martes, 3 de octubre de 2017

Alberto reinicia su CONTADOR en el mejor momento

Nos sigue resultando extraño aceptar la retirada de Alberto Contador del ciclismo profesional. Tanto por reciente, como por su trayectoria, por la nostalgia que da despedir a un grande, y por el momento de forma en que lo ha dejado. Es una decisión valiente la suya, y creo que tiene mucho más mérito de lo que a priori puede parecer desde fuera.
El deportista de élite tiene una mentalidad diferente, mucho más entrenada para el sacrificio y para seguir superándose siempre, en el siguiente reto. Para una mente así, no debe de ser fácil digerir la retirada sin entenderla como una rendición, un abandono, o dejar de luchar. El reto aquí está en conseguir aceptar que es ley de vida en el deporte, pues las etapas pasan para todos. Pero no todos los egos entienden bien este punto. El ego de un deportista de élite es un arma de doble filo, pues si bien por un lado alimenta el espíritu de competición y mantiene la voracidad por superarse, por otro también juega malas pasadas durante las épocas duras de su carrera deportiva (crisis, lesiones, etc.), así como en su fase de ocaso, y de posterior gestión de su vida.
Por eso es tan importante que el deportista tenga la cabeza bien amueblada y vaya evolucionando con los pies en el suelo según lo hace su carrera profesional. Pensando en que nada dura para siempre, en plantear una transición para el retiro de la alta competición, planificando el momento de dejarlo, que es lo que más cuesta: cómo, cuando, donde. Escuchando al cuerpo y a la mente, al entorno cercano. Observando la competición, no sólo respecto a la planificación de la temporada y resultados, sino a cómo quiere uno despedirse de ella, con ella. Prestándole atención para descubrir cuál es tu momento, sabiendo identificarlo y aprovecharlo, ni muy pronto ni muy tarde.
Un deportista profesional que lleva tantos años dedicándose a lo que le gusta, sacrificando una parte muy importante de su vida, su gente y su tiempo, y que además ha cosechado tantos éxitos, debe estar también preparado mentalmente para la competición más dura: la aceptación de sí mismo y de sus límites. En este sentido, Alberto Contador ha vuelto a ser un ejemplo de lucha y de valentía, y quiero aplaudirle por ello.
Contador ha sido el ciclista español al que nos hemos aferrado en los últimos 14 años dentro del pelotón. Ha sido el bastión y el continuador del espíritu de ataque de Bahamontes, Ocaña, Perico Delgado e Induráin. Ciclista optimista y con una gran confianza sobre la bicicleta, a la altura de los mejores ciclistas españoles de la historia, por calidad, pundonor y entrega. Por palmarés y por demostración de inspiración, liderazgo y carácter. Un corredor distinto, tremendamente valiente, de esos que quedan pocos. Alberto era ese ciclista incómodo para el resto porque no dejaba de atacar sin temor;  un ejemplo de ciclismo más puro a la antigua usanza: el que apretaba hacia adelante cuando tenía un gramo de fuerza para ello. Sin tanto control, sin mirar la clasificación, los grupos del pelotón o pendiente de los potenciómetros y tecnología similar que se usa actualmente.
Ha sido favorito en todas las vueltas grandes y carreras que ha disputado, y nos devolvió la ilusión por tener una referencia española de nuevo en el pelotón internacional, alguien que competía de tú a tú con los demás jefes de filas del momento, y que nos ha regalado etapas llenas de espectáculo. Un corredor que nunca se ha escondido, en las duras y en las maduras, del que se puso en entredicho su profesionalidad, y a lo que respondió con más trabajo, más generosidad. Siempre con una sonrisa, siempre positivo. Atento con la afición y con la prensa, Alberto ha sido un deportista cercano y sincero. Y eso le honra y nos ha hecho quererle más, porque nos hemos sentido más partícipes de su carrera, de la persona que hay detrás, de su motivación para seguir luchando, creciendo y ganando. Para aceptar y aplaudir su evolución en el ocaso.
Creo que Contador ha demostrado una inteligencia tremenda a lo largo de su carrera, y una capacidad de adaptación física y mental a las diferentes etapas de su trayectoria que le han valido para crear una imagen de deportista extraordinario, consecuente con sus valores y su manera de entender el deporte. La suya es una carrera digna de aplaudir por la ilusión que nos ha transmitido siempre, contagiando sus ganas de hacer las cosas bien, de presentar batalla y no rendirse. Siempre ha entendido el ciclismo de ataque y sin miedo, cosa que es muy de agradecer frente a la monotonía que a veces plantea este deporte.
Y en su madurez deportiva ha sabido llevar su trayectoria de la mejor manera, centrándose en disfrutar cada vez más y en saborear cada carrera que preparaba, con las mismas ganas que un principiante, pero sabiendo que la cosa iba tocando a su fin. Ha elegido, a mi modo de ver, el mejor momento y la mejor manera para decir adiós. Aun con fuerza, con piernas y capacidad  para aguantar incluso un par de años más, ha sabido elegir una gratificante y dulce despedida, en lugar de apurar y agonizar hasta el final de su capacidad física.
Eligió retirarse en casa, sonriente y feliz. Con su gente y su público. Decidió decir adiós a su manera; dando espectáculo, compitiendo a tope todos los días de la Vuelta a España 2017, optando hasta el final a ganarla, a hacer pódium, o a llevarse alguna etapa como así fue. Escogió despedirse de manera muy valiente, atacando allá donde podía, cuando el pelotón no lo esperaba, desconcertando a los rivales y enardeciendo a un público volcado con él, que siempre le ha devuelto merecidamente toda la energía y la pasión que él ha dejado en la carretera.
A este chico de Pinto, este profesional de bandera, uno de los ciclistas españoles más grandes de la historia, le tengo un enorme respeto y una tremenda gratitud. Por ser tan sincero corriendo, por llenar de ilusión un deporte extraordinario, por impulsarlo y dar ejemplo, desde dentro y ahora desde fuera, por la pasión que ha dejado en nuestros corazones. Sinceramente, Alberto Contador, bravo por una brillante carrera profesional, por toda tu dedicación y lo que has aportado al ciclismo. Bravo por el broche de oro en tu retirada, que ha sido merecida, preciosa, inmejorable e inolvidable. Con buen sabor de boca, quedando satisfecho contigo mismo y con el mundo del ciclismo. Te has ganado todo el reconocimiento por tantos años, por tantos éxitos, por tanta lucha y valentía. Por ser un caballero, un deportista fiel a sí mismo y a su manera de entender la competición. El ciclismo te echará mucho de menos, y yo desde aquí te doy las gracias y la enhorabuena, Alberto, por saber reiniciar tu Contador en el mejor momento.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Navarro, el baloncesto español lo ha pasado “bomba”



