lunes, 19 de marzo de 2018

‘S.O.S.’ Baloncesto: cuidar la competición, proteger su futuro

¿De quién es el baloncesto? No es de nadie y es de todos, pero sobre todo lo es de los aficionados, de los valores sociales y la educación, de los chavales y del futuro, de la pasión por el deporte sano. Es además patrimonio de los jugadores, de los entrenadores, preparadores y árbitros. Por último, también debe serlo de sus dirigentes, comités, organizadores y gestores, así como de los patrocinadores e impulsores que lo hacen posible, pero sin olvidarse nunca de que su papel debe velar por la responsabilidad y continuidad de sus competiciones, por el respeto al juego limpio y por hacer sostenible un modelo global como hasta ahora, sin excluir ni limitar las posibilidades del resto de actores del juego. La avaricia rompe el saco cuando unos pocos quieren quedarse con todo el pastel y echar de la pintura al resto.
Es triste, pero corren tiempos convulsos en un deporte tan natural y fresco como frágil; tan necesario y valorado como amenazado por el canibalismo de la competición. El hombre es un lobo para el hombre, y el baloncesto lo está sufriendo en sus carnes, en especial desde este último año. El choque de trenes que supone la escasez de recursos (jugadores, calendario y financiación) con la avaricia y el egoísmo de ciertas competiciones privadas está poniendo en serias dificultades la conciliación del baloncesto profesional tal y como lo conocemos, a todos los niveles.
El conflicto se plantea, para todo el ámbito baloncestístico europeo, cuando Euroliga (asociación privada formada por varios de los clubes más potentes de Europa) decide romper el equilibrio, ya de por sí inestable, que existía entre ella misma y las ligas, las federaciones nacionales (ACB y FEB en España) y la FIBA (máximo organismo mundial de baloncesto). En su ansia de crecer y organizar una competición a modo de “súper liga europea exclusiva”, donde el formato se basa en un núcleo permanente de equipos y varios invitados, transforma su competición invadiendo y arrasando el espacio de las demás, de manera que expande su calendario, el número de partidos y la intensidad y frecuencia de los mismos. Provocando con ello un efecto dominó muy pernicioso en el que nadie gana realmente y el baloncesto pierde, poniendo en jaque su propia supervivencia:
–        La coincidencia de los partidos de Euroliga con los de clasificación para competiciones FIBA (Mundial/Eurobasket) y Juegos Olímpicos, fuerza a los jugadores a elegir entre acudir con su selección o disputar los partidos de Euroliga con su club.
–        Fuerza además a los clubes a posicionarse de manera intransigente en la cesión de sus jugadores para la selección por la disputa de la competición continental.
–        Provoca una ausencia notoria de los principales jugadores en sus selecciones nacionales, lo cual machaca el equilibrio histórico y merecido de las grandes potencias, poniendo en riesgo su clasificación y disputa de los grandes torneos de selecciones.
–        Genera conflicto entre los organismos federativos y los propios jugadores por el reglamente específico respecto a los compromisos de selecciones, dificultando los acuerdos y la gestión del día a día entre los estamentos nacionales deportivos, envenenando unas relaciones ya de por sí intensas.
–        Provoca un acordeón en el calendario, una excesiva acumulación de partidos, un gran impacto en la salud de los jugadores y en la calidad del juego, así como un desgaste tremendo respecto al reclamo y expectación de los grandes partidos europeos, que por repetidos se vuelven manidos.
–        Fuerza también a las ligas nacionales a restringir el número de equipos para mantener su competitividad como producto de entretenimiento y mantener su atractivo cartel, a proteger sus activos, ajustando y trastornando a los equipos, y también su planificación y horarios.
–        Lo anterior repercute en los más débiles, categorías inferiores y amateurs, pues se reducen las oportunidades deportivas y económicas para los que vienen desde abajo (número de equipos de ACB, ascensos y descensos desde la Liga LEB Oro, menos recursos para promoción del baloncesto en categorías inferiores, etc).
–        Provoca un reparto desigual e injusto de los recursos económicos que el mercado del baloncesto genera a través de los patrocinadores y sponsors de las competiciones, maniatando a varios de los actores principales y poniendo en riesgo a todo el ecosistema financiero del baloncesto europeo.
