mejor Masters 1000 del circuito ATP, en el estadio que más le ha aclamado, la “Caja Mágica”. Rodeado de su familia y amigos, de compañeros y de una afición que le admira, de entrañables muestras de cariño de todo el mundo tenístico. Jugando un tenis intenso, fiel a su estilo, luchando por todas las bolas, destilando la calidad de un veterano que aún está en condiciones de competir al máximo nivel, pero que ha decidido retirarse en un momento dulce, sosegado, en paz consigo mismo y con todo lo entregado al mundo del tenis.

La cabeza de David Ferrer va por delante de sus piernas, y ha sabido elegir el mejor momento para decir adiós. Es algo que ha meditado mucho, y que seguramente no ha sido fácil decidir, pero ha tenido la suficiente valentía y determinación para poder despedirse a su manera, eligiendo el cuándo, el dónde, y con quién. El cómo, fue parte del encanto que pudimos vivir en su último partido ante Zverev, y salió mucho mejor de lo que habría podido esperar. Esta despedida especial es algo que no todos los deportistas de élite tienen la suerte (o la visión) de poder conseguir, y le honra haber sido fiel a sí mismo y a su voluntad, tras mirarse hacia adentro y observar el entorno y el futuro con perspectiva y cabeza fría. Bravo David, porque no es fácil irse de una manera tan elegante, reconocida y emocionante.


Ferru, como cariñosamente se le conoce en el circuito del tenis, será recordado como el león de Jávea, el incansable gladiador español que nunca daba una bola por perdida y que hizo honor a lo que es un caballero en la pista de tenis. Uno de los mejores tenistas españoles de la historia. Un deportista educado y discreto, un profesional dedicado y ejemplar, todo corazón y pundonor raqueta en mano. No llegó a ser número 1 del mundo, no ganó ningún Grand Slam, pero no le hizo falta para consagrarse como uno de los grandes, de los que hacen evolucionar el tenis, de los que son un modelo para los niños, de los que emocionan por su entrega, sacrificio y veneración hacia su profesión. Su grandeza está precisamente en haber sido un tenista extraordinario, terrenal, y fiel valedor de su educación y sus sueños. Ferru ha sido reflejo de respeto hacia todos sus rivales, afición, árbitros, organizadores y torneos; ha honrado su deporte y su profesión con enorme tenacidad,  llevando los valores de la escuela tenística española a todos los confines del planeta.



Un tenista de altos horizontes, pero cercano y sencillo, con la cabeza ordenada y los pies en la tierra (batida), que siempre fue su escenario predilecto, como buen discípulo del tenis nacional. Un fenómeno que siempre ha bregado y defendido su maravilloso tenis allá donde ha jugado. Porque Ferru siempre salía a competir, a no regalar nada, a entregar todo lo que tenía. A remar sin desfallecer. Porque Ferru alcanzó y se mantuvo mucho tiempo dentro del top ten mundial de la ATP, y consiguió su fenomenal palmarés de victorias y títulos por calidad y trabajo incansable, por sus ganas de hacer las cosas bien, por su regularidad y seriedad en la preparación, en cada entrenamiento y en cada partido. Porque supo sobreponerse a los malos momentos, a los duros reveses de la vida y a sus propios miedos para seguir adelante y construir una carrera brillante. Porque lo hizo siempre con su carácter afable pero puro nervio, dando lo mejor de sí mismo, y devolviéndole al tenis la oportunidad que éste le dio de cumplir su sueño. Vaya que si le ha devuelto todo lo que tenía, y con creces, aceptando un reto proporcional a su grandeza: la de una carrera deportiva eterna. Gracias a él, el tenis es hoy un poco mejor, un escalón más especial, más agradable y vibrante, más natural y guerrero. Tal cual es David, así se refleja y se funde el tenis con su carrera.