Cuesta decir adiós. Mucho, siempre. Cuesta aún más despedirse de aquello que te ha hecho sentir feliz, privilegiado, pleno. De las personas, de la memoria, de la ilusión, del talento. Pero todo pasa, hasta las cosas buenas que ocurren en la vida y que quisiéramos retener para siempre en el presente; el tiempo no perdona a nadie y es menester dejar paso a otros. La selección española de baloncesto ha despedido en el Eurobasket 2017, con todo el honor y grandeza merecidos, a uno de sus baluartes históricos que más talento ha demostrado sobre la pista, un tirador infalible con un estilo genial y vistoso a la vez que efectivo y letal. La “bomba”, Juan Carlos Navarro. Como diría el genial y malogrado Andrés Montes, “un jugón, ¡raza blanca, tirador, ratatatatatatatatatataaaaaaa!”.

Y le ha despedido colgándose un merecidísimo y muy trabajado bronce en el europeo, después de una temporada y un preparatorio complicado por las lesiones y decisiones extradeportivas. Lo ha hecho con otra demostración de que el baloncesto es equipo, y que a equipo no nos gana nadie. Equipo es lo que ha sabido entender esta generación, la llamada de los “juniors de oro”, encabezada por Navarro desde hace más de 17 años. Mucho tiempo, en el que han construido un conjunto de éxitos históricos en forma de medallas, partidos memorables y campeonatos extraordinarios (mundiales, europeos, juegos olímpicos…).

Pero la generación de Navarro ha conseguido algo mucho más importante, un intangible que está al alcance de muy pocos: el de crear equipo, escuela y valores en todo un país en torno al baloncesto, en hacer surgir la emoción de un deporte maravilloso, en mantener la ilusión año tras año en un grupo que ha ido evolucionando y mejorando, capaz de ir adaptando en su estructura muy diversos jugadores, y de hacerse mejor y más fuerte cada vez, más madura, pero igual de ambiciosa. El intangible de forjar un camino, un ejemplo, una lección de comportamiento humilde y trabajo incansable, de espíritu de sacrificio y generosidad conjunta. “La familia”, esa selección de baloncesto increíble que ha sentado los pilares de cómo se debe trabajar en el seno de un deporte colectivo, que ha dejado un legado impagable para las próximas generaciones de jugadores, que han construido un respeto sólido y mutuo con la afición, los rivales, las competiciones, y la historia en general.
A finales de los 90 el baloncesto español no atravesaba su mejor época en España; pero la irrupción de esta generación de enormes jugadores comandados por Navarro (con todos los que han venido después), y el buen hacer de grandes entrenadores que tanto han contribuido al desarrollo del baloncesto español, consiguieron que cambiara algo fundamental: la mentalidad ganadora de España. Antes, salvo el fugaz episodio de las olimpiadas de Los Angeles 84 con la plata, la mentalidad española era de perdedor. Y esto es algo que han conseguido transformar estos talentos dentro y fuera de la pista.

Navarro y sus compañeros generacionales consiguieron demostrar a todo un país, y al mundo entero, que España sabía jugar muy bien al baloncesto, y sobre todo, que creía en sí misma, en ser una potencia ganadora y que siempre compitiera. Desde la fortaleza del grupo, con humildad, pero con unas ganas enormes de comerse al rival. La voracidad competitiva y la creencia firme de que sabemos hacer equipo sentaron las bases de una transformación brutal en la mente y en el corazón de España con la selección de baloncesto, lo que se ha plasmado en la pista de manera impresionante durante las últimas dos décadas. La selección, con Navarro a la cabeza, ha sentado cátedra, un modelo, una forma de entender y jugar. Así como Platón fundó la Academia en la antigua Grecia, los juniors de oro han sentado los pilares históricos del baloncesto moderno en España, y de unos valores que nunca se deben olvidar, pues nos han hecho llegar al éxito. Valoremos que hemos vivido una época irrepetible.