–        Genera engaño y confusión en el aficionado, le priva sus derechos a un espectáculo más racional y sostenible en el tiempo, le sobreestimula con tanto partido repetido, baloncesto exprimido de un solo tipo y competición, y le niega un equilibrio de jugadores y juego natural en la pista a lo largo del año.
–        Una competición demasiado artificial provoca un empacho de producto, una peor gestión del espectáculo, ahogamiento económico de la llama financiera, y por tanto un riesgo elevado de una bajada de audiencia y de seguimiento.
–        Desatender la demanda social y deportiva de la afición por ver a los mejores en cada momento del año, por mantener la diversidad de los torneos y la esencia diferencial de cada uno, que es lo que en conjunto enriquece este deporte, es un atropello poco inteligente que empobrece el cartel global del baloncesto.
–        Finalmente, provoca que el futuro de este deporte, los jóvenes jugadores y aficionados, tengan menos recursos a su alcance para su desarrollo y promoción, vean una realidad distorsionada del baloncesto y sus competiciones. Poniendo en riesgo su interés y mermando sus opciones de participar y disfrutar de su deporte, se crea el caldo de cultivo para la fuga de su atención hacia otras disciplinas.
Por todo ello me pregunto, ¿dónde vas, Euroliga? ¿Qué crees que vas a conseguir, a la vista del panorama y perspectiva actual? Las dictaduras nunca fueron sanas para nadie y no lo serán para ti. El baloncesto nunca fue de nadie en exclusiva, y menos tuyo. No es de recibo tensar la cuerda de esta manera, crispando a los estamentos del baloncesto y poniendo sus activos entre la espada y la pared. No es justo que unos cuantos pongáis en riesgo un deporte universal bajo un foco de avaricia personal, que nos privéis a todos de una solución compartida que deje de ahogar la competición de esta manera, y no limite su sostenibilidad a futuro. Es injusto y egoísta, Euroliga, es ingrato para los aficionados que amamos este deporte, es irrespetuoso con el “fair play” de la competición. Es anti-ejemplar para los más jóvenes, y te hace esclava a ti misma de tus decisiones erróneas a futuro.
Es una situación tan difícil y tan sencilla a la vez, Euroliga, porque solo depende de ti. Se trata de cambiar el foco y ser generoso, de compartir competiciones, recursos y espectáculo para hacerlo más grande y mejor entre todos, que son precisamente los valores principales del baloncesto: ser solidario, comprometerse y crecer juntos. No me resigno a que te lleves el baloncesto por delante, Euroliga, a que no negocies con sentido común con los demás socios del sector, a que abras una puerta a la cordura para preservar la naturalidad de este deporte, a que te dispares un tiro en el pie y con ello arrastres a todo el baloncesto a perderse lo mejor de su esencia y de sí mismo.
¿Quién imagina hoy por hoy  un Mundial o unos Juegos sin España, sin Croacia, sin Lituania, por motivos extra-deportivos que merman deliberadamente el rendimiento de estos equipos? ¿Quién imagina una ACB,LEB, EBA, etc, más pobres y escasas, de apenas una decena de equipos, destruyendo el tejido baloncestístico nacional, y relegando el desarrollo del mismo a un puñado de afortunados? ¿Quién imagina a los aficionados aborreciendo partidos como Madrid-Barça, Panathinaikos-Olympiacos, o CSKA-Maccabi, por empacho temporal? ¿Quién imagina el canibalismo del baloncesto por su propia avaricia privada? Nadie lo desea, ninguno lo imagina, y ello no ocurrirá si tú actúas a tiempo y rectificas, Euroliga. Enrocarse no vale de nada, y plantear una y otra vez la misma propuesta no es negociar, es ser autoritario y déspota sin voluntad de acuerdos. Ejerce tu responsabilidad acorde a lo que representas, Euroliga, y sé digna. Protege el juego, las competiciones y los jugadores, y no sólo tus intereses económicos.
Seamos sensatos y cuidemos el futuro del baloncesto. Es patrimonio y responsabilidad de todos, es alegría y necesidad del sector, es esperanza y continuidad que vertebran la sociedad. Frente al negocio extremo, deporte sostenible, frente al ego y la avaricia, valores y unidad de todos. Euroliga, ahora te toca a ti. Yo creo en una solución positiva, en un proyecto conciliador, porque es lo que me han enseñado el propio deporte. Si ganamos todos, gana el baloncesto.
Images: “Pure Basketball Academy”

