martes, 9 de octubre de 2018

El arcoíris de la plenitud ciclista: Alejandro Valverde


Alejandro Valverde está viviendo una segunda juventud sobre la bicicleta. El murciano es, a sus 38 años, un ciclista incombustible, referencia del pelotón mundial, y uno de los grandes de la historia de nuestro ciclismo español. Su carrera profesional es todo un ejemplo para las nuevas generaciones. Su espíritu y su manera de correr, también. 17 temporadas hasta la fecha como ciclista profesional avalan una carrera extraordinaria, sembrada de lucha, entrenamiento duro y grandes recompensas a modo de victorias. De enormes emociones individuales y colectivas, así como de gran sacrificio y entrega. También de superación de obstáculos y momentos muy difíciles en su carrera, de decepciones, sanciones injustas y lesiones dolorosas. Pero de todo ello ha vuelto siempre más fuerte, con un ánimo renovado y unas tremendas ganas de competir.

Valverde es el corredor total, honra ejemplar del ciclismo. Gregario y líder. Rodador y finalizador. Sprinter, clasicómano y de grandes vueltas. Ciclista para fugas, para emboscadas de equipo en forma de abanicos y etapas trampa, para la media montaña y los finales explosivos. Un auténtico todoterreno sobre la bici, un corredor polivalente y adaptable a casi todos los escenarios, algo de lo que muy pocos pueden presumir. No obstante, es el ciclista con más medallas conseguidas en la historia de los mundiales en ruta. También es de los pocos que ha conseguido victorias de etapa en las tres grandes vueltas, y que se ha subido al pódium final de las tres (habiendo ganado una de ellas, la Vuelta), además de haber ganado diferentes clásicas y carreras variopintas del calendario internacional.

Alejandro es un ciclista que se conoce muy bien a sí mismo, lo cual le aporta una ventaja competitiva inestimable. Es lo que te da tantos años de profesión y el aprendizaje sobre la carretera. La experiencia es un grado, y en el caso de Valverde, está sabiendo aprovecharla de manera fenomenal en su beneficio. Como el buen vino, Valverde mejora con los años, y corre con la cabeza y el corazón más que con las piernas, lo cual en los últimos años le está dando unos resultados excelentes. Por supuesto, sigue estando en un estado de forma increíble gracias a su trabajo diario y a cuidarse mucho, pues esto es absolutamente necesario para seguir en la élite. Pero tiene un plus de energía renovado, una sonrisa sobre la bicicleta y el mono de trabajo, un brillo en los ojos que es diferente al de los demás. Es la ilusión por seguir compitiendo como un chaval en su primer día, pero con la cabeza en su sitio y el cuerpo libre, alegre, sin miedos. El suyo es un momento de dulce veteranía, de disfrutar plenamente de su carrera de deportista de élite.

Valverde es el ejemplo de “crack”. Sencillo, educado y respetuoso dentro y fuera del pelotón. Siempre dispuesto para atender a la prensa, a los fans, aun cuando esté exhausto. Consciente de la importancia de defender el ciclismo y de ayudar a hacerlo sostenible con su imagen, su tiempo, y su forma de correr. A hacerlo crecer gracias a su trabajo con los patrocinadores, para los que es un icono fundamental. Comparte su sabiduría con todo su equipo, sus auxiliares y ayudantes, sus directores, sus jóvenes compañeros. Humilde y solidario en carrera, eterno aprendiz de los errores, ha ido perfeccionando la estrategia de sus piernas sobre la bici, la eficiencia de su pedaleo en la carretera. Su potencia siempre dispuesta, su tesón en las piernas y sus feroces finales de etapa le hicieron ganarse el apodo de “el bala”. Muy descriptivo y fiel a su forma de correr.

“El bala” analiza, apunta y dispara. Mide su distancia, marca a sus rivales, prepara su ataque y lanza sus piernas. Explota la potencia de su sprint. La cantidad de kilómetros en su cuerpo no le pesan, al contrario. Más bien le dan una sabiduría y una templanza básicas para saber dominar y gestionar los momentos clave de las carreras. Le dan alas y fortaleza mental para decidir mejor en cada etapa. Y lo más importante, le dan el poso y el saber estar, le liberan de la presión del novato y le permiten saborear su profesión con la sonrisa del que sabe que ya lo ha hecho todo, y lo que venga es un regalo que aprecia intensamente.

Y esta estampa fue la que se reflejó hace unos días en Innsbruck, cuando voló sobre la bicicleta, en el mundial en ruta 2018, donde dejó una lección magistral de ciclismo, de patrón del pelotón, de hacerse respetar, de ir hacia adelante a por su sueño, de dominar de principio a fin, de luchar, sudar y gritar hasta el final, hacia el oro que brillantemente consiguió al sprint por delante de grandes figuras mundiales.



No sabemos cuánto le queda por delante. Ni siquiera él mismo se pone límites o techo a su carrera ciclista. Está en su plenitud y sólo piensa en disfrutar de esa libertad a la hora de correr. De pedalear, de brillar sobre la carretera hoy, sin pensar en la etapa de mañana o en la siguiente carrera. Alejandro está viviendo una merecida edad dorada sobre las dos ruedas y nos está haciendo disfrutar con ello. Se hace más grande con el tiempo, más fuerte, más sereno y más feliz. Su carrera ya es enorme y su nombre una leyenda del ciclismo en el mundo, en España y en su tierra, Murcia. Rematado además con un broche de oro en forma de maillot de campeón mundial que se ha ganado el derecho de lucir a lo largo del año que viene. El mejor ciclista del mundo en ruta es hoy Alejandro Valverde, un deportista con un enorme pasado y un delicioso futuro, pero sobre todo presente. Un inmenso corredor que está en el arcoíris de la plenitud ciclista.


lunes, 1 de octubre de 2018

Compartir el sueño, el mayor éxito: FIBA WWC Tenerife 2018

La selección española de baloncesto femenino ha conseguido una extraordinaria medalla de bronce en el campeonato del mundo de Tenerife 2018. Es, más que nunca, fruto de un trabajo y sacrificio descomunal de todo un equipo. Detrás hay horas interminables de preparación, de análisis y planificación, de trabajo físico pero también mental. Hay jugadoras que han llegado muy mermadas físicamente, con poco rodaje o recuperándose en tiempo récord de lesiones. Muchas han jugado con dolor, con molestias o con limitaciones que a contrarreloj se han ido tratando de solventar durante esta larga preparación de más de tres meses, para llegar como fuera a cada partido de esta intensa semana de mundial. El espíritu incansable de este equipo no sólo se ve dentro de la cancha, también fuera. Han hecho lo imposible para estar ahí arriba, compitiendo a pesar de todos los obstáculos. La capacidad de superación ha sido posible gracias a su mentalidad, a su fuerza de equipo. Unas a otras se contagian de ganas, de ambición, de lucha. Y de baloncesto, de su juego colectivo y de su identidad propia, el estímulo que las ha hecho grandes de nuevo.




