lunes, 27 de mayo de 2019

“…Porque lo imposible solo tarda un poco más…”




Crees que sufres cuando sueñas cosas imposibles, pero es el primer paso para crecer. Sufres porque las ves lejanas e inalcanzables, pero están ahí para que descubras la grandeza de tu ser.
Creces con ello de manera inevitable cuando das una mejor versión de ti misma, aunque el sueño conlleve gran sacrificio. Y el sueño aparece cada noche, constante y resiliente. No se esfuma, no te deja de visitar. No puede hacerlo, no sabe dejar de ser. No tiene otro sitio que habitar que tu propio corazón. De él salió y por él se alimenta y se hace más grande. Con él conecta y proyecta hacia otros corazones comunes, otros sueños sinónimos que sintonizan la frecuencia de un camino a recorrer juntas.

Un camino a lo imposible que empezó haciendo sufrir a quien lo soñaba, pero que con el tiempo consiguió aplacar, convirtiendo el sufrimiento en determinación. La misma determinación que te lleva a entrenar y progresar, a competir, a ganar y a aprender cada día. La misma fuerza que no entiende que no hay vuelta atrás. Esa vuelta que te da la vida cuando crees en ti misma y en tu proyecto por encima de todo, ese todo que resume tu vida y tus pasiones sobre el verde. Ese verde que te recuerda por qué estás aquí, cuál es tu objetivo y tu valor. Ese valor que dignifica tu esfuerzo, te pone a caminar y no entiende de límites. Esos límites que rompes cuando asumes que no hay más frontera que la propia mental, mente que doblega sus miedos cuando es parte de un colectivo al que nada puede parar. Algo más grande que una misma, que construye equipo junto a ti.

Y no pares hasta conseguirlo porque cada año estás más próxima a tu sueño. Sueño que te robó el dolor el curso pasado por rozar la gloria y caer tan cerca. Cerca de una orilla a la que no estás dispuesta a renunciar, por la que te levantas cada día de nuevo con más fuerza y segura de que este año sí lo lograrás.

Y avanzas firme sin dar un paso atrás, sin confiar nada al azar, creyendo en ti y en que el éxito vendrá. Porque tu trabajo y tu esfuerzo lo merecen sin dudar. Y las dudas se acaban cuando ves el sol brillar, ese sol que es tan alto como el sueño que quieres lograr. El sueño que ya no es sufrimiento sino que es oportunidad real. Lo consigues y lloras de felicidad. Ese sueño que dice que eres de verdad, un equipo de primera en lo más alto del fútbol nacional.



Ese fútbol que te aplaude y te quiere a rabiar, del que formas parte por derecho de calidad. El mismo que te vio nacer y sufrir como equipo natural, equipo cercano, humilde pero con enorme voluntad. Equipo que sueña unido, equipo que al caer levanta y que con coraje vuelve a gritar, que siempre peleará unido por el sueño que finalmente merecerá. Merecimiento que trae orgullo y dignidad, reconocimiento, alegría y bienestar. Aquello que nace del sentimiento puro de quien quiere llegar, a tocar el cielo con las manos sin olvidar su origen y su humildad.

Esas manos y sus voces, que elevan al cielo el grito de la victoria, el grito de “campeonas”, el de “nada nos puede parar”. Este año que es de oro y es de primera en los pies de todas. Esos pies que consiguen acariciar el balón con pasión, esos pies que laten por el CD Tacón. Y todas ellas lo lograron, todas juntas vencieron, y rieron y lloraron, por la pasión, el sufrimiento y el sacrificio de algo más grande que ellas y su propio corazón: el fútbol y el equipo, el sueño de crecer sin fronteras y alcanzar la gloria de verdad.

Es así como se inspira a la gente, es real lo que hicieron sin dudar. Es amor por su equipo lo que sienten, por el fútbol y sus valores, la pasión que las convirtió en guerreras de esta ciudad. Aquellas que juntas, en libertad, salen al verde seguras de quién ganará, y le gritan al mundo del fútbol: ¡yo soy de primera, élite del fútbol nacional! Y le dicen con fuerza a sus sueños, susurrando con gran emotividad… lo ves, ves cómo lo imposible, solo tarda un poco más…