domingo, 4 de marzo de 2018

Modernizar el fútbol para proteger la gallina


El fútbol es el deporte más practicado y más seguido del planeta. No se sabe si una cosa lleva a la otra o la otra lleva a la una, si fue antes el huevo o la gallina. Pero el caso es que esta gallina que pone tantos huevos de oro, hay que protegerla y evolucionarla.

El fútbol necesita modernizarse y adaptarse a la nueva demanda deportiva, la nueva realidad social y a los modelos de negocio que está generando su industria. Los máximos organismos internacionales de este deporte (FIFA y UEFA), así como las federaciones nacionales y las ligas profesionales de cada país, actúan como un dinosaurio poco flexible al que le cuesta moverse, con mucha reticencia a cambiar reglas y procedimientos, y cuando lo hace es poco ágil. Los dirigentes del fútbol se resisten demasiado; les cuesta sobre todo tomar decisiones que mejoren y hagan más sostenible y más vistosa la competición.

La demora en la llegada del VAR es un ejemplo claro. Ha costado mucho tiempo de negociación, de dudas, de pruebas, de disyuntivas y moratorias. De que nadie perdiera su trozo del pastel y de cómo rentabilizar y acoplar este sistema a la competición. Parece que verá la luz en el próximo Mundial de Rusia y a partir de ahí en las principales competiciones europeas. Aleluya, ya era hora. La tecnología nos facilita la vida en muchos otros sectores desde hace mucho tiempo, y debe actuar de la misma manera en el fútbol, donde se mitiguen al menos los errores que se pueden juzgar en las situaciones objetivas.

Las subjetivas, es otro cantar que hace referencia a la imperiosa necesidad de mejora, unificación de criterios y simplificación de las interpretaciones arbitrales en jugadas sensibles y con mayor impacto en el juego: penaltis, manos, tarjetas, expulsiones, simulaciones, comportamientos violentos o antideportivos, etc. Aquí también hay mucho margen de desarrollo y mejora si los estamentos competentes deciden actuar y ponerse de acuerdo en condiciones, en fijar criterios firmes y menos sujetos a libre interpretación. Y que sean abiertamente comunicados, aceptados y conocidos por todos los agentes de la competición: jugadores, técnicos, aficionados, comités, etc. Debería permitir la convergencia respecto al juego limpio y a la justicia equitativa con aceptación múltiple.

Otra mejora a la vista, que ha tardado demasiado en llegar, es la inclusión de un cuarto cambio. En el Mundial de nuevo se probará, aunque solamente durante la prórroga. Los jugadores son el origen y el valor más alto que tiene el producto fútbol, y hay que empezar a preocuparse por cuidarlos de verdad. Viendo que cada vez hay más competiciones, más exigentes y largas, el calendario está inundado de partidos sin dar respiro, y el apetito y la exigencia del espectador y del negocio crecen insaciables por ver jugadas, goles, jugadores y partidos más espectaculares, se hace imprescindible dosificar a la gallina para que sus huevos sigan siendo de oro. Proteger la salud de los futbolistas, limitar sus minutos sobre el campo para que puedan rendir mejor, lesionarse menos y prepararse para participar en las competiciones con garantías, es una medida de cuidar también el espectáculo y el negocio de la misma manera. Bienvenido sea el cuarto cambio, o el quinto y sexto si fueran necesarios. O incluso jugar con doce jugadores, cambiar la duración de los partidos o aumentar los descansos. No debería haber límites a las soluciones imaginativas y efectivas para adaptar y preservar la salud del fútbol, siempre con sentido común y consenso.

El fútbol tiene que modernizarse también mirando hacia los lados, a sus deportes vecinos y en cómo estos mejoran y manejan los avances: baloncesto, tenis, balonmano, ciclismo, etc. Competiciones que llevan años de ventaja al fútbol en la introducción rápida y evolutiva de mejoras, de tecnología, de adaptación natural.

Y también debe mirar el fútbol hacia arriba; desde el terreno de juego hacia el palco, los despachos, las instituciones. No son gratos, y hacen mucho daño, los ejemplos que hemos tenido en los últimos años acerca de cómo se maneja la política del fútbol, los oscuros métodos de gobierno y la corrupción que salpica a sus dirigentes. El deporte rey debe sanearse en sus órganos de más alto nivel, con más transparencia, mejores procesos electorales, mayores medidas de control, limitación y separación de responsabilidades y poderes, exigir cuentas claras y evaluación independiente. Con el objetivo de regenerarse y ser un ejemplo limpio y sostenible, socialmente admirado y consistente con los valores que debe promover.


Capítulo aparte, para terminar, debe ser la ampliación, aplicación efectiva y supervisión férrea de las reglas del “fair play” financiero. De momento éste parece un arreglo superficial de cara a la galería, una voz de la conciencia que indica el buen rumbo, pero ha de implantarse con políticas y mecanismos efectivos que prevengan de manera real los comportamientos fraudulentos, engaños y quiebros a las reglas comunes, que protejan la competición y la equilibren de verdad. El valor de los jugadores y los clubes debe ser tangible y fidedigno, sostenible de manera veraz, y debe protegerse a sí mismo de burbujas financieras, magnates o jeques y demás élites caprichosas que ponen sus ojos en el fútbol cual juguete de usar y tirar.

El fútbol debe respetarse a sí mismo y luchar por mantener el equilibrio competitivo de los clubes por magnitudes de mercado y volumen social objetivo, respaldadas de manera robusta para hacerse fuerte ante los villanos que pretenden convertirlo en un polvorín privativo, en el que sólo unos cuantos expriman el jugo de este zumo o se coman todos los huevos de la gallina, y los demás no accedan ni a las migajas de un patrimonio que ha sido y deberá seguir siendo de todos.