Este equipazo lleva más de dos décadas estando en casi todas las fases finales de los grandes campeonatos femeninos, que ya es un mérito tremendo. Y además, en todos ellos compitiendo al máximo nivel. Lleva sin bajarse del pódium desde 2013, consiguiendo seis medallas en otros tantos años (dos oros y un bronce europeos, una plata y un bronce mundial, y una plata olímpica). Números impresionantes para una selección que está entre las mejores del mundo año tras año. Llegar es difícil, pero mantenerse en la élite es extremadamente exigente y complicado. Y sostener el nivel transgeneracional es un reto que se mantiene a base de compartir la ilusión, la entrega y saber transmitir los valores del equipo de unas a otras. Hay que quitarse el sombrero, aplaudir y agradecer sin parar, y pellizcarse para disfrutar de esta época histórica que estamos viviendo, un ciclo que parece siempre tiene relevo.



Las jugadoras son la cara más visible, el rostro de la superación común, pero detrás de ellas y su éxito hay todo un plantel que consigue hacer que esto sea “La Familia”. El cuerpo técnico con Lucas Mondelo a la cabeza, los preparadores, analistas, auxiliares y personal de apoyo. El equipo de coordinación, gestión y ejecución de la Federación Española de Baloncesto. Todos ellos llevan años trabajando y sembrando el futuro desde una idiosincrasia familiar y de confianza en el grupo. Especialmente en los últimos años, el baloncesto español ha proyectado un modelo de trabajo basado en el talento natural, la confianza, la solidaridad y la resiliencia común  entre sus miembros. Una comunidad inclusiva, que actúa con los vínculos propios de una familia, y que otorga a todas las categorías de la selección española el equilibrio, la cercanía y la sencillez desde la que se comen el mundo.



Por eso en este mundial, el sueño de nuestras chicas ha sido compartido con todos. Porque la fuerza del equipo estaba más presente que nunca, porque compartir objetivos siempre llama a la unión y contagia el entusiasmo de manera mucho más viral. Las jugadoras han sentido en la cancha el calor y el empuje de una afición volcada, la de Tenerife, que era la de un país entero, y que les ha llevado en volandas a creer que podían conseguirlo cuando más difícil se ponían las cosas. Porque soñar sin límites es más fácil cuando las metas son comunes.

 

Cuando “La Familia” acoge en su sueño a todos los aficionados, a toda la comunidad global del baloncesto, consigue no sólo que toda España se vuelque con su equipo, sino que el mundo entero se haga eco de ese entusiasmo, participe en hacerlo más grande y lleve sus ojos hacia un evento extraordinario, reconociéndolo como el mejor mundial femenino de baloncesto de la historia. Por inversión, impacto económico, apoyo institucional, asistencia y difusión, los números así lo dicen: cerca de 7 millones de euros de presupuesto (con un retorno estimado de 30 millones), más de 400 medios internacionales acreditados, 240 horas de retransmisión de baloncesto en 145 países con derechos televisivos, 215 personas en la organización, 45 empresas colaboradoras locales, más de 300 voluntarios, y más de 7 hoteles con casi 9.000 pernoctaciones. En las canchas, 16 selecciones agrupadas en 2 sedes, 40 partidos en 9 días. En las gradas, más del 96% de las entradas vendidas y una asistencia superior al 90%. Las audiencias en Teledeporte cercanas a los 300.000 espectadores de media en los partidos de España, con picos de 500.000, son muy similares a las de los últimos partidos de la selección masculina. El apoyo incuestionable de la comunidad global del baloncesto, FIBA, instituciones, patrocinadores y sponsors al evento organizado por la FEB ha batido todos los récords en la historia de esta competición.

El éxito de Tenerife, de España y de la Federación Española en este mundial ha superado con creces todos los objetivos. España como equipo y selección de talento. Como país productor de deporte de alta competición. Como garante de gran organizador de eventos deportivos. Como marca país, en la élite competitiva y en valores. Como generador de baloncesto a todos los niveles, que cuida e impulsa los límites de su deporte hasta cotas insospechadas.

La Federación Española de Baloncesto tenía un doble reto: organizar un excelente mundial acorde a las expectativas FIBA, y conseguir que la selección española brillara en él. Ambos objetivos se han realimentado el uno al otro, multiplicándose exponencialmente en lugar de simplemente sumarse. Toda la ilusión, pasión y entusiasmo que se ha enfocado en nuestra selección, ha traspasado como un tsunami los límites de la misma y ha llegado a todas las selecciones que participaban, a todos sus aficionados, a todos los medios, a todos los patrocinadores y participantes de todos los rincones de la isla de Tenerife, de España y del mundo entero. Contagio global de una pasión nacional: nuestra forma de transmitir, vivir y organizar el baloncesto ha impresionado a todo el planeta, y ha conseguido que el evento haya tenido un éxito mucho mayor de lo esperado.

 

España se ha llevado el bronce dentro de la pista,  pero fuera de ella, el oro es para el baloncesto femenino mundial, abanderado en este caso por nuestro país y nuestra Federación de Baloncesto. Extendiendo el sueño a todos, mostrando el espíritu de equipo a través del evento. Haciendo partícipe al mundo entero de los valores del baloncesto a través de nuestra forma de entenderlo y de trabajarlo: unidad, esfuerzo, sacrificio y pasión en cada día. Y todo ello desde la humildad, la cercanía y la sencillez. España era el lugar idóneo donde celebrar este mundial, para dar el siguiente paso en el baloncesto global, y Tenerife ha respondido con creces a las expectativas de todos. Canchas llenas, aforo rebosante de color y calor, pasión y emoción, espectáculo en las gradas, viviendo a tope cada canasta y cada jugada. Un mundial vistoso, abierto a todos, una fiesta con la que celebrar un gran progreso: el del respeto al deporte, al baloncesto y a sus valores, a la mujer como esencia impulsora e igualitaria, a los jóvenes y al futuro, a la inclusión social de los más desfavorecidos a través del deporte.