Sirva este relato como sincero homenaje al CD Tacón, equipo de fútbol femenino que hace unos días consiguió el sueño de todos sus integrantes al materializar su ascenso a la primera división (Liga Iberdrola), la máxima categoría del fútbol femenino nacional. Enhorabuena a todo el equipo por un éxito que llevaban años persiguiendo y que se ha hecho por fin realidad. Por su inspiración y valor para con la sociedad, por hacernos creer a todos que con trabajo, constancia y confianza en uno mismo se puede alcanzar aquello que uno sueña, sin barreras. Enhorabuena a Ana Rossell, presidenta del equipo, por su visión y su capacidad para nunca rendirse. Felicidades porque es un paso más en el camino del fútbol femenino profesional, del deporte femenino en general y de la igualdad social hacia la que caminamos. Es momento de celebrar y de seguir trabajando duro, mirando ya a lo alto en el horizonte, pensando en grande y disfrutando de un camino dulce que ha costado mucho conseguir. Llegar ha sido complicado, ahora el reto es mantenerse, saboreando el día a día de un sueño que ya es real. Forza Tacón.

lunes, 20 de mayo de 2019

Eterno Ferru: la honra de una carrera ejemplar


Hace unos días David Ferrer ponía punto final a su carrera deportiva como tenista. Y lo hizo despidiéndose a lo grande, en casa, en el torneo Mutua Madrid Open. En el mejor Masters 1000 del circuito ATP, en el estadio que más le ha aclamado, la “Caja Mágica”. Rodeado de su familia y amigos, de compañeros y de una afición que le admira, de entrañables muestras de cariño de todo el mundo tenístico. Jugando un tenis intenso, fiel a su estilo, luchando por todas las bolas, destilando la calidad de un veterano que aún está en condiciones de competir al máximo nivel, pero que ha decidido retirarse en un momento dulce, sosegado, en paz consigo mismo y con todo lo entregado al mundo del tenis.

La cabeza de David Ferrer va por delante de sus piernas, y ha sabido elegir el mejor momento para decir adiós. Es algo que ha meditado mucho, y que seguramente no ha sido fácil decidir, pero ha tenido la suficiente valentía y determinación para poder despedirse a su manera, eligiendo el cuándo, el dónde, y con quién. El cómo, fue parte del encanto que pudimos vivir en su último partido ante Zverev, y salió mucho mejor de lo que habría podido esperar. Esta despedida especial es algo que no todos los deportistas de élite tienen la suerte (o la visión) de poder conseguir, y le honra haber sido fiel a sí mismo y a su voluntad, tras mirarse hacia adentro y observar el entorno y el futuro con perspectiva y cabeza fría. Bravo David, porque no es fácil irse de una manera tan elegante, reconocida y emocionante.


Ferru, como cariñosamente se le conoce en el circuito del tenis, será recordado como el león de Jávea, el incansable gladiador español que nunca daba una bola por perdida y que hizo honor a lo que es un caballero en la pista de tenis. Uno de los mejores tenistas españoles de la historia. Un deportista educado y discreto, un profesional dedicado y ejemplar, todo corazón y pundonor raqueta en mano. No llegó a ser número 1 del mundo, no ganó ningún Grand Slam, pero no le hizo falta para consagrarse como uno de los grandes, de los que hacen evolucionar el tenis, de los que son un modelo para los niños, de los que emocionan por su entrega, sacrificio y veneración hacia su profesión. Su grandeza está precisamente en haber sido un tenista extraordinario, terrenal, y fiel valedor de su educación y sus sueños. Ferru ha sido reflejo de respeto hacia todos sus rivales, afición, árbitros, organizadores y torneos; ha honrado su deporte y su profesión con enorme tenacidad,  llevando los valores de la escuela tenística española a todos los confines del planeta.



Un tenista de altos horizontes, pero cercano y sencillo, con la cabeza ordenada y los pies en la tierra (batida), que siempre fue su escenario predilecto, como buen discípulo del tenis nacional. Un fenómeno que siempre ha bregado y defendido su maravilloso tenis allá donde ha jugado. Porque Ferru siempre salía a competir, a no regalar nada, a entregar todo lo que tenía. A remar sin desfallecer. Porque Ferru alcanzó y se mantuvo mucho tiempo dentro del top ten mundial de la ATP, y consiguió su fenomenal palmarés de victorias y títulos por calidad y trabajo incansable, por sus ganas de hacer las cosas bien, por su regularidad y seriedad en la preparación, en cada entrenamiento y en cada partido. Porque supo sobreponerse a los malos momentos, a los duros reveses de la vida y a sus propios miedos para seguir adelante y construir una carrera brillante. Porque lo hizo siempre con su carácter afable pero puro nervio, dando lo mejor de sí mismo, y devolviéndole al tenis la oportunidad que éste le dio de cumplir su sueño. Vaya que si le ha devuelto todo lo que tenía, y con creces, aceptando un reto proporcional a su grandeza: la de una carrera deportiva eterna. Gracias a él, el tenis es hoy un poco mejor, un escalón más especial, más agradable y vibrante, más natural y guerrero. Tal cual es David, así se refleja y se funde el tenis con su carrera.