Hay mucho más por hacer, pero estos ejemplos pueden ser un buen comienzo. Sólo con medidas deportivas, sociales, políticas y económicas tomadas de forma ágil, efectiva y flexible, transparente y justa para todos, este deporte evolucionará a mejor, y su industria será más saludable y sostenible a largo plazo. Señores del fútbol, tomen nota, empiecen a hacer los deberes en condiciones y garanticen así la continuidad de esta maravilla de espectáculo que es el fútbol, que pide a gritos protección, evolución, madurez y responsabilidad para seguir emocionando al mundo como pocas otras cosas son capaces de conseguir.

sábado, 17 de febrero de 2018

Diplomacia universal: el vehículo deportivo


Hace pocos días vimos a las dos Coreas (Norte y Sur), desfilando juntas bajo una bandera unificada en la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno en PyeongChang 2018. Un hecho absolutamente impensable hace unos meses, teniendo en cuenta la tensión política pre-bélica que mantienen los dos países desde hace años.

Es cierto que se ha podido hacer de manera precipitada, sin preparar, planificar o entrenar convenientemente a nivel deportivo la integración de ambas selecciones en algunas disciplinas. Es cierto que faltan por darse muchos pasos necesarios a nivel social y político para que se fragüe una realidad pacífica y de unidad efectiva. Es verdad que hay muchas voces en contra que no apoyan esta unión simbólica, porque se necesita aun mucho tiempo y madurez, perspectiva y distancia, cicatrizar heridas del pasado y cambiar muchas acciones y comportamientos del régimen norcoreano para que la comunidad internacional crea de verdad en este gran paso. Pero el embrión de una esperanzadora y nueva realidad en Corea se ha sembrado gracias de nuevo al mejor diplomático y embajador que el ser humano haya tenido jamás: el deporte.

De nuevo en el escenario de unos Juegos Olímpicos, un símbolo de respeto y tolerancia que hasta los más villanos parecen considerar como la mejor y más blanca de las banderas, el símbolo de confianza más poderoso que existe en el ya de por sí frágil entorno socio-político de ciertas zonas del mundo. De nuevo los valores del deporte y el respeto hacia lo que con ellos nos une, consiguen construir puentes para acercar enemigos aparentemente irreconciliables.
Al igual que Barcelona 92 supuso la culminación y consolidación a ojos del mundo de la reunificación alemana, la histórica participación de Sudáfrica tras el “apartheid” o la inclusión de los deportistas yugoslavos bajo bandera olímpica, el deporte nos brinda de nuevo una demostración de cordialidad y voluntad de entendimiento. Nos recuerda que las bondades que surgen del amor al deporte son intrínsecas y esenciales al ser humano, y son mucho más poderosas que las falacias artificiales y armaduras sociales que se esconden bajo el miedo, el odio, la venganza, la ira y la crueldad.

La guerra, la muerte y la destrucción que ha provocado el ser humano siempre han sido combatidas y desafiadas por el deporte, como un ente neutral que no es de nadie y es de todos, el emblema común de unidad y tregua, un activo imprescindible en la concordia y el progreso de los pueblos. Así desafió Jesse Owens a Hitler en los Juegos de Berlín en 1936, al igual que se jugaron partidos de fútbol en los campos de concentración durante las dos guerras mundiales. De la misma manera que en las favelas de Brasil se aparcan hoy a ratos pistolas, para dejarlas en el suelo a modo de postes de portería y jugar al fútbol.

El deporte inspira paz y sentimiento de unidad, retando a un pulso natural a este mundo artificial y complejo. Abre un paréntesis en las diferencias y permite compartir sentimientos similares, conectados por una fuerza magnética que nadie sabe explicar pero que todo el mundo puede identificar.



Lo vivido en Corea estos días es un comienzo, un acuerdo frágil pero visible de que se puede dar el primer paso, y qué mejor manera que compartiendo salud, belleza, solidaridad, espectáculo, emoción y esperanza, todo ello bajo la bandera blanca del deporte. Aunque queda mucho por recorrer, andar este camino bajo el paraguas deportivo hará más amigable y llevadero el futuro de estos dos países y del mundo entero.

La historia es y seguirá siendo testigo de muchos ejemplos de este tipo, y de que el espíritu deportivo, honrado más profundamente en su esencia a través de los Juegos Olímpicos, como abanderado del deporte mundial, es capaz de provocar cambios espectaculares en los comportamientos y decisiones del ser humano. De ahí que le debamos tanto al deporte y que lo necesitemos para seguir actuando como el embajador más efectivo y convincente, el mejor pacifista, y el diplomático más respetado, sin patria ni frontera, porque sus motivos son universales y limpios, y no apelan a los pensamientos egoístas de la razón, sino a las emociones compartidas del corazón.

martes, 30 de enero de 2018

Hispanos, ¿cuál es vuestro oficio?