Juan Carlos Navarro ha sido uno de los principales artífices de esta transformación generacional. Un profesional enorme, un jugador que respira baloncesto allá donde va. Con unas dotes maravillosas para el deporte y unas cualidades extraordinarias para ser el soporte y capitán. El que se echa el equipo a las espaldas y lo levanta, con anotaciones tremendas, tiros imposibles y una fiabilidad al alcance de muy pocos. Juan Carlos es ese jugador en el que todos confiaban siempre, el líder que no se esconde, que asume su responsabilidad dentro y fuera de la pista. Muy discreto, sereno, y tremendamente inspirador. Humilde y generoso, compañero de todos. Supo aprender mucho, escuchó siempre a sus mentores, se aplicó en la cancha y mejoró con los años, como el buen vino. Supo después transmitir su conocimiento y su experiencia a todos los que han venido; haciendo y no diciendo. Demostrando y no charlando; manteniéndose siempre fiel a su estilo y a su forma de entender el baloncesto.

Siempre letal con su muñeca, ayer, hoy y siempre. Una muñeca y un  movimiento veloces, muy difíciles de defender. Esa famosa jugada con tiro parabólico acentuado apodado “la bomba” que tantos puntos nos ha dado, tantas veces nos ha levantado del asiento, tanta gloria ha compartido con toda España. La “bomba” Navarro es el ejemplo del baloncesto español, el capitán que ha sabido transmitir los galones a cada uno de los jugadores del equipo, e impulsar el talento y la confianza de todos y cada uno de ellos. De todos nosotros. Navarro nos ha hecho creer con actitud y su coraje, porque nunca se ha rendido. Porque siempre ha entendido el equipo por encima de cualquier individualidad, como clave del éxito. Porque ha cuidado y mimado el baloncesto español como nadie, haciendo honor a su belleza, a sus valores y a su emoción. Respetando la competición, amando este deporte y haciéndolo más grande, más importante y más sonoro en nuestros corazones.




Cuesta mucho decirte adiós, Juan Carlos. Cuesta porque contigo hemos sido más fuertes, más felices. Hemos sido más baloncesto y más equipo, hemos sido un talento conjunto que ha aprendido a competir como nadie en todos los terrenos, allá donde va. Baloncesto y selección van de la mano, como también van Navarro y equipo, Juan Carlos y capitán, la bomba y canasta. Maravillosas décadas doradas que nos han enseñado que el baloncesto es paras quererlo y cuidarlo. Reguemos y mantengamos este legado de Juan Carlos Navarro, y de los próximos jugadores de esta generación que vayan siguiendo sus pasos, porque ellos nos enseñaron el camino de cómo se entiende y cómo se juega al baloncesto, cómo se construye, comparte y disfruta un equipo, y cómo se compite y se respeta un deporte tan extraordinario y emocionante como el baloncesto. Navarro, contigo el baloncesto español se lo ha pasado BOMBA. Hasta siempre Juan Carlos, y un solemne GRACIAS.

martes, 12 de septiembre de 2017

"¡VAMOS!": esencia de una pasión, reflejo de una mente feliz

Hoy en día se nos acaban los calificativos para comentar la trayectoria y los éxitos deportivos de Rafa Nadal, ese coloso del tenis que nos deja boquiabiertos con sus logros y hazañas, pero sobre todo por su discurso, su actitud y sus acciones. Podríamos resumir toda esa esencia, fuerza y optimismo que transmite, en su lema sobre la pista: “¡Vamos!”. Esta muletilla motivacional que surge de muy adentro, tiene un efecto exponencial, contagioso. Como una bola de nieve que se hace más grande, cada vez que la pronuncia con más intensidad. Cuando Rafa dice “¡Vamos!”, está creciendo por dentro. Está rugiendo sobre sus cimientos y se está reafirmando, ante su rival, ante el público y ante el mundo, pero sobre todo consigo mismo. Y seguramente lo diga no sólo dentro de la pista, sino fuera también.

Hoy, tras el US Open, Rafa lleva ya dieciséis Grand Slams ganados. Y muchos otros títulos, logros y récords estratosféricos, sólo a la altura de los más grandes de la historia. Sin embargo, no es eso lo que más me impresiona de Rafa. Lo que de verdad me impacta es sentir todo lo que transmite, con sólo verle jugar, concentrarse, hablar, entrenar, comunicar… dentro y fuera de la pista. Es un deportista y una persona que sabe muy bien quién es, y tiene los pies firmes en el suelo, por mucho que el mundo intente encumbrarle al cielo o defenestrarle en el infierno (cosa que le ha pasado muchas veces en su carrera).

Rafa conoce y es consciente de la sociedad en la que vive y lo que él aporta desde el mundo del tenis, desde su naturaleza de deportista. Y de la responsabilidad social que tiene y que decide ejercer. Por ello responde al modelo de líder moderno que necesita el mundo: joven, humilde, ejemplar, natural y auténtico. Con sentido común. Así, desprende siempre un halo de energía positiva, de aquel que conoce las raíces propias que le unen a su tierra, a su gente y a todo lo que ama. Y siempre con una actitud de gratitud hacia la vida y hacia todas las personas que le han ayudado, apoyado, animado.



Esto mismo es lo que veo reflejado cuando veo su trayectoria social: su academia, su centro deportivo, su fundación, su acción solidaria, sus patrocinios, su relación con los medios. Y por supuesto cuando observo a su equipo, a su familia. Serenos, concentrados, optimistas. Prudentes, discretos. En el mundo de la fama no es fácil ni habitual mantener una personalidad y un estilo de vida normal, ni una actitud de respeto y trato igualitario con cualquiera, pero Rafa y su entorno lo han conseguido, lo consiguen. Porque son personas normales, buena gente. Personas que se apoyan en personas, como medio mundo nos apoyamos día a día en ese “¡Vamos!” de Rafa, que nos impulsa fuerte.