La tierra levantina nos ofreció el ascenso imparable de un vendaval de energía y calidad que sacaba fuerzas de donde no las había, un batallador que llegaba a todas las bolas, un muro desde el fondo de la pista que no se rindió nunca. Ferru formó parte durante una década del histórico equipo español de copa Davis, esa generación de oro ganadora de 3 ensaladeras (2008, 2009, 2011) y finalista en otra más (2012), comandada por Rafa Nadal y completada por el propio Ferru, Feliciano, Verdasco, Robredo, Almagro y Ferrero. No solo eso, sino que David Ferrer ha conseguido ser muy grande en la época de los más grandes, siendo coetáneo del llamado “Big Four” (Federer, Nadal, Djokovic, Murray), lo que le permitió mejorar y crecer aún más, y le otorga un mérito extra y un valor añadido incalculable a su carrera. Su enorme trayectoria queda justamente ponderada por la época histórica del tenis mundial en la que le ha tocado competir: la más exigente y espectacular que ha habido (y probablemente habrá) nunca.




Se nos ha ido un referente, uno de los nuestros, y le echaremos mucho de menos sobre la pista. Pero el legado que deja es imborrable e inmaculado, es digno de recordar siempre y de admirar con cariño a quien desde la sencillez, la humildad y el trabajo, consiguió cumplir el sueño de miles de niños, y el suyo propio, en una carrera brillante y mucho más gratificante de lo nunca hubiera esperado. Por eso los homenajes y las muestras de agradecimiento, cariño y respeto que ha ido recibiendo estos últimos meses David Ferrer quedarán también grabadas como parte de una historia ejemplar de superación y pasión, de fuerza y de coraje, de un corazón lleno de bolas de tenis, que fue repartiendo durante todos los días de su carrera, durante todos los puntos de su vida sobre la pista, y que entregó a todos los aficionados en cada golpe con su raqueta.

Enhorabuena por tu carrera, David. Enhorabuena por tu forma de venir, de demostrar y sumar, y también por tu manera de irte. Enhorabuena y gracias por haber hecho crecer tanto al tenis y al deporte español, por haber creado equipo con todos nosotros. Gracias Ferru por tus enseñanzas dentro y fuera de la pista, gracias por ser un guerrero de los nuestros, de la marca España; por ser parte de un equipo que se llama sueños, ilusión, crecimiento, trabajo, superación, valores y espíritu deportivo. Gracias por tanto respeto y tanto cariño hacia ti mismo y hacia todos los que te seguimos. Gracias y mucha suerte en tu nueva andadura en la vida, porque te lo mereces todo, campeón. Eterno Ferru.

martes, 12 de marzo de 2019

Leones conquistando fronteras: el imparable crecimiento del rugby español

España y su deporte siguen derribando muros. Lo que hace unos años era quizás una de las utopías deportivas más grandes del momento, se convirtió este fin de semana pasado en realidad: la selección masculina de rugby 7 (modalidad seven), batió por primera vez en un partido oficial a los todopoderosos All Blacks de Nueva Zelanda. La última jugada, el fabuloso ensayo de Pol Pla con el que España certificó su victoria, ha dado la vuelta al mundo por su brillantez y espectacularidad, y refleja la capacidad de superación, la confianza en uno mismo y en el trabajo de todo un equipo a lo largo del tiempo. Tras cuatro derrotas consecutivas ante Nueva Zelanda, a la quinta fue la vencida.

Este hito es historia pura, un hecho sin precedentes que confirma el buen hacer en los últimos años de nuestro rugby. Sin ir más lejos, la selección española de rugby seven está realizando la mejor campaña de su historia hasta la fecha en las Series Mundiales. No es casualidad por tanto que los resultados estén acompañando de una manera tan fantástica, en diversas categorías y torneos. España está en un momento de explosión, de crecer y dar un enorme salto de calidad en el rugby a nivel europeo y mundial. Ahora mismo estamos viviendo esa transición, y muy rápidamente.