“Hispanos, ¿cuál es vuestro oficio? ¡Balonmano, aú, aú, aúuu!”
Ésta bien podría haber sido la arenga previa del seleccionador Jordi Ribera o del capitán Raúl Entrerríos antes del campeonato de Europa de balonmano masculino 2018 que España ha ganado brillantemente en Croacia. Antes de cualquier partido, pero especialmente en el duelo directo contra Alemania, la semifinal ante Francia o la final con Suecia.
Los hispanos, los guerreros españoles del balonmano, han vuelto a hacer historia. Han vuelto a ganar, a llegar a lo más alto de un campeonato, esta vez de Europa, que se les había resistido hasta en cuatro ocasiones. A pesar de que las circunstancias y el entorno han sido muy esquivos en los últimos años, y han llenado de obstáculos y dificultades adicionales el ya de por si complicado camino hacia cualquier título, esta selección se ha reinventado y se ha apoyado en la fortaleza del grupo para volver a crecer; sobre sí misma, sobre sus pasos, sobre sus valores básicos y sobre una enorme base de trabajo. Sobre el balonmano puro sin ruido ajeno.
Con el desgaste añadido que supone tener que batallar en el campo y fuera de él (con las instituciones, las lesiones, los problemas de preparación y planificación, con la falta de medios y recursos, con la mala gestión de los organismos gestores de este deporte, etc.), el mérito es aun mayor para estos chicos y sus entrenadores. Pero el deporte tiene esta grandeza, y ha aportado a nuestra selección una motivación y unas ganas de reivindicarse que ha doblegado por fin la resistencia del cetro europeo del balonmano continental.
Sí, hay que tener un gen competitivo especial y un hambre deportivo enorme para superar cuatro finales de Europa perdidas y llegar a la quinta con más confianza y determinación que nunca, y ganarla por talento y por convicción. También después de haberse caído del pódium en los últimos campeonatos del mundo, después de no clasificarse para los juegos Olímpicos de Río, y en medio de la crisis deportiva e institucional que atraviesa el balonmano en nuestro país, centralizado en los problemas de la federación y la liga ASOBAL, la gesta de esta selección merece un reconocimiento muy especial.
A pesar de no ser favoritos, los hispanos siempre se creyeron capaces de ganar, de doblegar a las grandes selecciones que se pusieran en su camino como así ha sido. En los momentos delicados han sabido construir una rocosa defensa sobre la que han desplegado un ataque cada vez más rodado, a cada partido más incisivo y determinante. Han sacado a relucir su mejor versión en los partidos más complicados. Ellos si creían en  el equipo, en su talento. Porque conocen el espíritu y el coraje del que está hecha esta selección, la pasta que gobierna un grupo homogéneo y solidario. La mezcla de experimentados jugadores veteranos con jóvenes entusiastas la han sabido equilibrar, cada vez mejor, bajo una fenomenal dirección técnica.
Pero sobre todo la fuerza mental que se transmite en los hispanos de generación en generación, el ADN ganador que nunca se rinde (para muestra, el botón de los Dujshebaev). Aquello que es innato y no se entrena, ese convencimiento de que se comen al rival, la determinación demostrar que son mejores, lo llevan escrito en la frente, reflejado en los ojos, latiendo en la sangre, y tatuado en la piel.
Y honran a toda una saga de jugadores míticos que llevaron en volandas al balonmano español hasta las cotas más altas del mundo. Así, en volandas,  les han llevado a ellos ahora el peso de la historia, el amor por la competición y la victoria, la entrega apasionada al deporte y sus valores más puros. Es la confianza y el esfuerzo el que les ha hecho ganar, es la devoción total a su deporte lo que les ha hecho grandes. Es el balonmano al fin y al cabo, su oficio, su sentimiento más noble, el que les ha hecho alzarse por encima del resto y darnos de nuevo una alegría increíble, una gesta de esas que se recuerdan durante años, por el momento, las condiciones y la manera de conseguirla.
Hispanos, generaciones perennes de campeones en la tempestad, sois enormes, sois eternos, os admiramos. Os damos las gracias a vosotros, que seguís haciendo grande la marca España, a vosotros que sabéis mejor que nadie de dónde venís, dónde estáis y a dónde vais (y todos nosotros con vosotros), porque conocéis vuestro oficio: ¡Balonmano, aú, aú, aúuu!


domingo, 7 de enero de 2018

Pasión sevillana, locura de fútbol: derbi espectáculo

Sevilla exporta al mundo pasión, semana santa, feria de abril y toros, arte, cultura, gastronomía, alegría de vivir, tradiciones con sabor diferente y especial. Exporta un sinfín de experiencias bajo su marca ciudad, y entre ellas está su derbi futbolero, único en el mundo por su fervor y su manera de entenderlo. Sevilla y Betis proyectan bajo la competición de La Liga una magia sin igual en el planeta fútbol, una rivalidad diferente y cuyo sabor cobra mucho más sentido cuando se entiende desde dentro.

