miércoles, 10 de julio de 2019

El oro por dentro



El oro no fue ayer ni la semana pasada. El oro se forjó mucho antes, cuando el sueño empezaba.

El oro se ve hoy por fuera, colgado de sus cuellos y agarrado a sus sonrisas, pero brilla más que nunca por dentro, en el corazón de todas sus batallas que la historia revisa.

Cual iceberg que emerge al cielo al final del camino, y sorteando lesiones, dolor y decepciones, acaba enfrentando su destino. Sustentado bajo un mar de lágrimas, coraje y sufrimiento, esos que sólo ellas conocen, que no se ven por fuera pero se llevan por dentro.

Oro que ilumina el sacrificio y esfuerzo de muchos años, de mucha gente, que honra el trabajo en silencio, vivido apasionadamente.

Oro que se sueña desde abajo y al que se llega sin atajos. Aquel que transmite una idea, un estilo, una dirección y un proyecto. Transmite la esencia de nuestro baloncesto.

Brillo dorado que está hecho de disciplina para llegar, determinación para quedarse y motivación para superarse. Por el que tantas veces tropezaron y otras tantas levantaron, aprendiendo a arrimar el hombro que entre ellas nunca ha fallado.

El oro por empuje y convicción, que más allá del metal y la medalla, es baloncesto ilimitado en su corazón. En el de todas ellas, de su entrenador y del equipo alrededor, en el de todo un país y su afición.

El oro que no es sólo victoria, partido, canasta. El oro que es más que un título o la gloria de tocar el cielo en la cancha.

El oro que no es triunfar una vez, ni dos ni tres, sino probar a hacerlo mejor de lo que crees. Es llegar más allá de lo que ves, es superarte una y otra vez.

Es no rendirte y apretar, es cautivar a la grada y hacerla enloquecer. Es retar al rival y mirarlo de frente sin dudar. Es competir siempre, sabiendo sufrir y haciéndonos sonreír. Es generar expectación por tu capacidad de jugar un baloncesto disfrutón. Es saltar a la pista y pasarlo bien, y sobre ella transformar el juego en aprendizaje para crecer.

El oro es más que nunca el talento hecho emoción, el equipo hecho familia que alimenta sin límites su ambición.

El oro es esa conexión que va más allá de la razón y la emoción. Son esos lazos entre las jugadoras y su entrenador, entre compañeras de profesión. El oro es esa amistad por tesón, el vínculo inquebrantable del deportista con su pasión. Ese que une más que nada a un equipo campeón, que se convierte en familia con enorme devoción.

El oro es recorrer ese camino y encontrar juntas las sorpresas del destino. En todos los entrenos y todos los partidos. Conocerte con una mirada, construir nuestro juego por encima de tu jugada, encontrar el hueco, el pase y el tiro que te hacen olvidar tu ego.  Es defender y atacar sin descanso más allá del partido, es arrimar el hombro por el bien colectivo, vibrando de alegría por el éxito compartido.

El oro son las chicas de baloncesto, las que hacen nuestra selección. Las que cada año vuelven, están porque nunca se van, porque a esto de jugar, y a las ganas de ganar, nadie las consigue igualar. El mejor equipo nacional, pleno ejemplo de igualdad. Cuyo legado, inspiración y fuerza quedan grabados cada año con letras de oro y eternidad.

Dentro del oro existen muchas vidas, muchos años, muchos sueños. Dentro de él estamos todos y están ellas poniendo un emocionante empeño. Y cada año estaremos con vosotras, todos, siempre, recordando que para vosotras el oro y la victoria son consecuencia de construir el baloncesto desde dentro, y apasionadamente.

jueves, 27 de junio de 2019

Carácter ganador: el gen que se abre camino


Marc Gasol ha hecho historia. Hace unos días, el pequeño de los hermanos Gasol conquistaba con los Toronto Raptors el anillo de campeón de la NBA. Lo que viene a ser el mejor equipo de baloncesto en la mejor competición del mundo. Era inevitable que tanto Pau (por 2 veces, hace ya unos años), como Marc (este año), ganaran el título de la NBA, es algo que estaba escrito en algún lugar del universo baloncestístico y cuyo secreto está en los genes y en su carácter ganador, ese que de forma inconsciente acaba por generar las oportunidades propicias donde sacar la mejor versión de uno mismo.