El rugby es uno de los deportes que más solera e historia tienen, pero tradicionalmente había estado más aislado, limitado a un nicho más reducido y olvidado (y en España aún más). Para muestra, el increíble dato de que este clásico juego no ha sido incluido como disciplina olímpica hasta hace bien poco, desde de Río 2016 (en modalidad seven). Algo empezó a cambiar a partir del siglo XXI, con la explosión y el cambio de paradigma del deporte como modelo de negocio en transformación. En la última década, la progresión del rugby mundial ha sido notoriamente extraordinaria, mostrando un crecimiento imparable. En España, por ejemplo, casi se ha duplicado el número de licencias federativas en el periodo 2008-2018, tanto para jugadores, entrenadores y árbitros.


Desde la base (infantil, juvenil, universitario), las nuevas generaciones vienen con una motivación especial por este deporte y sus valores, por su desarrollo y su globalización. Existe un interés y participación creciente en cuanto al número de asociaciones, clubes, colegios y escuelas municipales que apuestan directamente por el rugby como soporte formativo, y que inician a los niños en su práctica (hecho que se ha extendido considerablemente por nuestra geografía). Obviamente, este movimiento viene favorecido por una imprescindible mejor estructura federativa y un plan estratégico a largo plazo, un mayor apoyo institucional y una visibilidad impulsada indudablemente por el auge de la mujer y los programas de apoyo social al deporte femenino.

Los resultados deportivos cosechados por nuestras secciones de rugby en diferentes categorías se encuadran en un marco de apoyo e implicación general que hay en el país por este deporte, fomentado por diferentes eventos y programas que se vienen organizando en colaboración con agentes europeos y mundiales como son World Rugby, el Consejo Superior de Deportes o la Federación Española de Rugby. El European Rugby Champions & Challenge Cup de Bilbao 2018, o los programas “Get Into Rugby”, “Mujer y Rugby”, “Universo Mujer”, “Rugby Escolar” etc., ayudan a que el deporte del balón ovalado se esté consolidando en nuestro país como una opción potente y de futuro.

El “momentum” del rugby es ahora. Posee un gran efecto contagio, que se propaga rápidamente a todos los niveles de capilaridad social. En el plano económico se está subiendo además a la ola de un mercado expansivo, de apoyo de los patrocinadores y de difusión mundial como nunca hubo en torno al rugby. El talento se va sembrando, puliendo, y las diferencias de nivel se acortan en la élite, con lo cual las competiciones son más igualadas y atractivas, lo que favorece el espectáculo, la pasión y divulgación de sus valores, así como la generación de un porfolio de oportunidades de negocio en colaboración con diversos socios e industrias de toda índole.


España es uno de los países que más margen de crecimiento tenía en el rugby, y está recorriendo el camino de manera sólida y brillante, en nuestro caso motivados por el potentísimo efecto llamada de nuestras selecciones nacionales, que crecen y se superan en casi todos los deportes colectivos en torno a los conceptos de “equipo unido y familia”, “valores y oportunidades”, “igualdad y talento”. La Marca España se sigue construyendo de manera robusta, y en los últimos años el rugby tiene mucho que ver en ella, porque en la medida en que la sociedad va entendiendo más este deporte, va encontrando en él un reflejo de honradez y nobleza, de deporte limpio, emocionante y con una ética que va mucho más allá de los prejuicios que sobre él existían hace no muchos años (el clásico “deporte para brutos” …).

Los leones y leonas, ese colectivo del rugby de élite español, son nuestros más potentes embajadores de este deporte en el mundo. Proyectan hacia fuera el sentimiento que existe desde dentro, del país al mundo, del corazón al universo. En ellos converge el empuje de diversidad deportiva, generacional y de mentalidad, de derribar muros y conquistar fronteras, y de creer en uno mismo y en el compañero de equipo por encima de la historia.