Este evento ha conseguido trasladar “Un Sueño Compartido” más allá del tiempo y del espacio, de la edad y de las fronteras. El mundial ha hecho posible aumentar la exposición y el seguimiento del baloncesto femenino, mejorando la competición y reduciendo la brecha mediática con el baloncesto masculino. Se trata con ello de continuar impactando positivamente en la juventud, de hacer más plural este deporte, de fomentar su práctica, de promocionar el incremento de licencias femeninas para impulsar más que nunca la igualdad a través del mismo. La mujer en el deporte lleva un ascenso imparable y el baloncesto es a la vez un extraordinario vehículo y termómetro para ello.



Este maravilloso mundial no acabó ayer, sino que continúa con una importante tarea de promoción y más de 50 actividades específicas en los próximos meses, en lo que debe ser un gran legado para el futuro del deporte femenino. Hay que seguir creando valores y emoción para construir el baloncesto del mañana, para fortalecer el papel de la mujer como referencia del mismo, y para trascender más allá de las canchas. El “Sueño Compartido” de España en este mundial, su energía y dedicación sin precedentes, quedará para siempre grabado con letras de oro en la historia del baloncesto como un hito fundamental en su evolución. El mundo entero se ha hecho partícipe de nuestro sueño compartido, impulsando así un mundial de baloncesto femenino espectacular, único y de dimensiones que trascienden hacia el futuro en todo el planeta. Enhorabuena a todos y muchas gracias por este gran evento.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

El Tour lleva la fama, pero la Vuelta carda la lana

Cómo mola la Vuelta ciclista a España. Es una carrera intrépida y divertida donde siempre están pasando cosas interesantes en las distintas pugnas abiertas, por las etapas, por la general, por los diferentes maillots y premios en juego. Es mucho más dinámica que el Tour de Francia. Es una carrera que se ha sabido adaptar a los tiempos modernos mucho mejor que su homóloga francesa. Ha sabido evolucionar al mismo ritmo que el ciclismo, cambiando a mejor, encontrando su sitio, dándole al público lo que demanda. Ante la abúlica propuesta del Tour, cada vez más gris y encajonado entre las directrices planas de un ciclismo lineal, la frescura de la Vuelta nos recuerda el chispazo de los pedales, el deleite de los demarrajes en carrera, y nos brinda un dinamismo extraordinario cada año.



El Tour, “La Grande Boucle” francesa, la gran carrera ciclista por excelencia en el panorama mundial, tiene el cartel, la historia y la fama de ser la mejor, de ser la aspiración máxima de cualquier ciclista. Pero se ha convertido en un foco tan agobiante y previsor que anula cualquier opción de sorpresa, de que el guión no sea el establecido. Sólo pueden pasar ciertas cosas, en determinados momentos. Todo se mide, se prepara, se dirige demasiado. Apenas hay ataques, emboscadas o estrategias improvisadas, apenas hay espacio para el ciclismo puro. El Tour tiene el espectáculo demasiado medido, exageradamente dosificado en pequeñas muestras. Las etapas son mucho más previsibles y rancias, mucho más gobernadas por grandes escuadrones (últimamente el patrón Sky), que no permiten margen a movimientos espontáneos, a sorpresas demasiado tempranas o muy tardías.

Parte de esa monotonía se debe también al recorrido, a la organización. El Tour se ha convertido en un ente tan mediático como insulso, tan influyente como aburrido. Nada en la abundancia de posibilidades, perfiles, puertos, localizaciones, pero no explota el tempo de su producto, no exprime ni reinventa sus recorridos, ni plantea nuevas formas de explorar el ciclismo. No da opción a que ocurran cosas diferentes en momentos distintos a los esperados, no hay etapas trampa antes de lo previsto, no hay posibilidad de ver más que un estilo de ciclismo único de bloque, dominado por la tensión y el miedo a salirse del guión, a respetar con excesivo celo a las grandes figuras y equipos que lo dominan. El Tour es todo lo contrario al libre albedrío.

 

La Vuelta en cambio, ofrece un jugueteo mucho más atractivo en la carretera. Su organización sabe salirse del guión, es capaz de orquestar extraordinarios perfiles y finales de etapa, estratégicamente situados a lo largo de las tres semanas de carrera. No es tan previsible como el Tour, da lugar a que los ciclistas prueben sus opciones cada día, se vean capaces de sorprender y de romper el ritmo de un pelotón que es deliciosamente ingobernable desde el primer día hasta el último. Siempre hay jornadas innovadoras, distintas cada año. Fuera los estereotipos de que no puede haber montaña la primera semana de carrera, o el penúltimo día. O contrarrelojes siempre en los mismos formatos. Nada de repetir todos los años los mismos tópicos, los mismos parajes clásicos. La Vuelta es capaz de innovar, de proponer una carrera mucho más abierta y competida, lo que favorece el espectáculo, pues sorprende a los propios ciclistas, que se crecen y se vuelven más ambiciosos en ruta.



Detrás de esta gran carrera hay mucho trabajo, mucha dedicación e imaginación. Hay verdadera vocación por hacer de esta carrera la más espectacular del mundo, la más original. Hay una búsqueda constante para que la Vuelta sea inclusiva, plural, representativa y compartida. Busca todos los rincones de nuestra geografía que le puedan hacer bien al ciclismo, y con ello el gran entusiasmo de su gente, que aporta una dosis extra de emoción. Plantea cosas distintas, busca soluciones atractivas. No hay más que ver los cambios de líder que ha habido hasta ahora, en el ecuador de la edición de 2018, o los ganadores que ha tenido cada etapa, tan variopintos, tan entregados a esta carrea. Otra muestra es que a estas alturas de la actual edición, entre los diez primeros de la clasificación general hay menos de un minuto de diferencia. El ciclista responde a las exigencias de una carrera en la que disfruta, y el aficionado lo agradece doblemente. Es apasionante.