La tierra levantina nos ofreció el ascenso imparable de un vendaval de energía y calidad que sacaba fuerzas de donde no las había, un batallador que llegaba a todas las bolas, un muro desde el fondo de la pista que no se rindió nunca. Ferru formó parte durante una década del histórico equipo español de copa Davis, esa generación de oro ganadora de 3 ensaladeras (2008, 2009, 2011) y finalista en otra más (2012), comandada por Rafa Nadal y completada por el propio Ferru, Feliciano, Verdasco, Robredo, Almagro y Ferrero. No solo eso, sino que David Ferrer ha conseguido ser muy grande en la época de los más grandes, siendo coetáneo del llamado “Big Four” (Federer, Nadal, Djokovic, Murray), lo que le permitió mejorar y crecer aún más, y le otorga un mérito extra y un valor añadido incalculable a su carrera. Su enorme trayectoria queda justamente ponderada por la época histórica del tenis mundial en la que le ha tocado competir: la más exigente y espectacular que ha habido (y probablemente habrá) nunca.




Se nos ha ido un referente, uno de los nuestros, y le echaremos mucho de menos sobre la pista. Pero el legado que deja es imborrable e inmaculado, es digno de recordar siempre y de admirar con cariño a quien desde la sencillez, la humildad y el trabajo, consiguió cumplir el sueño de miles de niños, y el suyo propio, en una carrera brillante y mucho más gratificante de lo nunca hubiera esperado. Por eso los homenajes y las muestras de agradecimiento, cariño y respeto que ha ido recibiendo estos últimos meses David Ferrer quedarán también grabadas como parte de una historia ejemplar de superación y pasión, de fuerza y de coraje, de un corazón lleno de bolas de tenis, que fue repartiendo durante todos los días de su carrera, durante todos los puntos de su vida sobre la pista, y que entregó a todos los aficionados en cada golpe con su raqueta.

Enhorabuena por tu carrera, David. Enhorabuena por tu forma de venir, de demostrar y sumar, y también por tu manera de irte. Enhorabuena y gracias por haber hecho crecer tanto al tenis y al deporte español, por haber creado equipo con todos nosotros. Gracias Ferru por tus enseñanzas dentro y fuera de la pista, gracias por ser un guerrero de los nuestros, de la marca España; por ser parte de un equipo que se llama sueños, ilusión, crecimiento, trabajo, superación, valores y espíritu deportivo. Gracias por tanto respeto y tanto cariño hacia ti mismo y hacia todos los que te seguimos. Gracias y mucha suerte en tu nueva andadura en la vida, porque te lo mereces todo, campeón. Eterno Ferru.

martes, 12 de marzo de 2019

Leones conquistando fronteras: el imparable crecimiento del rugby español

España y su deporte siguen derribando muros. Lo que hace unos años era quizás una de las utopías deportivas más grandes del momento, se convirtió este fin de semana pasado en realidad: la selección masculina de rugby 7 (modalidad seven), batió por primera vez en un partido oficial a los todopoderosos All Blacks de Nueva Zelanda. La última jugada, el fabuloso ensayo de Pol Pla con el que España certificó su victoria, ha dado la vuelta al mundo por su brillantez y espectacularidad, y refleja la capacidad de superación, la confianza en uno mismo y en el trabajo de todo un equipo a lo largo del tiempo. Tras cuatro derrotas consecutivas ante Nueva Zelanda, a la quinta fue la vencida.

Este hito es historia pura, un hecho sin precedentes que confirma el buen hacer en los últimos años de nuestro rugby. Sin ir más lejos, la selección española de rugby seven está realizando la mejor campaña de su historia hasta la fecha en las Series Mundiales. No es casualidad por tanto que los resultados estén acompañando de una manera tan fantástica, en diversas categorías y torneos. España está en un momento de explosión, de crecer y dar un enorme salto de calidad en el rugby a nivel europeo y mundial. Ahora mismo estamos viviendo esa transición, y muy rápidamente.

El rugby es uno de los deportes que más solera e historia tienen, pero tradicionalmente había estado más aislado, limitado a un nicho más reducido y olvidado (y en España aún más). Para muestra, el increíble dato de que este clásico juego no ha sido incluido como disciplina olímpica hasta hace bien poco, desde de Río 2016 (en modalidad seven). Algo empezó a cambiar a partir del siglo XXI, con la explosión y el cambio de paradigma del deporte como modelo de negocio en transformación. En la última década, la progresión del rugby mundial ha sido notoriamente extraordinaria, mostrando un crecimiento imparable. En España, por ejemplo, casi se ha duplicado el número de licencias federativas en el periodo 2008-2018, tanto para jugadores, entrenadores y árbitros.