La ciudad hispalense respira fútbol todo el año, pero cuando se acerca un derbi, el color y la emoción ilumina con más fuerza el latir del corazón de béticos y sevillistas. Se olvida la historia, la clasificación o las situaciones concretas de cada equipo: el partido contra el eterno rival lo eclipsa todo. Los aficionados se aferran más que nunca a sus colores, a su equipo, a sus himnos. Se comenta con los vecinos, los amigos y en el trabajo; nadie queda ajeno a una rivalidad, que salvo muy contados episodios desafortunados y desagradables protagonizados por algunas minorías, se vive con deportividad, con alegría, y sobre todo con mucha ironía, sarcasmo y humor. Esa “guasa” que acompaña a esta ciudad y a su gente, con la que construyen el día a día, su forma de vivir, los puentes hacia el futuro y con la que reciben a todos los foráneos, vertebra también el fútbol, regando entre cervecita y tapita los chistes y chismes que se construyen en la previa del derbi.


Desde ambos clubes, directiva, equipo técnico y jugadores, todos se encargan de hacer piña, de hacer un llamamiento colectivo y sano, de fuerza y unión ante el partido más importante que tienen por delante. Invocan a la pasión de su gente, a los aficionados que les deben dar alas y llevar con su energía hacia la victoria. La efervescencia y la motivación que corre por todo Sevilla ante un partido así se pueden respirar y sentir desde el barrio de Triana a Santa Cruz, desde la Macarena a la Maestranza, de la Giralda al parque Maria Luisa, desde Heliópolis hasta Nervión. Colores rojiblancos de los sevillistas desde el Sanchez-Pizjuán, banderas blanquiverdes de los béticos alrededor del Villamarín, conforman un cuadro de luz y alegría deportiva que se mezcla en las calles y en los medios, en el sentir de la gente y en sus sueños.
Grandes iconos futbolísticos, locales e internacionales, han abanderado este sentir a lo largo de la historia. Artistas y figuras no sólo en el campo sino fuera de él, han sido grandes estandartes y capitanes de uno y otro equipo que han sabido entender y transmitir los valores y la pasión por sus equipos, y la importancia emocional que para sus aficionados tiene cada derbi. Históricos sevillistas como Unzué, Monchi, Manolo Jiménez, Rafa Paz, Martagón, Anton Polster, Davor Suker, Jose Antonio Reyes, Jesús Navas y hasta Maradona. Genios béticos como Pedro Jaro, Poli Rincón, Cardeñosa, Rafa Gordillo, Eusebio Ríos, Juan Merino, Alfonso, Joaquin y hasta Denilson o Finidi.



En los últimos años, además, los derbis sevillanos han subido de nivel y de calidad, en la medida en  que los equipos se han vuelto más anárquicos sobre el campo, presa de una emoción y una voluntad que traspasa cualquier orden y disciplina tácticas. Han sido un ir y venir de fútbol, de goles, de espectáculo para todos los aficionados no sólo locales, sino globales, ávidos de fútbol intenso y entretenido, de un deleite deportivo extraordinario. Un torbellino de emociones en ambos campos, una montaña rusa de dominio alternativo, jugadas y resultados imprevisibles, sufrimiento y éxtasis a partes iguales que obedecen sin orden ni concierto alguno a la locura del fútbol total, la del balón, los colores y el gol, la de la emoción, la alegría y el corazón.
El de ayer fue un ejemplo gratificante y tremendamente revelador sobre la calidad futbolística que Sevilla es capaz de exportar al mundo con su derbi, que no se queda solamente en el campo sino que trasciende al mundo antes y después del partido hasta un nivel emocional contagioso y muy intenso. Un ejemplo magnífico de cómo vivir y transmitir a su manera los valores de la pasión local, a través del idioma universal del sentimiento futbolístico por el equipo de uno.



Este derbi es uno de los diamantes de La Liga, que debe cuidar y seguir haciendo crecer; en impacto mediático, en asistencia, en repercusión social y deportiva, porque este derbi enamora a toda la liga y a toda España, a toda Europa y al mundo entero. Este derbi enseña la alegría incontenible del sevillano en su fervor por el fútbol, alrededor de sus colores y del balón, faenando y luchando con un gran pundonor ante el gran miura rival. Sevilla y Betis se hacen más grandes el uno al otro, se necesitan para contagiarse, realimentarse de fútbol y vitalidad a través de sus aficiones, para reivindicarse en el lugar que les corresponde por peso futbolístico.

El gran cartel hispalense es un atractivo extraordinario que demuestra que no sólo de Madrid, Barça o Atleti vive el fútbol español y su Liga, sino que hay un producto emocional en el tejido balompédico de este país muy completo que hay que seguir potenciando y explotando, pues nos enriquece a todos. Y Sevilla es una de las plazas deportivas donde se puede contemplar este producto con más sabor, tradición y arte futbolístico. Bravo por el Sevilla que nunca se rinde, y viva el Betis “manque” pierda. Olé por el fútbol y su derbi hispalense.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La historia interminable