La Vuelta tiene algo diferente. Una pasión de otro color, un sabor a bicicleta  entendido desde la emoción y la batalla sin descanso. No es amiga de las etapas de transición, sino de la competición al descubierto y sin gobierno. Ofrece a los ciclistas un cara a cara sin máscaras, un duelo de piernas siempre abierto a cualquiera que lo quiera probar, en cualquier momento. La de 2018 está siendo, otro año más, una carrera extraordinaria y aún  nos queda la segunda mitad de la ronda, con un elenco de etapas espectaculares por delante. Magia en la carretera.

Por eso, para mi la Vuelta es mucho más bonita, vibrante y emocionante que el Tour. Es la mejor carrera del mundo, si hablamos de ciclismo espectáculo, si buscamos lucha y emoción imprevisible. Si hablamos de marketing, impacto económico, de tópicos y de historia, el Tour seguirá siendo la carrera con más solera. Pero está mucho más vacía de ciclismo de verdad, pues hace años que perdió su esencia para aburguesarse en los lares del negocio deportivo teledirigido. De hecho, ayuda más a echarse la siesta que a vivir la pasión del ciclismo. El Tour sigue llevando la fama, pero la que carda la lana es la Vuelta.

Viva la Vuelta ciclista a España, orgullo de un país que sabe hacer ciclismo como ningún otro, y atraer a su tierra extraordinarios corredores del pelotón mundial, que vienen buscando espectáculo, batalla sin cuartel y recorridos genuinos. Ciclistas que vienen además con las ganas simbióticas de construir una competición diferente y a reencontrarse con la pureza de este deporte por las carreteras y poblaciones españolas. La Vuelta es un escaparate que permite al ciclista mostrar el brillo de siempre, la naturalidad de antaño,  pero en el siglo XXI. Es la mejor gran vuelta del momento, la que más cuida de la esencia del ciclismo en el presente y su transición hacia el futuro. La que persigue superarse cada año y sorprender a los aficionados. La que genera expectación sobre la carretera cada día, colorido y una propuesta única en cada edición. La vida son sólo dos días, y la Vuelta son tres semanas del mejor ciclismo del mundo cada año.

martes, 21 de agosto de 2018

Equipaje de verano: vacaciones, descanso… y DEPORTE

La época estival es por excelencia el momento preferido para tomarse un periodo de descanso, desconectar, cambiar de aires y hacer cosas diferentes que a lo largo del año no tenemos tanto tiempo de hacer. Es necesario relajar cuerpo y mente para recargar pilas y pensar en otras cosas, pero, ¿qué llevamos en la maleta de las vacaciones? Sentimos la necesidad de dejar atrás durante un tiempo las obligaciones, las cosas que nos gustan menos, lo que nos carga, lo rutinario. Esto incluye objetos, actividades, lugares, personas… Está bien, dejemos fuera del equipaje veraniego, física y mentalmente, aquello que no necesitamos durante las vacaciones, soltemos lastre, pero por favor, hagamos siempre un hueco al deporte en él.


El deporte es como el saber, que no ocupa lugar. Llévalo contigo allá donde vayas en verano, porque es ligero, es un amigo. Es flexible y práctico, se adapta perfectamente a todos los esquemas y formas vacacionales, a todos los perfiles físicos, a todos los bolsillos, a todos los entornos y a todos los huecos temporales que tú le permitas. Haz lo que quieras, lo que puedas.



Puedes caminar, correr, a tu ritmo. Sólo o en grupo. Explora la montaña y la naturaleza en ruta, haz escalada, o senderismo. Pasea mientras conoces otras ciudades o la bahía de la costa. Visita el mar, el pantano o la piscina para nadar, ejercitarte sobre el agua. Puedes pedalear un rato en la bicicleta, en el gimnasio, en la ciudad o en el parque. Disfruta de la brisa en la cara y de la libertad del ejercicio. Hazle hueco a la gimnasia, yoga, pilates o similares: estira el cuerpo y la mente de todas las formas que encuentres. Ve a navegar, a surfear o practicar deportes acuáticos tan propios del verano. Coge un kayak, canoa, un hidropedal o haz esquí acuático. Desciende por el río o lánzate en tirolina. Juega con las olas, salpica y diviértete con ellas.  Bucea y explora el fondo marino. Ve a pescar o a echar unas bolas de golf. Anímate a una pachanguita de baloncesto o de fútbol con los amigos. Apúntate al torneo de pádel, tenis o frontón de la zona, del club, o simplemente pelotea con algún desconocido o contigo mismo. Participa en la carrera popular de las fiestas del pueblo, en un triatlón o en una marcha cicloturista; estírate en la pista jugando al vóley-playa. Salta, corre o revolotea por la arena con los niños, hazles participar de alguna actividad en movimiento, con el “frisbee”, las palas o la construcción de castillos. Patina, haz una ruta en moto, incluso esquía sobre la nieve si estás muy lejos, al otro lado del globo.



Aprovecha para todo ello las horas de luz, el sol, el viento, el agua. Empápate del aire limpio y renovado en los pulmones, del sudor agradecido en tu cuerpo. No es necesario competir ni ejercitarse al máximo nivel. Tampoco hay que hacerlo todos los días ni durante mucho tiempo, pero sí con cierta regularidad. Al nivel que se pueda, lo que esté más a mano y sea más factible para cada uno, pero se trata de no aparcar el deporte durante las vacaciones veraniegas, al contrario. No te pares, no te oxides; mantente activo e incluye el ejercicio físico liviano, ameno, en el delicioso periodo de descanso.

Porque el deporte es higiene mental permanente, un elemento de desconexión, eliminación de toxinas y recarga de energía como lo puede ser un buen libro, una puesta de sol, un concierto al aire libre o unas cañas con los amigos. Es una manera de entrar en contacto con uno mismo y de sentirse mejor. El ejercicio físico es una fuente salud corporal y mental, una herramienta que nos ayuda a estar más en paz, en equilibrio con el mundo que nos rodea.