A mi Rafa Nadal me sugiere una enorme admiración, y supone una guía de referencia. Ver a un deportista con tanta confianza y naturalidad, que habla de las situaciones y sus problemas profesionales con templanza y sin aspavientos, con un sentido de la responsabilidad y una lógica tan aplastantes, es de aplaudir. Eso me engancha, me fascina. Me ayuda tener ejemplos de este tipo en el panorama social y deportivo actual, cual faro que se mantiene firme en el mar. Rafa es uno de ellos, el número 1.


“¡Vamos!” en boca de Rafa se ha convertido en un lema fácilmente identificable con la perseverancia y la confianza en uno mismo, con el trabajo, sacrificio y con la certeza de que si no sale ahora, saldrá más adelante. Pero siempre adelante, siempre valiente, siempre luchando sin rendirse. Un lema que bien puede ser el adalid de la marca España, que Rafa representa como nadie. Porque ese “¡Vamos!” tiene que ver con su vida profesional y personal. Tiene que ver con las prioridades y las cosas realmente importantes en la vida.
“No me importa cuántos Grand Slams gane, tanto como ser feliz”, dice el fenómeno Nadal. Ahí reside el secreto. En ser feliz, en buscarlo. Él lo es y se nota, lo desprende intensamente con su presencia, su discurso y su actitud. Ha sufrido y ha llorado, ha peleado y ha perdido, como todos en la vida, pero ha creído siempre en sí mismo, en ser auténtico, en saber quién es y cuál es su entorno, en hacer las cosas bien, planificadas con cabeza y ejecutadas con el corazón. El talento entrenado con perseverancia, la mente educada en la importancia de lo que realmente es vital: la vida, las personas, el amor y el respeto, la fidelidad a uno mismo y a sus pasiones. La felicidad trabajada en la mente, vehiculizada con el deporte y consagrada con una actitud optimista en la vida, frente a uno mismo, frente al mundo.

Cuando veo a Rafa, mis sentidos y mi atención se centran plenamente en su ejemplo. Le veo y pienso “¡Vamos!”, adelante, arriba. Aprende, disfruta, vive. Juega, entrena duro, valora lo que tienes, ama lo que haces y pelea por lo que sueñas. Es una fuerza tal la que transmite Rafa, una seguridad en sí mismo, que no hay lugar para los miedos. Seguramente él también los tenga, como todos, pero se los come, los aplaca. Porque ser feliz es más importante que tener miedo. Porque vivir es más importante que sufrir. Porque sonreír es tan importante como comer y respirar. Porque el deporte es el alimento más sano para llenar el alma de coraje y de espíritu de superación, no solamente dentro de la pista sino fuera, al ver que existen deportistas de élite de la talla de este chaval, Rafa Nadal.





“¡Vamos!” es el sello de una pasión, de una actitud en la vida y de un modelo de liderazgo. Es la esencia de la marca España, y de toda una corriente de fuerza deportiva capaz de impulsar e impregnar todos los ámbitos de la vida. Es la ola imparable de motivación y esfuerzo, de humildad y confianza. Pero por encima de todo es el reflejo de una mente feliz, sana y equilibrada, que genera respeto y gratitud a partes iguales, y que disfruta de la vida no como un problema, sino como un regalo.

Gracias de nuevo Rafa Nadal, por gritar con todos nosotros, ¡VAMOS!