10 años llevan Cristiano Ronaldo y Leo Messi repartiéndose los balones de oro, la mitad para cada uno. Nadie les ha hecho sombra en sus números, sus títulos, y en la fuerza y arrastre de masas mediático dentro del planeta fútbol. Esto es historia pura de este deporte, algo sin precedentes que está catapultando la industria hasta los límites más elevados de su centenaria vida.
La década 2008-2017, ambos incluidos, ha sido un binomio de dominio argentino-portugués, bajo los focos del fútbol español y europeo. Y ello a pesar de que ha habido dos mundiales de por medio (que supuso el triunfo del toque y el talento colectivo reflejado en España y en Alemania, dicho sea de paso), pero que ninguno de los dos ha ganado. Sin embargo, la espectacularidad de su juego, sus registros, su ambición y todo lo que son capaces de generar alrededor de su figura en sus equipos, son pruebas más que fehacientes para asegurar que la dominancia intrínseca que se han ganado dentro y fuera del campoes algo único y más que merecido.
Podrán despertar mayor o menor simpatía, pero son lo que son por capacidades superiores y diferenciales a todos los demás, y por supuesto por su trabajo extremo y dedicación ejemplar al fútbol, entregados a hacerlo mejor sin descanso. Decididos a no cejar en su empeño día a día, a ser capaces de mantener una ambición fuera de lo común por mejorar y crecer, por mantener su nivel en lo más alto de manera permanente y no conformarse sólo con haber llegado allí. Otro gol, otro partido, otra victoria, otro récord; nunca es suficiente. El fútbol les ha dado todo y ellos se lo devuelven al fútbol.
Siempre ha habido grandes jugadores en la historia de este deporte, auténticos fenómenos de época que han ido apareciendo con cuentagotas, para hacer crecer y madurar el fútbol en la proporción en que éste era capaz de asumirlo, de progresar y de modernizarse. Aproximadamente uno cada década, han ido surgiendo desde los años 50 hasta los 2000: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona, Zidane, Ronaldo. Hasta entonces, estos dominadores de cada época han sido fácilmente identificables, destacando claramente por encima de los demás sin una sombra a la vista. Parece como si la historia hubiera ido dosificando poco a poco la aparición de estas leyendas para disfrutar con un solo foco de cada una de ellas, en el lapso de historia que les iba correspondiendo. Hasta que  a mediados de los 2000, el universo del fútbol conspiró para generar su propio Big Bang, en forma de colisión brutal de dos astros que han reclamado su sitio dentro de la historia en la misma época, y compitiendo de tú a tú por los mismos objetivos: Cristiano y Messi.
Sin lugar a dudas se han mejorado el uno al otro, y con su competencia voraz han hecho más espectacular y más candente el fútbol reciente y moderno. Han emergido como dos polos opuestos, dos fuerzas que se disputan la hegemonía del fútbol, trascendiendo más allá del deporte. Estos futbolistas tan antagónicos en lo físico, lo táctico, lo técnico, lo personal y lo pasional, cuyo nexo de unión es el balón y una implacable capacidad de batir récords, títulos y goles en el campo, no dejan indiferente a nadie. Vivir en la época de Cristiano y Messi, acuciados por las camisetas que defienden uno y otro y que traspasa cualquier intento de neutralidad en la opinión que le merecen al público, es reconocer las dos caras que presenta la vida en todos los ámbitos.
Son posturas irreconciliables que provocan fervorosas discusiones en todo el planeta. Y aunque sobre gustos no haya nada escrito y no exista una verdad absoluta, cierto es que decantarse por uno de ellos implica automáticamente asumir sobre el otro los contrastes propios de las fuerzas opuestas. Amor y odio, cara y cruz, luz y oscuridad, el yin y el yang, la verdad y la mentira, éxito y fracaso, Dr. Jekyll y Mr. Hide. Héroes para unos, villanos para otros, pero evidentemente respetados y reconocidos por su innegable grandeza futbolística.
En cualquier caso, en esta época de Cristiano-Messi, estamos ganando todos, en cuanto a talento, récords, historia, espectáculo, crecimiento y evolución del fútbol, atractivo de las competiciones, y capacidad para apasionar al mundo. Incluida la cantidad de futbolistas que se han visto ensombrecidos por esta dupla y que en otra época hubieran dominado y marcado su terreno, por su enorme calidad (Iniesta, Xavi, Robben, Casillas, Buffon, Ribery, Neymar, Neuer, Griezmann…y tantos otros). El fútbol es mucho mejor gracias a Cristiano y Messi.
Seguimos presenciando en directo la batalla más igualada y emocionante del fútbol al unísono, que traspasa fronteras físicas, culturales, sociales, emocionales,  y perdurará a través de los años. La historia interminable por el legado que están construyendo estas dos estrellas, por la cantidad de momentos para el recuerdo y de partidos y competiciones antológicos que hemos podido disfrutar con ellos, por la grandeza de la rivalidad y el espíritu competitivo que han transmitido a todo el planeta.
La historia interminable que, lógicamente, dará paso sobre el césped en algunos años al relevo, un relevo que tiene el reto de llenar el inabarcable vacío que parece dejarán Cristiano y Messi en el panorama balompédico cuando sus cuerpos digan “basta”. Vacío cual cráter de un volcán que ocupa no sólo un planeta entero, sino una constelación completa, un universo de emociones y fútbol, que sólo el tiempo y el progreso nos dirán si ha sido el mayor impacto nunca visto en este deporte, o si podrá ser alguna vez igualado o superado. Hasta que eso llegue, sigamos disfrutando del fútbol total que tenemos aún ante nuestros ojos: la historia interminable continúa.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Y Madrid qué, otra vez candidata olímpica, ¿no?