Procura sudar un poco, procura concentrarte en el siguiente golpe, ola, zancada o lanzamiento. Pásatelo bien, diviértete con ello. Disfruta sintiendo tu cuerpo en acción, escuchando lo que te dice con cada postura, cada movimiento. Siéntete vivo, cansado físicamente pero satisfecho. Encuentra agujetas en sitios insospechados y ríete de ellas al día siguiente. Experimenta en esta época la plenitud de sentirte más ligero que el día anterior, más contento, más decidido a superarte. El verano es una época propicia para encontrar nuevas actividades deportivas, para descubrir ejercicios y planes que nos ayuden a mantenernos en forma y sanos.

Y cuando estés cansado de practicarlo, relájate, tómate un merecido descanso y disfruta del deporte de élite por televisión, que en estos meses estivales hay mucho, variado y muy bueno. Todos los años podemos disfrutar de los imperdibles: Tour de Francia, Wimbledon, Vuelta Ciclista a España, US Open y Másters de Tenis, partidos de pretemporada de deportes colectivos, motos, fórmula 1…. Y cada año además nos acompañan competiciones extraordinarias y cambiantes según el calendario, especiales y diferentes: campeonatos mundiales o europeos, tanto de baloncesto, como de fútbol, natación, atletismo, bádminton, balonmano… incluso Juegos Olímpicos cuando toca.  Una delicia televisiva para seguir vibrando con las competiciones profesionales de máximo nivel también durante nuestras vacaciones.

Así que este verano, vayas donde vayas, recuerda que el deporte es tu compañero ideal de vacaciones, para practicarlo y para verlo, porque te ayuda a disfrutarlas más. Incluirlo en tu maleta son todo ventajas, pues es muy agradecido: te da mucho y pide poco a cambio. Hazle hueco en tus rutinas y te mantendrá más activo y más entretenido. Además, te ayudará a hacer una transición suave  a modo de pretemporada. Acuérdate de él, compártelo y siente su bienestar. Felices vacaciones y feliz deporte estival.

miércoles, 25 de julio de 2018

“Inspiration Women”, el espejo de los sueños




La Federación Española de Baloncesto ha puesto en marcha, junto al Diario As, una magnífica iniciativa con motivo de la celebración del próximo mundial de baloncesto femenino que se disputa en España (Tenerife), del 22 al 30 de septiembre. Se trata de un ciclo de conferencias bajo el lema “Inspiration Women”, destinados a dar a conocer y compartir historias de éxito de mujeres de diferentes ámbitos de la sociedad, vertebrado con el hilo conductor de la mujer en el deporte. Su misión es la de ser un espejo, una fuente de inspiración que consiga enganchar a los jóvenes hacia el desarrollo de carreras exitosas, hacia la persecución de sus sueños en la vida. También la de atraer y promover, en este caso, la atención de los aficionados hacia el baloncesto, reclamando más apoyo y seguimiento, más interacción, fomento y práctica de este deporte.

Se trata de dar visibilidad y empujar el papel de la mujer en la sociedad, de poner en valor sus capacidades, y de enseñar mediante ejemplos enriquecedores, cercanos, reales. En un mundo idealmente igualitario y sin discriminación, esto no sería necesario, pues hombres y mujeres tendrían las mismas oportunidades y derechos, y serían valorados por criterios objetivos sin sesgos. Pero dado que el peso de la historia nos hace partir de una situación anómala, iniciativas como esta se tornan más necesarias que nunca, y se agradecen como viento fresco que renueva la ilusión por construir una sociedad paritaria en el futuro. Aún queda mucho por recorrer, pero lo importante es ponerse en marcha, y acciones como ésta nos recuerdan que estamos avanzando.



En mayo, las protagonistas del primer evento fueron Anna Montañana (ex jugadora internacional de baloncesto y entrenadora ayudante del Montakit Fuenlabrada) e Inmaculada García (presidenta de Loterías y Apuestas del Estado). Ahora en julio, con el segundo hito, les ha tocado el turno a Alba Torrens (jugadora internacional de baloncesto y de la selección española femenina) y a Nathalie Picquot (directora general de Twitter España). En septiembre, previo a la celebración del mundial, tendrá lugar el tercer ciclo de estas conferencias.

Resulta muy agradable la naturalidad con la que estas mujeres hablan de sus vidas, de su lucha por conseguir sus sueños. El denominador común de todas, este “Sueño Compartido”, se convierte precisamente en el lema de la campaña que está impulsando el mundial femenino en nuestro país durante estos meses. En estas charlas se aprecia que nada es fácil, para nadie, pero que el camino hacia la felicidad, el desarrollo personal, profesional y la consecución de las metas en la vida se hace más factible si uno cree en sí mismo, si tiene la determinación de conseguir lo que quiere. Estas mujeres lo hicieron, y lo siguen haciendo hoy en día. Su ejemplo de constancia, esfuerzo y sacrificio nos trae los resultados que proyectan en sus discursos: mujeres seguras, felices, plenas. Mujeres que han sabido crear las oportunidades en sus vidas mediante entrenamiento diario de los valores más necesarios. Mujeres que hacen avanzar el mundo con su empuje, su inspiración y con las ganas de contagiar su energía. Mujeres agradecidas que se sienten orgullosas de mirar hacia atrás y poder hablar de sus excepcionales resultados o experiencias, pero a la vez exigentes y autocríticas cuando miran al futuro, persiguiendo mejorar más.



Las historias que han compartido estas mujeres deben hacer eco en todos los estratos sociales, pero tienen un efecto especialmente potente a la hora de conectar con los jóvenes. Ellos son el futuro, y es muy importante que aprendan a perseguir sus metas pensando que éstas son posibles si se comprometen, confían y perseveran. Las mujeres de “Inspiration Women” nos hablan de la importancia de descubrir lo que nos emociona, pues es lo que nos mueve a luchar por las metas en la vida. Conjugan humildad y compromiso para superar los retos, y entienden orgullosas que rodearse de un equipo con el que perseguir sueños compartidos engrandece la tarea. También nos hablan de ser inconformistas, no rendirse nunca y luchar ante la adversidad. De desarrollar una fuerte resiliencia, de forjar un carácter que permita sobreponerse a las dificultades que se encuentran en el camino. Creer en uno mismo es lo más importante, dicen, como también lo es aceptar que, a pesar de todo, no siempre se consiguen los resultados esperados. En esa tarea, el deporte tiene la capacidad y a la vez la responsabilidad de enseñar a perder y a ganar, a disfrutar y a compartir, a competir y a explorar nuestros límites.