lunes, 28 de agosto de 2017

GOODBalE, Gareth? Bale, reinventarse o salir

El Real Madrid vive una época de plenitud, títulos y juventud. Celebra la perspectiva de presente y futuro sólido, construido sobre prometedores y experimentados jugadores, y sobre un nuevo estilo de juego, de entendimiento táctico del fútbol. Un fútbol de alta presión, toque rápido y constante, asociación y profundidad. Le ha costado años recuperar este estilo, esta identidad de buen fútbol y de cuidar la pelota. Parece que todo es frenesí y alegría. Sin embargo, en esta orquesta que lleva Zidane bastante armoniosamente, se escuchan cada vez con más intensidad los chirridos de una pieza que no encaja. Y que lleva dos años fuera del puzle, sin saber cómo enroscarla ni apurarla en condiciones de nuevo. Esa pieza es Gareth Bale.
Bale es un producto “marketiniano” muy poderoso, que supuso un tremendo impacto en el mercado de fichajes del emporio Florentino Pérez hace ya cuatro años. El expreso de Cardiff, que se asemeja mucho al Guadiana por su desaparecer frecuente, atravesó sus dos primeras temporadas con bastante acierto, sorprendiendo y aportando bastante al equipo, aunque nunca al nivel de una estrella mundial que se echa al equipo a sus espaldas. A pesar de premoniciones y demagogias, por mucho que costara cien millones de euros, ni es Cristiano ni es Messi, Maradona o Pelé; y probablemente nunca llegue a dicha categoría. Eso sí, este portento físico, veloz como nadie, más propio del atletismo o de una posición de quarterback, empezó su carrera jugando de lateral. Su arrolladora potencia le hizo adelantarse a jugar de carrilero largo, incluso de extremo, hasta readaptarse como punta o como delantero centro incluso estos años en el Madrid.
Desde hace un par de años, hay un “run- run” cada vez más fuerte con Bale. En el Bernabéu, en los medios, en la opinión, en el juego. Porque se hace cada vez más evidente. En este tiempo el Real Madrid ha evolucionado su juego hacia la posesión y el toque, hacia la presión, la asociación combinativa y la profundidad. Y Bale se va quedando fuera de ese esquema, de ese juego. Las lesiones no le han dado nada de continuidad, pero lejos de empañar la trayectoria del Madrid por ello, muchas voces opinan que su ausencia ha sido el factor fundamental del éxito del equipo que le ha llevado a ganar siete títulos en apenas año y medio. Y cada vez que vuelve, parece que la pieza Bale en el puzle Real Madrid está más deformada y chirría de manera más plausible, se le percibe más fuera que dentro, más desconectado del resto. Incluso el portero Keylor Navas participa más casi del juego de salida de balón y de toque que Bale. Al galés se le ve perdido, buscando en el campo un fútbol que ya no encuentra. Cuando está en el campo juega un equipo de diez más Bale en lugar de once jugadores.
Por supuesto, sería absurdo decir que Bale es mal jugador. Todo lo contrario, es un pedazo de atleta con unas condiciones impresionantes para rendir en este deporte, y lo demostró durante varios años. En el fútbol vertiginoso de espacios y contras, en las carreras de balones largos y regates de potencia, ahí es uno de los más dominadores en el fútbol actual.
Pero el Madrid ha evolucionado buscando un estilo más propio y vistoso, más gustoso de fútbol y de pelota, y Bale de momento no lo ha sabido entender. Ni él ni Zidane, y la papeleta la tiene el equipo técnico y el cluben estos momentos. Hay una decisión que tomar, pues el Madrid y Bale parecen la bella y la bestia. El Madrid construye, elabora suavemente, con delicado fútbol que gusta y enamora, con toque y pegada, con presión y magia técnica. Es lo que te da la combinación de futbolistas sublimes como Modric, Kroos, Isco o Asensio, con Cristiano, Benzema o Lucas Vázquez. Pero Bale se queda en fuera de juego en esta ecuación, es la bestia que no entiende la sutileza, el diamante en bruto que necesita pulirsepara compartir y participar en esta estrategia futbolística actual. Se le pide un paso hacia adelante si quiere sumarse a este carro.
La técnica y la calidad en el toque no se entrenan, se tiene o no se tiene. En ese sentido Bale está más limitado. Pero no por ello debe desaprovechar él ni el Madrid las posibilidades que tiene, y eso se debe hacer con cabeza, readaptando sus capacidades respecto al equipo y al juego que le rodea. Sobre todo porque no es la primera vez que Bale lo haría.
Gareth, esta bestia física encuadrado en una bella sinfonía de fútbol, necesita entender que en este punto de su carrera, recular en el campo es avanzar en su juego. Zidane es el primero que debería imaginar y plasmar esta solución, y trabajarla con él. Igual que empezó desde el lateral y se fue adaptando a posiciones más adelantadas en banda, hasta llegar al gol, ahora Bale está de nuevo en un punto de inflexión si quiere encajar de verdad en este Madrid: reconvertirse en un medio, interior izquierda que explote sus capacidades, que le dé al equipo trabajo en banda, desahogando a Marcelo, buscando velocidad, profundidad y desmarque por la izquierda, que es su banda y su pierna buena.
Bale es capaz de desbordar y sacarle dos metros al defensa en cinco zancadas, de poner balones medidos al área, de cruzar balones envenenados hacia la portería, de tener llegada por sorpresa, y de aportar goles de cabeza y en segundas jugadas. Todo eso, con táctica y disciplina de juego, es lo que puede hacer que Bale sí encajara en este Madrid. El equipo no va a cambiar su filosofía actual, que le está dando éxitos presentes y proyección futura. Por tanto la elección es del club, de Zidane, y del propio Bale. Gareth, ¿qué quieres para tu carrera? ¿Seguir en el Real Madrid, club en el que triunfar y poder convertirte en uno de los grandes jugadores de mediocampo, de verdad? ¿O ser un galgo inglés que ofreció varios destellos puntuales pero que se tuvo que volver a Inglaterra, a su fútbol más veloz, rudo y profundo, porque no supo adaptarse a un fútbol más puro?
Creo que Bale tiene cabeza y capacidad para darse cuenta de esto. Y Zidane y el club también. Pero es un trabajo que, si de verdad apuestan por él, debe comenzar ya, a desarrollar los automatismos y a rescatar los movimientos propios de un mediocampista de banda izquierda, para poder encajarlo en las rotaciones medulares del actual Real Madrid.
Para que Bale triunfe con el Madrid actual, se debe superar el concepto de la “BBC” como tridente atacante. Podrán jugar y brillar los tres cuando Bale sea uno más del medio, no un punta. Cuando participe de las mismas rotaciones que los demás centrocampistas con llegada y gol. Entendiendo que este jugador te da unasopciones distintas que otros futbolistas, pero que son tremendamente importantes y decisivas si las saben aprovechar bien: abrir defensas cerradas pegado a la cal, metiendo balones envenenados desde la banda, sorprender con disparos lejanos, revulsivo en segundas partes para contragolpear a defensas cansadas, quemar naves en juego aéreo dentro del área, etc.
Las opciones de Bale son enormes, pero su camino en el Madrid pasa por su reinvención y reciclaje. Un reajuste de posición hacia atrás, una generosidad de esfuerzo con el equipo aprovechando su físico, en la presión, en el desborde y desmarque. Si Zidane es capaz de acoplar este aspecto, Bale y el Madrid pueden recorrer juntos un trayecto exitoso en el devenir de los próximos años. De otra forma, Bale estará condenado al malestar de aficionados y prensa, al ruido molesto de la pieza que chirría y abocado a una venta al fútbol inglés. Sería una vuelta a casa por no dar un paso al frente y un paso atrás en su carrera por no entender el fútbol un escalón más arriba….
Ya lo dijo Darwin en su teoría de la evolución, y en el fútbol ocurre lo mismo: o te adaptas o sales. Es el futbolista el que se debe adaptar al equipo y no al revés.
O te reinventas, o GOODBalE, Gareth.