Conocimos hace poco la decisión de conceder los juegos olímpicos de 2024 a París y de 2028 a Los Ángeles; la siguiente cita en el horizonte es 2032. Y yo le digo a Madrid: “de nuevo, vamos a por ello”. Hay que insistir, seguir con el cántaro a la fuente para que salga. Madrid olímpico 2032, qué bonito. 
Recuerdo un anuncio viral a finales de los 90 de un automóvil que te llevaba donde hacía mucho que no llegaba nadie.  Aparecía un hombre mayor en un pueblo aislado, hablando de temas muy antiguos que él creía seguían estando de actualidad: Ruiz Mateos y Boyer, Franco… y al final el hombre acaba preguntando ”y el Madrid que, otra vez campeón de Europa,  ¿no?“. El Madrid llevaba por entonces más de 30 años sin ganar dicho trofeo, pero ironías de la vida, ese mismo año volvió a ganar: la séptima. Y conquistó 3 en 5 años.  Y más de una década después, otras 3 en 4 años. Juguemos de nuevo con la ironía y el destino para conseguir el mismo efecto en Madrid 2032.
Madrid 2032 vuelve a verse en el horizonte como un reto ilusionante al que no debemos renunciar. Madrid merece los Juegos Olímpicos, merece una transformación que le impulse a seguir convirtiéndose en una ciudad aún más sostenible, solidaria y abierta. Más limpia, más verde, más eficiente y moderna. Más cómoda y completa, más amable. Más deportiva, nacional, europea y mundialmente: más olímpica. Las infraestructuras y recursos que ya posee Madrid son una base muy sólida sobre la que abordar una nueva propuesta viable, que cuenta además con la experiencia acumulada de las pasadas candidaturas de 2012, 2016 y 2020.
Tras un periodo de respiro, Madrid debe volver a presentarse con más fuerza todavía y con muchas lecciones aprendidas. El conocimiento, el capital humano y la capacidad para llevar adelante unos exitosos Juegos están en el corazón y el alma de todos los madrileños, en la voluntad de los que hacemos y participamos de la ciudad, en todos los expertos que la conocen. Está en su forja, en su ADN, en su estrategia a largo plazo de gran ciudad; una ciudad que sabe integrar grandes eventos de manera extraordinaria, capaz de adaptarse y transformarse para mejorar y dar un excelente servicio, para superarse a sí misma y enseñarle al mundo cómo es capaz de gestionar cualquier gran acontecimiento de manera ejemplar, profesional y con mucho sentimiento.
La ciudad está preparada y dispuesta para enamorar y conquistar retos increíbles, pues así lo sentimos la mayoría de los que formamos parte de ella. La voluntad de albergar el sentimiento olímpico en el seno de nuestra ciudad es además apoyada por la mayoría del país, que respira deporte, olimpismo y sus valores por todos sus poros. España es tradición y solera deportiva, una marca muy asociada a los juegos y al deporte, y se merece de nuevo ser el catalizador del movimiento olímpico a través de Madrid: un proyecto conjunto que puede generar de nuevo un sentimiento de unidad y convergencia, incluso de mejora de la convivencia a futuro, en torno a los valores del deporte.
Más allá de intereses económicos, políticos, sociales o geográficos, Madrid32 sería una excelente sede sobre la que hacer crecer los Juegos y su impacto, donde conseguir sacar lo mejor de un pueblo y un país que han demostrado con creces estar a la altura de los grandes acontecimientos del deporte, de contribuir a hacerlos más grandes, mejorándolos, aportando su visión, sus particularidades y su encanto. Volcando la pura pasión de España por el deporte olímpico.
Por todo ello, por no rendirse nunca, por justicia vital y deportiva, por las ganas, la ilusión y mucho más, es el momento de pensar nuevamente en un proyecto que es posible, alcanzable y merecido. Madrid32 debe echar a andar con el apoyo unánime de todos, con la firme convicción de que esta vez sí, será elegido, que ya toca. Madrid lleva tiempo imaginando su sueño olímpico, visualizándolo en una realidad futura no tan lejana, que puede materializarse en 2032. Cree en sí misma, en su capacidad de cumplir su sueño. Con una intensa emoción, persigamos que se cumpla la misma ironía de la vida que se dio con el anuncio que comenté al inicio de este artículo, y sonriamos al lanzar la pregunta al futuro ilusionante y al Comité Olímpico Internacional: “Y Madrid qué, finalmente ciudad olímpica, ¿no?”