La victoria sobre los All Black ha puesto de manifiesto un hecho innegable e imparable: el rugby corre mucho y bien, crece sano y seguro, adelanta por las alas a quienes le salen al paso, demuestra su valía con enormes ensayos de pasión, y es un deporte en transformación, fuerte y emergente del panorama actual, reclamando su sitio y la atención que merece en un mundo y un negocio deportivo que empiezan a reconocer todo su valor y su potencial. Gracias y enhorabuena, leones y leonas, por creer en vosotros y vuestro futuro más que nadie, y por conseguir que cada vez más gente nos subamos a un carro de tremenda alegría deportiva: el rugby nacional y mundial.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Digitalizar el arbitraje deportivo: mejor justicia, mayor credibilidad y más juego limpio

En el mundo digital de hoy, de la tecnología punta y del impacto global e inmediato por las redes sociales y los medios, el deporte de alta competición debe evolucionar en su forma de ofrecer espectáculo. Y una forma esencial de hacerlo es avanzar con paso firme en la impartición de justicia sobre el juego, minimizando los errores humanos y emocionales de los jueces de cada competición. No puede quedarse atrás en esto, es de vital importancia para el futuro del deporte. Sin perder el atractivo y el dinamismo de la competición, el arbitraje en todos los deportes debe ir por delante, en lugar de como suele ir en estos tiempos (más bien rezagado y con la soga al cuello).Este actor fundamental no sólo del juego, sino pieza clave y sensible en el valor añadido del espectáculo y del propio negocio deportivo, no acaba de encontrar su sitio, se adapta tarde y ensombrece la competición de manera dañina para todos.

Es absolutamente imprescindible que la industria del deporte apueste de forma decidida por esto: invertir e introducir a gran escala la tecnología punta, la innovación y desarrollo en medios y soluciones avanzadas que soporten la toma de decisiones, ayudando a jueces y árbitros a valorar mejor todas las acciones posibles, en especial las más críticas. Buscando decisiones más objetivas, justas, precisas, rápidas y efectivas en los momentos en los que los partidos y el juego exigen una respuesta a la altura del evento, de los profesionales y de la masa social de aficionados y especialistas que hay detrás de ello. También al nivel que se merecen las marcas, medios y patrocinadores, que apuestan y ponen mucho dinero detrás de los torneos para hacerlos crecer con notoriedad. Y por supuesto, por el bien de las instituciones, organismos, asociaciones, entidades, clubes y federaciones que son los responsables de cuidar y fomentar sus propios torneos, de preservar la credibilidad de sus competiciones y asegurar su calidad, de manera que el entregable en forma de producto audiovisual de entretenimiento deportivo, retorne el valor que merece en el mercado.

En los últimos tiempos hemos observado grandes conflictos por las decisiones arbitrales tomadas en diferentes deportes y distintos torneos. Y todos debidos a alguna o varias de las siguientes deficiencias: falta efectiva de medios tecnológicos adecuados; imprecisión, mal uso o infrautilización de los medios disponibles; no aplicación correcta de la norma; disparidad de criterios y dudas; subjetividad basada en factores de error humano, y la no asunción de responsabilidades de los organizadores. El proceso cae en cascada y provoca una sangría de malestar y críticas en todos los sectores y por parte de todos los actores: del que gana, del que pierde, y de todos los entornos impactados. Y entonces la sombra de la duda, la desconfianza, planea en las aficiones y la opinión pública.



Es el momento de reclamar con fuerza mucha más tecnología, y de mayor calidad, en el deporte. Inversión, I+D. Debe ser una realidad palpable de verdad, no sólo palabras y proyectos a medio hacer. Y debe hacerse lo antes posible. Que se implanten más chips, más sensores integrados en todos los elementos posibles: en las líneas principales de los campos, pistas y canchas, en la indumentaria completa de los jugadores, en los aros, tableros, porterías, redes, en las pelotas y balones, en las piscinas, en las bicicletas y raquetas. Ojo de halcón, tecnología de gol, VAR reforzado, repetición instantánea, cámaras 360 con todos los ángulos disponibles, realidad virtual, imágenes tridimensionales y zonas de calor, trazabilidad automática a través de ordenador, detección de contacto y ayuda de robots/inteligencia artificial para interpretación de comportamientos, captación de gestos y palabras. Rearbitraje de jugadas en tiempo real. Iluminación, sonidos, alarmas, vibración. Tecnología de alto nivel, que ya está en el mercado, lista para ayudar a la imperfecta apreciación humana, la subjetividad y el error que lleva a la parcialidad en las decisiones. Se trata de mitigar la influencia de emociones en los árbitros, potenciando la aplicabilidad de la justicia evidenciada con medios.