martes, 22 de agosto de 2017

La LIGA es la VIDA

Está de vuelta, otro año más. Se ha hecho esperar tres meses, pero por fin llegó. Tiene algo especial, y su presencia nos brinda una cálida sensación de estar acompañado, de que un nuevo curso empieza y de que todo está por descubrir y disfrutar. Es el fútbol en la competición doméstica, es el sabor de los “findes”, es la ilusión que recorre España cada semana: es la Liga.
Aún recuerdo aquel maravilloso anuncio televisivo de la competición liguera, bajo la voz en off de Fernando Fernán-Gómez, y que rezaba que “la liga es la vida”. Y es así de cierto. No se entiende este país sin su fútbol, como parte de su tradición y su cultura, y sin su Liga como competición que vertebra y regula el tempo social y emocional de todos nosotros.

La Liga es la dulce alegría que acompaña la rutina, entre jornada y jornada. El curso escolar empieza y acaba con la Liga, como lo hacen las vacaciones, las colecciones de cromos y otros muchos proyectos y actividades profesionales y personales. Actualmente, estira los fines de semana desde el viernes al lunes con el juego, y regatea los días laborables generando análisis de todo tipo, resultados, cábalas y expectativas para la siguiente jornada.
La Liga es como un puente que recorre tu vida, es una excusa para ser feliz. Te guía año a año, te va marcando los cambios de estación y te regala experiencias y recuerdos para siempre, a todas las edades. Tardes enteras de estudio o de juego mientras escuchas la radio, reuniones familiares en torno a la televisión, quedadas con amigos o compañeros al salir del trabajo, en el bar, o en el campo….son ratos de emoción que han marcado mi vida, desde la niñez a la edad adulta. “En esta casa todo gira en torno al fútbol, hay que ver”, se queja siempre mi madre. Los planes, los horarios, la logística. Los viajes, las actividades, la comida y hasta el sueño. Así es, el fútbol regula el compás de nuestra vida y la temperatura de nuestro corazón, nos altera el humor y nos renueva la energía. Así lo recuerdo desde siempre en mi casa, a mi abuelo, mis padres y hermanas, mis primos, mis amigos.
La Liga es un vehículo de enseñanza muy potente. “El que la sigue, la consigue”, o “a Dios rogando y con el mazo dando”, son refranes que sintetizan el valor principal de una competición como ésta: el premio a la constancia, a la regularidad, al esfuerzo. El foco humilde en la rutina y en el día a día, sin despistarse por cantos de sirena como la Champions, la Europa League, la Copa, Eurocopa o el Mundial. Que hay que jugarlo todo y tratar de ganar siempre, si, pero lo primero es la Liga. Antes la obligación que la devoción. Siempre. El esfuerzo disciplinado, a modo hormiga, es el que te da el éxito al final del curso. Como el tiempo, la Liga siempre pone a cada cual en el lugar que se merece, sin discusión. El fútbol y su competición tienen mucho reflejo del refranero español en la sociedad.
En los últimos años además, acompañando al fútbol puro como deporte pasional, la Liga se ha modernizado como competición, evolucionando por delante del mercado y siendo un referente mundial. La Liga es el producto más atractivo del panorama futbolístico, comercialmente muy potente y con mucho margen de crecimiento aún. Un producto que expande y explota la marca España al máximo nivel.
La profesionalización del fútbol y de sus organismos, la mayor inversión en formación base e infraestructuras, y la potenciación de los canales comerciales y de comunicación que lo regulan, son factores que han acelerado y optimizado la madurez del sector, en particular de instituciones como la Liga. Su responsabilidad es grande, pues hay que tratar con mimo cada detalle de un espectáculo sobre el que hay muchos ojos puestos, y muchos corazones.
Habrá quien esté conforme con el fútbol moderno y quien eche de menos el fútbol de antaño. Habrá quien vibre con el formato actual de competición o quien no entienda los cambios. Pero lo que está claro es que la Liga procura cuidar nuestra pasión de cerca y llevar nuestro fútbol lejos, conectar con la raíz de nuestros sentimientos, ofrecernos deporte de calidad y mantenernos ávidos de emoción, expectantes ante cada partido, cada jugada y cada gol…
La Liga nos trae el fútbol en esencia, más al día, más constante. Nos ofrece emoción y sufrimiento, nos voltea y nos levanta, nos ayuda y nos enseña todo lo que tiene. La Liga siempre cuida de nuestro fútbol, lo exprime para que bebamos su zumo, nos da los frutos de lo que sembramos entre todos con esmero. La Liga nos devuelve todo lo que merecemos,  nos ayuda a vivir tal y como somos, en esencia sentimiento vivo y emoción, pensamiento y acción. Fiel a su cita, la Liga siempre vuelve, para llenar de alma el cuerpo, el corazón de ilusión, y de fútbol la vida. De otra forma no se entiende, puesto que en este país LA LIGA ES LA VIDA.

viernes, 4 de agosto de 2017

Trabajo en silencio, éxito de escándalo: Mireia Belmonte

Fabulosa, increíble, decidida.  Potente, rápida, sonriente, feliz. Así despliega Mireia Belmonte todo su trabajo en la piscina, y acorde son sus resultados, vistosos y extraordinarios. Resultados que se siembran día a día con horas de esfuerzo en solitario, de sacrificio por una profesión y una vida deportiva.