El deporte femenino en general, y el baloncesto en particular, tienen en este sentido mucho que contribuir al desarrollo de la mujer en España y en el mundo. Este próximo mundial debe marcar un hito, un antes y un después. Un trampolín que impulse el crecimiento de aficionados, licencias y práctica general de este deporte. La Federación Española de Baloncesto así lo percibe, y está llevando a cabo una excelente estrategia de difusión y expansión que va más allá de la cancha y se trasmite a través de su cultura, valores y principios. Para ello, está utilizando diferentes tipos de eventos, plataformas, competiciones y campañas, como ésta que nos ocupa, con las que impulsar la actividad femenina y su desarrollo en torno a la canasta. Un ejemplo fundamental para conseguir este objetivo a futuro es la retransmisión de los partidos de la Selección y de la liga femenina DIA a través de Twitter, que permitirá acercar la competición al aficionado con mejores herramientas, más información e interacción.

En definitiva, todo suma. Las iniciativas anteriores vienen a impulsar esta corriente en el marco del programa Universo Mujer, creado por el Consejo Superior de Deportes, en el que se pretende conseguir un cambio de paradigma, de actitud y de percepción de los españoles ante el papel de la mujer en la sociedad y en el deporte en nuestro país. Estamos ante un momento de transformación y cambio, de apostar realmente por una intensa promoción, de profundizar en la dimensión educativa, social y cultural de la mujer y el deporte, y de asimilar con naturalidad la igualdad en todos los ámbitos. Ello requiere de la implicación y participación activa de toda la sociedad, para la construcción de un modelo de convivencia inclusivo, más justo y sano. La mujer en el deporte, no sólo dentro del terreno de juego sino también fuera, desde la perspectiva de liderazgo, formación, responsabilidad social, desarrollo, planificación y promoción, es el vehículo ideal para visualizar este cambio con el impacto y la capilaridad necesarios. En la medida en que consigamos incorporar los valores del deporte al día a día de la sociedad, a nuestra educación y a nuestro modelo de convivencia,  los jóvenes estarán mejor preparados y más capacitados para conseguir sus sueños, y nuestra sociedad alcanzará mayores niveles de estabilidad, madurez y crecimiento.

“Innovation Women” es un excelente altavoz para concienciarnos de que queda mucho por hacer, pero también de que hay mujeres que son un excelente ejemplo para las generaciones venideras. Dar a conocer sus historias y sus emociones mediante este tipo de acciones, facilitando su papel de embajadoras para guiar a los jóvenes, es una potente herramienta que nos recuerda la responsabilidad de crear un mundo mejor cada día entre todos, y de progresar juntos. A través de la inspiración en mujeres de éxito, tenemos la extraordinaria ocasión de recorrer un camino más natural y sostenible que nos debe llevar más lejos, a seguir luchando por nuestros sueños. Gracias a la Federación Española de Baloncesto por crear esta oportunidad y compartirla.

jueves, 19 de julio de 2018

Rusia 2018, un mundial en la retina

Junio 2018, el mundial de fútbol. Ese evento mágico y único que nos visita cada cuatro años. Que nos mantiene en sesiones maratonianas viendo fútbol, analizando los grupos, las posibilidades, los enfrentamientos dispares entre culturas diferentes, o entre clásicos históricos, con jugadores tan diversos. Equipos y aficiones llenos de ilusión, países enteros que se paralizan por ver sus colores y seguir a su selección. O a cualquier selección, el caso es empaparse de mundial, exprimir el delicioso mes intensivo que nos trae esta competición y seguir el día a día como si no hubiese nada más importante. Participar es una fiesta para algunos, para otros ganar es la obligación. Para los amantes del fútbol, seguirlo es una tradición de la que no es posible prescindir.

El mundial consigue marcar el tempo del planeta durante el mes que dura. Todos somos un poquito más felices mientras hay mundial, no nos vamos a engañar. Nos emociona, nos hace vibrar, nos hace sonreír y soñar, nos ayuda a conocer más el mundo, su cultura, tradiciones, su geografía. El mundial está para no hacer planes más allá de los partidos, para quedarse en casa amortizando el sofá, para compartirlo en las plazas y en los bares. En año de mundial la natalidad crece, el turismo mejora y aunque algunas parejas lo encuentren incomprensible, el mundo se da una tregua amistosa que hace más amable y llevadero el día a día de esta sociedad.

Durante el pasado mes hemos presenciado en Rusia 2018 un mundial sorprendente, entretenido, diferente. Con muchos goles, con muchas jugadas decisivas en los últimos minutos, con acciones determinantes que han cambiado partidos en los instantes más emocionantes. Con el VAR como protagonista novedoso, una ayuda que ha venido para quedarse, más ecuánime, aunque a veces dilate en suspense la alegría incontenible que provoca un gol. Con eliminaciones tempranas e inesperadas de selecciones favoritas como Alemania, Argentina, España o  incluso Italia, que ni siquiera clasificó para Rusia. Con sorpresas y equipos rindiendo por encima de lo esperado (Croacia, Inglaterra, Suecia).

Ha sido un mundial de bloques, de equipos más que de estrellas individuales: Messi, Cristiano y Neymar se fueron pronto para casa. Su aportación aislada no fue suficiente para conseguir llevar a sus selecciones más lejos, lo que demuestra que el fútbol sobre el césped es hoy más colectivo que nunca, a pesar de que el marketing y los contratos digan lo contrario. Los jugadores pueden ganar partidos pero los equipos ganan campeonatos. Así lo hemos visto en los bloques sólidos y comprometidos basados en la fuerza del conjunto, que han llegado hasta las últimas rondas: Francia, el campeón merecido por solidez, táctica seria y disciplinada, solidaria, práctica y eficaz; Croacia, una selección sacrificada, equilibrada y más motivada que las demás; Bélgica, probablemente el equipo que mejor fútbol ha desplegado, que más ha brillado gracias al talento joven y combinativo de sus jugadores, a la asociación grupal de toque alrededor del balón.

Se agradece la frescura que aporta el mundial a la hora de ver un juego diferente. Las selecciones juegan de otra manera distinta a los clubes; la competición especial anima a ello. Un fútbol desde otro paradigma, más comprimido, más definitivo, más imprevisible. Un fútbol donde el dominio de los equipos europeos está más patente que nunca sobre el campo (con cuatro semifinalistas de este continente); además, los últimos cuatro mundiales los han ganado combinados del viejo continente: Italia, España, Alemania, Francia.