Podemos llamarlo intuición, autoconocimiento, suerte o destino. Pero saber elegir proyectos en la vida, y más aun en la corta trayectoria profesional de un deportista, resulta clave para el devenir de una carrera al más alto nivel. El camino que Pau Gasol abrió en Memphis Grizzlies lo continuó Marc años después en el mismo equipo. Cambio que hizo crecer a Pau en los Lakers hasta alcanzar dos anillos de campeón. Ahora Marc le sigue de nuevo en ese crecimiento y alcanza la gloria del baloncesto americano, apenas cuatro meses después de llegar a los Toronto Raptors.

Es ese gen ganador, ese carácter de superación el que ha hecho que por primera vez en la historia dos hermanos españoles hayan ganado por separado un anillo NBA.  Ese gen que se alimenta de trabajo y que se abre camino buscando siempre un techo más alto que uno mismo. La decisión de Marc de optar a un proyecto tan ambicioso como el de Toronto a mitad de temporada responde no sólo a su talento dentro de la pista sino a su capacidad de elección, de toma inteligente de decisiones y a su facilidad para construir relaciones fructíferas fundamentales dentro de un equipo. Igual que hace en la cancha. Marc tomó una decisión difícil en pos de crecer y explorar su potencial más allá de su zona de confort, de lo que él mismo conocía. Dejó una franquicia en la que ha hecho historia y donde tenía un hueco asegurado, cómodo y vistoso, para pelear con los más grandes y seguir el camino de la gloria que años atrás le fue abriendo Pau.

Los Raptors tuvieron una gran visión, el sueño y la determinación de dar un salto de calidad y crecer como franquicia para optar a todo en la conferencia este. Incluso a ser campeones. Con esa mentalidad han ido atrayendo talento. Sumando a su carro un crisol extraordinario de jugadores que comparten ese gen ganador que les ha permitido alzarse con el primer título de la historia de la franquicia: Leonard (el indiscutible MVP), Siakam, Lowry, Van Vleet y Green tienen mucho que ver en ello, pero la guinda del equipo la pone la terna de los “Spanish Raptors”: Marc Gasol, Serge Ibaka (que ya estuvo a punto de conseguir su primer anillo hace años con los Thunders) y como segundo entrenador del equipo, Sergio Scariolo (que compatibiliza su cargo con el de seleccionador español). Gigantes del baloncesto que apostaron por un proyecto donde vieron opciones de superarse. Profesionales extraordinarios cuyo gen ganador les ha ido arrastrando a este destino de crear historia juntos y de codearse con los más grandes en este deporte.

No olvidemos tampoco la gran temporada del resto de españoles “ÑBA”: Mirotic, que tras cambiar de equipo durante la temporada se ha quedado a un paso de jugar la final con los Bucks; al igual que Pau, que en un año difícil de lesiones, eligió asimismo un gran proyecto. Ni tampoco del fantástico año de Ricky Rubio en Utah, el crecimiento en números de los hermanos Hernangómez, o de la madurez templada de José Manuel Calderón.

Será la marca España, será nuestra preparación deportiva, nuestra mentalidad o nuestro trabajo por desarrollar talento. Pero lo que está claro es que nuestro baloncesto se abre paso en la élite y sabe dar sus pasos para elegir buenas opciones y desarrollar su valor. Ese gen ganador que llevan dentro estos jugadores, en especial los Gasol, que están marcando un antes y un después en la historia española de este deporte, acaba siempre abriéndose paso, convergiendo de manera inevitable en proyectos exitosos y de victoria, detrás de los cuales siempre hay mucha humildad y mucho trabajo. Estaba escrito que un español ganaría el anillo NBA, y ahora ya son tres (Pau, Marc e Ibaka), con tres títulos en dos equipos diferentes. Cuatro contando también a Amaya Valdemoro, que consiguió 3 anillos consecutivos de WNBA años atrás abriendo este camino. Puro carácter ganador.

viernes, 21 de junio de 2019

Echando la vista atrás...