Mireia Belmonte ha vuelto a ser este verano adalid de la marca España, bandera del deporte nacional que mira de frente al resto del mundo y reclama su sitio entre las mejores, para reconocimiento de la prensa, deportistas y la afición mundial. El asombro de sus gestas ya no son tan impactantes por lo novedoso, pues nos tiene mal acostumbrados a ello, sino por cómo se supera a sí misma año tras año, cómo va un poco más lejos en cada competición.

Cierto es que cuando al aficionado se le acostumbra a lo extraordinario, suele exigirlo de nuevo en cada ocasión sin valorarlo en su justa medida, distorsionando el esfuerzo que requiere lograr algo así, y errando al no darse cuenta de que mantenerse es aún más complicado que llegar. Gajes del oficio, vicios de la mente. En cualquier caso, este verano Mireia Belmonte ha conseguido de un plumazo seis medallas y un cuarto puesto. Enorme gesta. Se ha colgado un oro y dos platas en los mundiales de natación de Budapest (200 mariposa, 1500 y 400 estilos respectivamente). Y varios días después ha conseguido otras tres medallas, oro, plata y bronce, en la copa del mundo de Moscú (dos de ellas en el mismo día de competición, con apenas treinta minutos de diferencia).

En apenas diez días Mireia ha nadado más de diez pruebas al máximo nivel (a pesar de un proceso gripal que obstruía sus vías respiratorias). Y en apenas diez años de competición en la élite, ha conseguido la friolera de cuarenta y siete medallas (cuatro de ellas olímpicas), batiendo varios récords del mundo y nacionales, ha hecho temblar a sus rivales y ha puesto patas arriba aquellas piscinas por las que pasa, con los aficionados en pie. Y sobre todo ha conseguido emocionarnos a todos, al descubrir que tenemos un pez en nuestras aguas que compite a tope allá donde nada.

Mireia, aquella que arrastra con ímpetu ejemplar su fe en sí misma y en su talento, y su actitud valiente y persistente. Pero sobretodo su fuerza de voluntad y capacidad de sacrificio. Horas, meses y años de titánico trabajo en la sombra, de pasar más tiempo dentro del agua que fuera. El trabajo de piscina es lento, silencioso, intenso. No hace ruido, pero exige hasta el límite a todos los músculos y órganos del cuerpo, hasta sacar la máxima capacidad del nadador.



Mireia, disciplinada como nadie. Nadadora desde pequeña por necesidad y consejo médico. Asmática y alérgica al cloro. Y aun así es la mejor nadadora española de la historia, y una de las mejores de la actualidad mundial. Orgullo de todos y ejemplo de superación, de lucha por un sueño. Mujer que lo da todo, y persona agradecida con el entorno. Trabajadora incansable, discreta, en silencio. La paz y quietud de la piscina se transforman en ruido, emoción y explosión de talento cuando Mireia se desliza por el agua. Escandalosos éxitos acuáticos que celebramos oportunamente,  dando gracias a su esfuerzo y trabajo bien hecho, que nos permiten vibrar en cada campeonato. Con Mireia podemos competir de tú a tú con el mundo, podemos llenar los pulmones de aire y seguir nadando, podemos sentir que nunca dejará de sorprendernos.


Mireia, inasequible al desaliento, mujer de bandera, deportista de élite. Sirena de España, nadadora mundial, ejemplo y orgullo. Campeona de todo, a pesar de los obstáculos,  de los sesgos sociales y mediáticos en los deportes minoritarios. Tenemos que agradecerte mucho más de lo que piensas, por tu coraje, por tu fuerza. Por llevar el gen competitivo y ganador dentro de ti, y desarrollarlo cada día. Ese instinto que compartes con otros monstruos del deporte español que en las últimas décadas nos habéis demostrado que somos más grandes de lo que pensamos (Nieto, Ballesteros, Indurain,  Gasol, Nadal….). Leyenda viva en la que confiar, espejo en el que mirarse. Aquella que siembra su trabajo en silencio, y recoge como fruto reconocimiento y éxito de escándalo. Mireia Belmonte y olé.

sábado, 15 de julio de 2017

Vive la BICICLETA, cuida el CICLISMO, respeta al CICLISTA



Me gusta mucho la bicicleta, el ciclismo, sentirme ciclista. Su desafío. Subirse a los pedales para sentir la libertad de un deporte tan extenuante como gozoso. Como aficionado, la bicicleta me lleva a todos lados: a trabajar, de excursión, a perderme por el campo o la ciudad, como transporte habitual. Transporte limpio, verde, agradecido con el entorno y el medio ambiente. Sea solo, o junto a la familia y los amigos, la bicicleta te sigue siempre que se lo pidas. Te respeta y te ayuda, te hace sentir acompañado en el esfuerzo, en la liberación del pedaleo. Se adapta a tu ritmo, al tiempo que te reta a dar lo mejor de ti: enfrenta ese puerto,  ataca esa rampa, lánzate al descenso, llanea con el viento. Sentado o de pie sobre la bici, en posición aerodinámica para fundirse en el paisaje como una única figura, y donde el cambio de posición varía la perspectiva de tu ruta. Como reza la canción de Shakira y Carlos Vives, “…hace rato está mi corazón latiendo por ti… llévame en tu bicicleta…”.