Desde la base (infantil, juvenil, universitario), las nuevas generaciones vienen con una motivación especial por este deporte y sus valores, por su desarrollo y su globalización. Existe un interés y participación creciente en cuanto al número de asociaciones, clubes, colegios y escuelas municipales que apuestan directamente por el rugby como soporte formativo, y que inician a los niños en su práctica (hecho que se ha extendido considerablemente por nuestra geografía). Obviamente, este movimiento viene favorecido por una imprescindible mejor estructura federativa y un plan estratégico a largo plazo, un mayor apoyo institucional y una visibilidad impulsada indudablemente por el auge de la mujer y los programas de apoyo social al deporte femenino.

Los resultados deportivos cosechados por nuestras secciones de rugby en diferentes categorías se encuadran en un marco de apoyo e implicación general que hay en el país por este deporte, fomentado por diferentes eventos y programas que se vienen organizando en colaboración con agentes europeos y mundiales como son World Rugby, el Consejo Superior de Deportes o la Federación Española de Rugby. El European Rugby Champions & Challenge Cup de Bilbao 2018, o los programas “Get Into Rugby”, “Mujer y Rugby”, “Universo Mujer”, “Rugby Escolar” etc., ayudan a que el deporte del balón ovalado se esté consolidando en nuestro país como una opción potente y de futuro.

El “momentum” del rugby es ahora. Posee un gran efecto contagio, que se propaga rápidamente a todos los niveles de capilaridad social. En el plano económico se está subiendo además a la ola de un mercado expansivo, de apoyo de los patrocinadores y de difusión mundial como nunca hubo en torno al rugby. El talento se va sembrando, puliendo, y las diferencias de nivel se acortan en la élite, con lo cual las competiciones son más igualadas y atractivas, lo que favorece el espectáculo, la pasión y divulgación de sus valores, así como la generación de un porfolio de oportunidades de negocio en colaboración con diversos socios e industrias de toda índole.


España es uno de los países que más margen de crecimiento tenía en el rugby, y está recorriendo el camino de manera sólida y brillante, en nuestro caso motivados por el potentísimo efecto llamada de nuestras selecciones nacionales, que crecen y se superan en casi todos los deportes colectivos en torno a los conceptos de “equipo unido y familia”, “valores y oportunidades”, “igualdad y talento”. La Marca España se sigue construyendo de manera robusta, y en los últimos años el rugby tiene mucho que ver en ella, porque en la medida en que la sociedad va entendiendo más este deporte, va encontrando en él un reflejo de honradez y nobleza, de deporte limpio, emocionante y con una ética que va mucho más allá de los prejuicios que sobre él existían hace no muchos años (el clásico “deporte para brutos” …).

Los leones y leonas, ese colectivo del rugby de élite español, son nuestros más potentes embajadores de este deporte en el mundo. Proyectan hacia fuera el sentimiento que existe desde dentro, del país al mundo, del corazón al universo. En ellos converge el empuje de diversidad deportiva, generacional y de mentalidad, de derribar muros y conquistar fronteras, y de creer en uno mismo y en el compañero de equipo por encima de la historia.


La victoria sobre los All Black ha puesto de manifiesto un hecho innegable e imparable: el rugby corre mucho y bien, crece sano y seguro, adelanta por las alas a quienes le salen al paso, demuestra su valía con enormes ensayos de pasión, y es un deporte en transformación, fuerte y emergente del panorama actual, reclamando su sitio y la atención que merece en un mundo y un negocio deportivo que empiezan a reconocer todo su valor y su potencial. Gracias y enhorabuena, leones y leonas, por creer en vosotros y vuestro futuro más que nadie, y por conseguir que cada vez más gente nos subamos a un carro de tremenda alegría deportiva: el rugby nacional y mundial.