Tecnología que debe traducirse en recursos (inversión) al mismo tiempo que en una mejora de los procesos que imparten la justicia deportiva ordinaria sobre la cancha, que es donde realmente tiene más valor. Esto exige un reglamento claro, simplificado, sin dudas y conocido por todos. Implica definir las situaciones de aplicabilidad, escenarios y criterios uniformes, y unanimidad en su empleo, con agilidad y sin titubeos. Tipificar claramente las razones que hay detrás de cada decisión, que deben ser llevadas a la práctica con clarividencia y personalidad por los árbitros. Para ello es clave mejorar y potenciar la formación, divulgación y soporte/ayuda a través del altavoz de los medios, las plataformas digitales, las instituciones y publicaciones de todos los participantes a través de los canales disponibles.

Asimismo, dentro de los estamentos arbitrales y sus comités, insistir en consensuar criterios profesionales, fijar las bases, resolver dudas y hacer frente común de manera transparente y ecuánime. Crear centros de excelencia, compartir mejores prácticas y dar un paso más allá en la credibilidad, limpieza y justicia del juego. Estamentos arbitrales que hagan autocrítica verdadera para mejorar y ayuden a calmar los ánimos y disminuir la crispación. En esta línea, debe haber un criterio de evaluación interno de los propios jueces de manera mucho más transparente y público, del todo objetivo. Que se traduzca en sanciones y multas a los árbitros al igual que a los jugadores, ante errores graves de aplicación y uso de su potestad. Y así eliminar toda sombra de manipulación.



El juego limpio será verdadero cuando la justicia deportiva sea más sólida, evitando con hechos el ruido mediático y demostrando que sí es posible mejorar la competición desde el reglamento. Deporte y tecnología a la altura de la nueva era digital, por favor. Competiciones que se anticipen antes de que ser arrolladas por el “tsunami mediático” de la crispación, las emociones y el desconcierto social de todos los sectores. Tecnología y mejora de procesos para liderar el cambio de modelo social y económico del deporte del siglo XXI, con un nuevo paradigma de justicia deportiva basada en la digitalización y la objetivación, que ampare un juego más justo, limpio y dinámico, con la emoción y la pasión natural del ser humano combinada con la precisión y la mejor capacidad posible de juzgar las acciones del juego.

Por la sostenibilidad del deporte y la credibilidad de sus competiciones, digitalización y arbitraje tecnológico YA.

miércoles, 6 de febrero de 2019

El deporte nos hace CAMPEONES

“Campeones” ha recibido el premio Goya a la mejor película española de 2018, y también lo ha recibido a título individual uno de sus personajes, Jesús Vidal, como mejor actor revelación. Esto es un hito sin precedentes. Nunca antes se había hecho una película tan intensa y retadora donde el fondo y la forma fuera un equipo numeroso (y no profesional) de personas con capacidades diferentes, donde el mensaje y la esencia de la película fueran tan directos al corazón sin pasar por la razón. Y el vehículo elegido para apoyarse en esta historia ha sido el deporte, el baloncesto como fuente inclusiva, generadora de diversidad y solidaridad. La dimensión social del baloncesto siempre ha sido uno de sus activos más potentes a nivel aficionado y de base, y con esta película hemos encontrado el altavoz perfecto para despertar conciencias y elevar el espíritu a través de una historia sencilla.

Historia que comienza etiquetando cual castigo el hecho de tener que entrenar a chicos discapacitados y formar con ellos un equipo, para jugar y participar en campeonatos. Es la penitencia de un enervado entrenador, condenado a ejercer trabajos sociales como permuta de una sanción administrativa. Quizás sea la manera de abordar el tema y suponga una llamada de atención, de que solo nos ocupamos de otros colectivos humanos más desfavorecidos cuando viene impuesto, forzado, cual actividad que casi nadie quiere realizar.