Dos ruedas y unos pedales pueden hacerte sentir naturalmente feliz, entretenido, mucho más que cualquier ordenador, videojuego o similares. Una manera sana de crecer y descubrir el mundo, de fomentar la aventura, el respeto por los demás y por el medio ambiente, equilibrio entre el esfuerzo, el sacrificio y la pasión. Disfrutar del placer de dejarse llevar, del viento en la cara, de apretar los dientes, sudar y pedalear. La bicicleta me ha dado innumerables alegrías,  momentos de emoción y de gozo. Me ha ayudado a conocerme a mí mismo y a mi gente, a explorar los límites. Si decides ir más allá de donde te crees capaz, ella te sigue, leal; si el miedo frena tu carrera, ella se para contigo. A veces te da algún susto en forma de sobresalto o caída,  pero siempre noble, te invita a volver a subir y a superar la adversidad.



La bicicleta me ha acompañado en ratos deliciosos, bajo el sol intenso o un diluvio refrescante, sobre el viento gélido o una niebla repentina. Sobre todos los perfiles y paisajes: mar, montaña, llanura, rural, urbano. Con la mochila o las alforjas a cuestas, pero con una ilusión que soporta su peso y las lleva contenta. Siembre respondiendo al son de mis piernas, mi cabeza y mi corazón, esperándome cuando hace falta,  tirando de mi cuando era necesario. La bicicleta es una y son muchas, eres tú y un equipo, es compañía asegurada. Con ella he disfrutado como un enano, he reído y he llorado. Sobre la bici he conocido lo mejor de personas auténticas que conmigo han pedaleado (mi padre, mis primos, mis hermanas y cuñados, mis amigos cercanos). En ella siempre he encontrado consuelo, ayuda y respuestas, me he encontrado a mi mismo. La bicicleta, durante tantos años montado sobre ella como aficionado y que me sigue a todos lados, como también lo hace mi entusiasmo por el ciclismo profesional, ese deporte que sigo con pasión en directo y por televisión.

A nivel profesional, en la élite,  pocos deportes llevan tanto al límite al deportista como el ciclismo. Retorcidos sobre las bicicletas, los ciclistas no sólo miden sus fuerzas contra sí mismos y el perfil, los kilómetros y las inclemencias del tiempo, el riesgo de exponer su salud,  sino contra otros tantos titanes del pelotón mundial con ganas de victoria y necesidad por demostrar.



Porque el ciclista tiene una profesión que, además de arriesgada y muy sacrificada, es poco o nada agradecida a nivel contractual, con una corta duración y tensa incertidumbre en los contratos, con una dependencia física enorme, y con un mercado cuyos actores secundarios exprimen y explotan el circuito mundial a costa de la salud de los ciclistas y de su seguridad. Hay que decirlo, porque es un deporte que se debe cuidar más y saturar menos, para huir de los azotes del dopaje, mejorar la seguridad global del pelotón y optimizar y regular el reparto de derechos, contratos y salarios que equilibren las fuerzas dentro y fuera de la carretera, un “fair play” a la altura de un precioso espectáculo,  cuya continuidad depende de todos. Desde aquí pido una reflexión por todo ello,  en pro de mantener el sentido común que nos permita conservar la esencia del ciclismo sin matar a los ciclistas.

A nivel emocional, puede ser que a muchos les aburra ver este deporte, otros no lo entiendan, y otros más no estén interesados en compartirlo, pero para mí el ciclismo es sabor y tradición. Es historia y emoción por una competición distinta, estacional, impredecible. Me enganché al ciclismo cuando de pequeño veía a Perico Delgado, pero sobretodo a Miguel Induráin, mi primer gran ídolo fuera del fútbol.


 Aprendiz por imitación,  yo disfrutaba cual enano que era repitiendo por las calles del pueblo las gestas que el navarro realizaba por las carreteras del tour de Francia, imaginando etapas y estrategias, contrarreloj, llano y montaña. Y el pódium, los maillots, los accesorios del ciclista….esas pequeñas cosas que de niño te hacen soñar con muy poco.

 Para mi el ciclismo es esencialmente temporada de primavera-verano, son las grandes vueltas (Tour, Vuelta, Giro), las menores pero emocionantes clásicas de un día o de una semana, los mundiales y las pruebas en ruta….es subir y bajar, sufrir y sudar, esperar y escuchar. Persecución,  ataques y desfallecimientos, cálculo de fuerzas, entrega total. El ciclismo es épica, emoción, son puertos llenos de aficionados, banderas y pancartas bajo ánimos y gritos incansables, es la lucha contra el crono, los watios de potencia, los pedales y sus desarrollos. Es aprovechar el viento e impulsarse dentro del pelotón, es conocer el terreno y esperar tu oportunidad, saber atacar cuando toca, es sacrificarte hasta el extremo por un compañero, un líder, por tu propia victoria o por el espectáculo. Es darlo todo cuando ya no puedes más.



Ahora que estamos en época de plena temporada ciclista, tras el Giro y las clásicas,  con la Vuelta asomando al fondo, me inspiro para este artículo. En estos días en que el Tour de Francia nos brinda su clásico sabor del verano, su inestimable compañía en las tardes de julio con la emoción de la competición al máximo nivel, necesitaba hacer una sencilla reflexión. Sobre la bicicleta y sus ventajas, las endorfinas que genera, naturalidad plena. Sobre el ciclismo y su emoción, defendiendo la gran competición. Y por el ciclista, por el espectador y la continuidad de este deporte, por el cuidado diario de la normativa, perfiles, calendarios, sanciones, seguridad, salud y derechos, porque el dinero no corrompa una pasión mundial de millones de personas, un negocio que sea transparente y saludable, renovado y vivo.

Vive la BICICLETA, cuida el CICLISMO, respeta al CICLISTA