Tal semana como esta hace 5 años, España quedaba eliminada en la fase de grupos del Mundial de Fútbol de Brasil 2014. Estas fueron mis reflexiones futbolísticas de entonces, que sigo manteniendo inalterables:




1- Cada español tiene y tendrá siempre su propia selección y equipo titular, incluso su propio seleccionador, y nunca nos vamos a poner de acuerdo, ganemos o perdamos. 

2- Esta generación de oro ha marcado una época a nivel mundial y tiene un hueco como una de las más grandes de la historia; han conseguido unir durante mucho tiempo a un país en crisis en un sentimiento indescriptible de felicidad; el "Iniestazo" en particular quedará grabado en nuestros corazones como uno de los momentos más emocionantes de nuestras vidas. 

3- Este mundial ha sido una caída durísima desde la cima al árido suelo, para todos, y es justo y comprensible que la afición critiquemos y mostremos nuestra frustración con la actitud y la imagen que hemos dado al mundo. Pero esto es deporte y se trata de caer y levantarse de nuevo, y seguramente nos ha venido bien el duro varapalo para admitir el fin de ciclo sin titubeos, y poder realizar la catarsis que es necesaria; si hubiéramos seguido estirando este ciclo renqueantes, llegando a cuartos con la misma sensación de quiero y no puedo que antes de esta generación teníamos, hubiese sido peor para todos pues la agonía y la crispación se extenderían innecesariamente en el tiempo.

4- Un equipo grande no vive de estirar un ciclo de buenos futbolistas, sino de sembrar un estilo, una forma de entender el fútbol y darle continuidad a lo largo de la historia. Seguimos teniendo muy buena madera en la siguiente generación a la que hay que saber dar el relevo, poco a poco y con la mezcla de experiencia y frescura necesaria, volviendo a inculcar el hambre de ganar que es vital en el fútbol, pero teniendo la paciencia que hace falta en el deporte para recoger el fruto del éxito.  En la medida en que seamos capaces de esperar, evolucionar y transformar el siguiente momento dulce de la selección, podremos considerar que España ha subido a ese escalón de las selecciones más grandes, esas que llegan a las gestas más increíbles y que superan las mayores caídas, y que no se trata solamente de un buen equipo que tuvo una época dorada que nunca más volvió. 

5- El fútbol es como la vida, ganas y pierdes, subes y bajas, pero por el camino vas dejando lo que en esencia eres y te define; tantas veces caigas, tantas levántate y aprende a hacerlo mejor, a mantener las cosas buenas y a sustituir las que ya no funcionan. Y cuando al final del camino mires atrás, siéntete ORGULLOSO de la felicidad que compartiste y generaste, aceptando siempre tu lugar en el camino y dejando paso a la nueva esperanza que SIEMPRE llega detrás.... TE QUIERO ESPAÑA

lunes, 10 de junio de 2019

Bola de partido: Rafa Nadal y el éxito del momento presente

Rafa Nadal ha vuelto a hacerlo. Ha ganado otro Roland Garros, otro título de Grand Slam que agranda su historia como tenista, como deportista y competidor mundial. Uno de los grandes de todos los tiempos. Pero también es otro espaldarazo más a la forma de gestionar su carrera y a su método, a su forma de trabajar y de pensar, a su manera de enfocar los objetivos y su vida. Un método que mejora cada año y cuyos resultados son avalados de forma incontestable.

La base de todo está en la salud física. Respetado eso y en plenitud de condiciones, Nadal hace gala de una energía y una combatividad cuya clave no está solamente en su capacidad física, su talento o su destreza con la raqueta. Tampoco en su inteligencia táctica o en su intuición en la pista. La clave está en la fortaleza mental y en la estrategia de pensamiento simple y directa que aplica Rafa. Y es que cada punto es una bola de partido para él. Así de sencillo, así de complicado. A menudo los rivales de Nadal destacan el alto nivel de intensidad que es capaz de mantener en la pista de juego, sostenidamente durante largos partidos y periodos de la temporada. Eso tiene que ver con la concentración, el equilibrio emocional y la capacidad mental de filtrar distorsiones y visualizar única y exclusivamente el punto que está en disputa, el presente.