El vuelco que da la película sobre ese planteamiento, con el paso de los minutos, es digno de analizar. A través de la solidaridad, el trabajo en equipo y la inclusión, la vitalidad y alegría que desprende este grupo humano, el relato reclama en voz alta un tratamiento igualitario entre personas diferentes, pero no como consecuencia, sino como prioridad, por derecho y por condición humana equiparable. El equipo de baloncesto tan variopinto de perfiles y capacidades que surge en la película mezcla humor y amor, alegría y bondad, y también miedos y barreras. Con naturalidad, consiguen ofrecer una visión real de la vida, plena, optimista y sonriente, gracias a que ellos son sencillamente felices jugando al baloncesto. Nos muestra la superación y el compromiso conectados a través del deporte, en el que caben todos y no hay sesgo para nadie. Y por supuesto la gratitud por las pequeñas cosas de la vida, esas que la mayoría damos por hechas, pero que para ciertas personas tienen un valor incalculable. Elevar esas pequeñas cosas al máximo nivel de prioridad e importancia, y darles el valor que se merecen, es otra de las lecciones que nos deja la película de Javier Fesser.



La moraleja final de la historia es un baño de realidad tremendamente agradable, un trago dulce que nos enseña a transformar lo que aparentemente es una derrota, un partido que se pierde, en una experiencia de vida que se gana por el hecho de ser, de estar, de compartir, de dedicar tiempo, alegría y energía a hacer cosas especiales con personas especiales. Una final que ya se ha ganado antes de jugar. El equipo protagonista se siente campeón aun fallando la última canasta, y celebra lleno de júbilo haber llegado hasta allí, pues en el camino han ido creciendo, superando sus límites, emocionándose con el equipo y el juego, y compartiendo la experiencia de sentirse más vivo.

Y en eso consiste la verdadera victoria. La de una película, la de un colectivo y un deporte, que se han unido para estremecer de emoción los rocosos prejuicios de una sociedad pasiva y adormecida. Canalizar esta llamada de atención social a través del deporte y del humor, algo muy nuestro, consigue suavizar la acogida que tiene su mensaje en nuestra conciencia global. Porque su impacto se cuela muy adentro y nos debe hacer sentir avergonzados, por llevar esa venda tan ridícula en los ojos durante demasiado tiempo. Pero también es un rayo de luz esperanzadora que debe hacernos despertar, para mirar de frente a los problemas de exclusión social actuales y ponernos manos a la obra en su resolución sin demora.

El cine y las artes son un excelente escaparate para mostrar este camino y alentar a su andadura. Y sin duda el deporte es el mejor acompañante para ello, un nexo donde converger en este cometido. Porque el deporte nos hace más humanos y más tolerantes, inclusivos y solidarios. El deporte desde la base social, desde el amor al crecimiento personal y a la superación de barreras. El deporte que es maestro y alumno a la vez, enseñándonos las lecciones más maravillosas. El deporte que empieza compitiendo contra uno mismo para ser mejor que el día anterior. El deporte que encuentra oponentes, pero no enemigos. Aquel que nos hace más libres, más sabios y nos ayuda a desprendernos de la suciedad de los prejuicios. El deporte que nos cambia el paradigma de un ganador, el que nos hace mejores por el mero hecho de vivirlo y sentirlo cerca, de compartirlo con todos, de abrir puertas y oportunidades a quien las sueñe. El deporte que es alegría convertida en movimiento, las endorfinas de la vida que son universales por derecho, sin discriminación. El deporte que nos hace Campeones a todos.

domingo, 27 de enero de 2019

Seguir creciendo




Cuando te pasa por encima un ciclón en el mejor nivel de su carrera, pero sigues compitiendo hasta el final sin un mal gesto...

Cuando el respeto al juego y a la competición está por encima de todo porque eres un ejemplo para los niños y una inspiración para todos.

Cuando reconoces que has sido inferior a tu rival pero te felicitas por la alegría de poder jugar de nuevo, sano, y llegar a una final de Grand Slam tras superar lesiones complicadas en tiempo récord.

Cuando no te encuentras de ninguna manera en la pista y prometes seguir mejorando y nunca rendirte para volver mejor.

Cuando Rafa Nadal se hace enorme también de esta manera y agranda la leyenda del mejor competidor de la historia, por su resiliencia y valor en la derrota tanto o más que por su educación y generosidad en la victoria. GRACIAS RAFA una vez más por darnos una nueva clase de valores y coraje, por otra lección magistral sobre cómo aprender en todas las situaciones y aprovechar para crecer.