Asimismo, a nivel del escaparate individual que supone el mundial para la mayoría de jugadores, en este hemos asistido a un fenomenal desfile de candidatos: descubrimos futbolistas magníficos que no sabíamos ni en qué equipo o liga jugaban, que se revalorizan, y el mercado de fichajes se anima. La caza de jugadores tras un mundial se vuelve normalmente muy entretenida, y ojalá siga esa tendencia este verano, aunque la inflación desproporcionada del mercado por las grandes estrellas en los últimos años ha provocado un salto insalvable para la economía de la mayoría de clubes del mundo, lo que mengua la actividad.

Hemos podido disfrutar de un mundial retransmitido por televisión en abierto al 100%, al menos en España, cosa cada vez más extraña de ver, lo cual aseguraba fútbol casi a todas horas. Hemos contemplado cómo el seguimiento y las interacciones con el evento a través de todos los canales que las redes sociales permiten hoy por hoy se multiplicaban exponencialmente durante este fantástico mes. Hemos asistido una vez más a un desplazamiento masivo de aficionados, pieza capital que da sentido a un mundial. Espectadores que dan color y calor a las gradas, a los estadios y a las ciudades, que cantan sus himnos con pasión y que reclaman al mundo un trocito de protagonismo a propósito del fútbol. Personas que esperan este evento durante años, ahorrando para hacer el viaje de sus vidas y cruzar medio planeta para vivir el fútbol en directo.



En la retina queda un mundial que ha cumplido expectativas organizativas, sociales y económicas. También a nivel deportivo para unos cuantos, aunque no para nuestra querida España, cuya tormenta inicial dentro del equipo se ha tornado insalvable finalmente. Un episodio del que aprender a futuro, y del que ya pasamos página mirando al horizonte con optimismo y confianza en la continuidad de un estilo y una forma de entender el fútbol, aquel que nos llevó muy lejos, y que nos debe seguir manteniendo en la élite competitiva mundial del fútbol.

De Rusia 2018 queda también un poso de juego limpio, donde el número de tarjetas y expulsiones registradas ha sido el menor de la historia reciente. Tampoco ha habido especiales encontronazos, tánganas o acciones violentas sobre el césped; comportamiento que es de agradecer por el buen ejemplo que supone (otra consecuencia positiva que también es gracias al VAR). Aficiones más respetuosas con los himnos, estadios más modernos y muy tecnológicos que han permitido vivir el fútbol con la mejor calidad desde todos los ángulos y perspectivas hacia todos los rincones del planeta.



Ha sido un mundial muy positivo en todos los sentidos, un evento muy disfrutado para todos. Sobre el campo y fuera de él, el reto es seguir haciendo evolucionar este extraordinario evento, pero manteniendo su excelente nivel como producto de entretenimiento. Lógicamente, debe buscar el seguir creciendo en expectación, seguimiento y valor, pero sin desvirtuar el formato, la emoción que genera, la igualdad y lo impredecible de sus resultados, las condiciones para que los futbolistas rindan al máximo nivel y den el mejor espectáculo, y sobre todo la pasión de un evento por el que el planeta fútbol siente devoción. Con estas premisas, el mundial viajará en el tiempo dentro de cuatro años, en 2022, hasta Qatar, donde habrá cambios importantes: respecto al calendario (se jugará en el otoño del hemisferio norte), y respecto al número de selecciones, cuyo aumento está aún por ratificar. Confiemos en que FIFA no patine y permita mantener la esencia que hace grande, único y diferente al mundial: la pasión por el buen fútbol, la emoción de grandes partidos y el formato más atractivo posible para el espectador.

jueves, 12 de julio de 2018

Cristiano Ronaldo, la leyenda contra el tiempo

No habrá otro como Cristiano Ronaldo, será insustituible. Goleador voraz, competitivo al máximo, líder indiscutible, ganador nato, creyente en sus posibilidades por encima de todo. Atleta hecho a sí mismo a base de trabajo incansable, de nunca rendirse, con una mentalidad de acero y una resiliencia imbatible. Futbolista total, probablemente el más completo de la historia, motivador estandarte e icono del balompié mundial, capitán de su país, deportista de estadísticas inconmensurables, a base de una carrera de récords.
Con un físico portentoso, un ego superlativo y una mente empeñada en ser el número siempre, contra viento y marea, contra las circunstancias, contra el mundo, contra sí mismo y contra el tiempo. Estuvo en el momento preciso y en lugar correspondiente para marcar un antes y un después en el fútbol. En la época más excelsa de este deporte, en el club más grande donde podía crecer. Ha sido todo lo grande que ha querido, ha elevado al Real Madrid todo lo que ha podido.
Cristiano y el Madrid se han realimentado mutuamente en una relación simbiótica que durante la última década ha cosechado unos frutos gloriosos a nivel de títulos deportivos, prestigio mundial, impacto económico y mediático. También ha cosechado recelos y odios, no nos engañemos, pues la ambición sin límite por ganar y ser el mejor, la autoexigencia sin sensibilidad, despide emociones de falta de humildad y prepotencia.
Gracias a Cristiano, entre otros, el Real Madrid ha conseguido no sólo equilibrar el pulso que venía perdiendo con el Barcelona antes de la llegada del portugués, sino que ha conseguido doblegar a su rival en la hegemonía europea y mundial, sobre todo en el último lustro. Y ello a pesar de coexistir con Leo Messi (honestamente, el mejor futbolista de la historia con el balón en los pies), lo cual ha hecho mucho más grande y espectacular la batalla del fútbol en nuestra liga, y mucho más meritorio los impresionantes números de Ronaldo con el Madrid: 450 goles en 438 partidos, 16 títulos (4 Champions entre ellos), 4 balones de oro, 3 botas de oro… pero sobre todo su espíritu de superación, capacidad de creer en sí mismo, en la victoria, en ser cada día más grande. Quizá el mejor resumen de todo ello se plasme en el gol de chilena que le marcó precisamente a la Juve esta temporada: “Cum laude”, excelso colofón a todo lo que ha sido Cristiano Ronaldo en el Real Madrid.