Y por supuesto enhorabuena a Novak Djokovic por el impresionante nivel de tenis demostrado y por ganar el Open de Australia de nuevo, el 15 título de Grand Slam de su carrera. Sublime demostración igualmente de recuperación física y mental, tras haber superado también fases difíciles de lesiones y tras las que ha ganado 3 grandes seguidos en los últimos 7 meses.
 

miércoles, 23 de enero de 2019

Nos duele a todos, Andy

Este Open de Australia 2019 que va llegando a su fin, no sólo va a coronar a los nuevos ganadores del primer Grand Slam de esta temporada. Nos deja un poso triste, estructural y generacionalmente hablando: la inminente retirada de uno de los grandes, Andy Murray. Lo planteó él mismo tras caer en primera ronda de este torneo en un partido épico a cinco sets contra Roberto Bautista.
En el año en que cumplirá los 32, todo parece indicar que este será su último año en el circuito ATP. Quizás se despida en Wimbledon, en su casa. Sería lo más emotivo. Todo dependerá de cómo consiga aguantar el dolor hasta entonces. Un dolor crónico en la cadera que no le permite rendir y competir como necesita un profesional, que le limita y que nos privará de unos años fantásticos que seguro aún estaban por venir con su tenis. Después de pasar por una complicada operación, el dolor no remite. Meterse de nuevo en quirófano al parecer no ofrece las garantías necesarias para que compense los riesgos que supone y sobretodo que mitigue la dolencia, lo cual le han llevado hasta el agotamiento físico y mental, viéndose abocado a una más que probable retirada prematura.
Perdemos a uno de los cuatro tenistas del llamado “Big Four” actual: Federer, Nadal, Djokovic, Murray. Un “gentleman” sobre la pista, un jugador incansable, tremendamente resistente, sorprendente y comprometido con el tenis de alto nivel. Un jugador con valores, defensor de los derechos e igualdad de sus colegas femeninas en el circuito tenístico. Un jugador decidido a doblegar su historia, digno sucesor de Fred Perry como el más grande en el tenis británico. Con 45 títulos a sus espaldas, entre ellos 2 Wimbledon y 1 US Open, 14 Masters 1000, 1 Copa de Maestros y 3 medallas olímpicas, el que fuera número 1 del mundo durante 41 semanas nos dejará huérfanos de talento.
Murray forjó su carácter de hierro desde muy pequeño, después de salvarse cuando apenas era un niño de una matanza tras un tiroteo mortal en su colegio. Desde siempre tuvo una resistencia inagotable, dentro y fuera de la pista. Se fue moldeando en todas las superficies, incluida la tierra batida, en la que con un ímprobo tesón quiso rebelarse ante la nefasta tradición británica en dicha superficie, progresando en ella más que cualquiera de sus predecesores isleños (llegó a jugar una final en Roland Garros). Su determinación por llegar a lo más alto se mantuvo firme incluso tras perder las cuatro primeras finales de Grand Slam que jugó.
Cuán insoportable debe ser su lesión para que este portento mental, que nunca dio una bola por perdida, que llegaba a devolver todo aquello que parecía imposible, diga basta. Cómo debe ser la limitación para que renuncie a una de las más brillantes carreras del circuito, con los años de madurez aun por venir. Tan dolorida debe de estar su cadera (y su mente), para que se rinda a la evidencia, a las lágrimas y a la impotencia de una carrera truncada injustamente. Es ese dolor suyo con el que agonizamos todos, el querer y no poder. Nos duele a todos, Andy.
La aceptación de este capítulo final de su carrera deportiva es un trago que se deberá digerir estos meses según avance la temporada. Otro paso más en la forja de una mente acostumbrada a batallar contra todo tipo de injusticias. Entre todas, ésta será la más amarga que presenta el mundo del deporte: las lesiones, aquellas que uno no elige pero que debe aprender a gestionar. En la pista quedará un enorme vacío, y el recuerdo de un gran pedazo de la historia del tenis arrancado antes de tiempo, pero que hemos podido saborear en la última década. Fuera de ella, las lecciones aprendidas de un caballero del deporte, una persona íntegra y solidaria, comprometida por superar barreras propias y ajenas.
Y por encima de todo un deseo, que el gran Andy Murray pueda liberarse de su dolor para seguir su vida, y consiga sonreír de nuevo, aunque sea sin la raqueta en la mano. Que además pueda seguir deleitando y enriqueciendo el mundo del tenis, desde el mejor lugar posible para él (sea entrenador, formador, asesor, gestor de torneos, especialista en medios, etc.), volcando así de vuelta en el circuito toda su experiencia, saber hacer y carisma. El tenis se lo debe y lo necesita, y todos se lo agradeceremos.