Puede que no haya caído bien como persona, incluso dentro del Bernabéu, pero su aportación al equipo en el campo y fuera de él están fuera de toda duda. Cristiano nos deja un legado espectacular de fútbol y goles, de todas las formas imaginables, en todos los escenarios, en todas las competiciones. El éxtasis ha acompañado cada uno de sus goles, machacando las redes contrarias como un martillo pilón. Ha sido el ancla del barco y el faro que ha guiado al Real Madrid en la tempestad, en los momentos cruciales y determinantes, cuando había que dar un paso al frente.



El Madrid ha volado a lomos de Cristiano, y éste ha recibido con creces los honores y la gloria de vuelta. Cristiano ha estado a la altura del reto, ha superado las expectativas con las que se le fichó. Ha sabido tirar del carro, encumbrar su talento, y asumir la responsabilidad del 7 del Madrid, una tarea complicadísima por el enorme peso que lleva su historia, ya que habla por sí sólo con letras de oro: Kopa, Amancio, Juanito, Butragueño, Raúl, Cristiano. Ronaldo ha conseguido unir al madridismo, encabezar la lucha por la defensa de su escudo en España, en Europa, en el mundo. Todos estos años, ha sido el abanderado de la victoria permanente, el icono de un sentimiento, la fortaleza de los más grandes.

A Cristiano le honra su dedicación como profesional entregado, y su valentía como jugador. Incansable en su preparación y entrenamiento, jamás se escondió en el campo, nunca rehuyó una disputa por el balón, un esfuerzo extra por llegar más lejos y ayudar al equipo. El talento a la par que la nobleza, valores que ha asumido mejor con el paso de los años en el seno del Real Madrid. También a la hora de evolucionar como futbolista, de entender y explotar de manera más eficiente sus virtudes, de adaptarse a lo que el tiempo y el fútbol le han ido obligando. Ha sabido mantener la templanza casi siempre, ha sido un jugador respetuoso con sus compañeros, rivales y con su profesión, consciente de los galones y del ejemplo que representaba para el madridismo y para el fútbol, en especial para los niños. Fuera del campo, además, le honra su generosidad y humildad a la hora de acercarse socialmente a los más desfavorecidos, acciones desinteresadas, donaciones y actos benéficos.



Cristiano nunca tuvo techo en el Real Madrid, más allá del tiempo. Su hambre por mejorar, su capacidad de superarse, su afán de victoria, son los genes compartidos con este club que le han permitido crecer sin límites. La mejor semilla para la mejor tierra. Si la naturaleza le permitiese jugar al mismo nivel físico hasta los 50 años, lo habría podido hacer sin duda en el Madrid, donde siempre hay cabida para alguien que quiere ganar, ganar y volver a ganar,  sin cortapisas. Pero Cronos, dios del tiempo, no perdona a nadie por muy Cristiano que sea.

¿Más dinero? ¿Problemas fiscales en España? ¿Búsqueda de su sucesor en el Madrid? ¿Mala relación con el presidente, y poco cariño de la afición? ¿Jugador camino de los 34 años? ¿Nuevos retos en otro equipo? Son argumentos dudosos que sobrevuelan la marcha del astro portugués a la Juventus de Turín. Seguro que hay un poco de todos y nada de alguno. Se antoja complicado entender, por ejemplo, cómo uno de los mejores futbolistas del mundo (que pretende seguir siéndolo), jugando en el mejor club y la mejor Liga del planeta, posicionado en el mayor escaparate mundial, decide salir hacia un torneo de menor nivel y competitividad, menor impacto mediático, más dura y más aburrida… ¿buscando qué retos?

Lo cierto es que Cristiano Ronaldo ha dejado un gran vacío en el Real Madrid, en LaLiga y en el fútbol español. Su marcha, incomprendida y dolorosa para muchos, celebrada por otros, es la consecuencia natural de tantos años en la élite. Del paso del tiempo, del desgaste. Nadie es eterno y Cristiano Ronaldo tampoco. Pierden todos, pero es necesario, inevitable, porque todo pasa en la vida, y en el deporte aun más rápido. Hay que aceptarlo, tarde o temprano iba a ocurrir. Más vale una despedida en lo más alto, amable y cordial, que no un adiós empañado y crispado por las horas bajas, desgarrado por el empeño de estirar lo que es imposible.

Nadie duda de que esta misma situación no se hubiera dado si Cristiano tuviera 4 años menos, es evidente. Quizá simplemente suponga una transición honrosa hacia su jubilación, para dejar inmaculada su imagen futbolística en el Real Madrid. Una retirada a tiempo puede ser una victoria para ambos. El tiempo da y quita razones, y nos dirá retrospectivamente si éste era el mejor momento para que el Real Madrid y Ronaldo separasen sus caminos, si debió ser después. También si debió ser más cálido por ambas partes, puesto que el poso que deja en los aficionados es que la ruptura de este amor futbolístico no ha estado a la altura del idilio histórico que han compartido club y jugador. Demasiado discreto y silencioso para una leyenda.



En cualquier caso, toda la grandeza de Cristiano Ronaldo debe ser entendida en el contexto del Real Madrid. En su historia, en su mentalidad, en su ADN ganador. Y es oportuno recordar que ningún jugador debe estar nunca por encima de este club, ni siquiera la leyenda y el mejor jugador de su historia. Agradecimiento y orgullo acompañarán siempre la fabulosa aportación de Ronaldo al equipo de Chamartín: el jugador al servicio del club y no al revés. Durante los últimos nueve años,  Cristiano ha sido parte esencial en la “historia que tú hiciste” del Real Madrid, que ya es pasado. Pero hoy ya ha dejado de ser parte de la “historia por hacer” de este club, de su futuro. Tan grande es la leyenda de lo que fue como todo lo que queda por venir.

La vida sigue y el fútbol también. Queda mucha pasión por disfrutar, muchas emociones que llenar. Después de una de las épocas más gloriosas de su historia, tras la marcha de Zidane y de Cristiano, al Real Madrid le toca reinventarse de nuevo para seguir ganando, y apoyarse en sus valores para superar el duelo, el vacío y la sombra de un futbolista que será irrepetible. A Cristiano, la leyenda, en su afán de exprimir una carrera memorable que se va acercando al ocaso, le toca seguir luchando contra el tiempo. Suerte a ambos.