Nadal es capaz de eliminar el punto anterior de su cabeza, y de anular la anticipación del siguiente. Consigue reprimir las emociones que pueden generar el pasado y futuro inmediatos para mirar sólo el punto actual. Ese dominio de su estado de concentración es el que le lleva a ser capaz de poner toda la energía concentrada en el punto presente. Es lo más importante y lo único que tiene, sobre lo que puede influir, afectar y modificar con su juego. Toda su intensidad la focaliza en la bola que se disputa ahora mismo. Lo único que puede ganar ahora mismo es este punto, y debe poner todo lo que tiene en ir a por él. No hay más. Y así en cada uno de los interminables puntos de un juego, de un set, de un partido, de un campeonato, de una temporada, de una carrera entera. Sea en primera ronda de un torneo menor o en la final de un Grand Slam. Contra el número 1 del mundo o contra un amateur. En categoría alevín o en el deporte profesional. Siempre lo ha hecho así.

El esfuerzo necesario para alcanzar esta cota es enorme. Tremendamente exigente. Por ello hay tan pocos deportistas que lo puedan conseguir, y menos aun mantener en el tiempo con tanta eficacia. Requiere de mucho entrenamiento y disciplina. Precisa de un autocontrol y un conocimiento personal muy elevados. Aptitudes propias de esos deportistas de élite que consiguen gestas impensables, que marcan el curso de la historia y que nos descubren que el secreto del deporte al nivel más esencial, es asimismo el de vivir la vida de esta manera, en el presente.



Todo lo que Rafa Nadal ha conseguido con esta forma de trabajar, con la manera de elevar su energía y de emplearla con la misma intensidad en todos los puntos de su vida dentro y fuera de la pista, tiene que ver con su educación y el respeto a sí mismo primero, y a los rivales y la competición después. Con el aprendizaje de normalizar a partes iguales el error y el éxito, dándole a las cosas su valor preciso en cada contexto. Tiene que ver con la humildad de saber aceptar las adversidades con buena cara y sin queja, con desarrollar las fortalezas que dentro de la pista hacen emerger la resiliencia y el carácter ganador de un deportista inspirador como ninguno.

El secreto de tener la energía para salir a ganar siempre es pensar que ésta es tu mejor oportunidad. Y Rafa va a por ella una y otra vez. Sólido, rocoso. Sea la primera o la última: la bola actual es la esencial. Se centra en competir, en dar lo mejor que tiene en cada punto. No se guarda nada para después. No sabe qué hará en el futuro, cómo le irán las cosas, ni cuáles serán sus prioridades: lo más importante es esta bola, este partido, este día, este torneo. Es esta vida, esta gente, este mundo, esta suerte.



A base de vivir y jugar en el presente, Rafa Nadal ha construido no sólo un precioso legado lleno de recuerdos, alegrías y hazañas para orgullo de un país, sino la admiración del mundo entero y la transmisión de valores ejemplares para millones de jóvenes y niños, así como un modelo de vida y de trabajo que pueden ser fuente de inspiración para cualquiera. Rafa nos enseña que lo único importante es hoy, ahora. Que la grandeza está en dar todo lo mejor sin reservas en el momento presente. Que sólo podemos jugar con la bola actual, ya que el punto posterior es un misterio en el que no debemos de gastar energía innecesaria. Esa energía que Rafa condensa en cada acción y cada gesto, también cuando termina de jugar y agradece, reconoce y ofrece con generosidad todo lo que puede aportar, todo lo que nos ayuda a  aprender, todo lo que con él podemos compartir.

La energía del presente es mayor que cualquier otra. Y así es como Rafa Nadal nos ha enseñado una vez más, con la mayor naturalidad y humildad, cómo la vida es mejor con esfuerzo, paciencia, constancia y compromiso. Haciendo suyo el “carpe díem” sobre la pista. Cómo todos y cada uno de los puntos que juegas en la vida se pueden convertir en bola de partido, si aplicas la intensidad y la pasión adecuada en el momento actual. Hoy celebramos otro éxito impresionante del deportista español más grande de todos los tiempos, su duodécimo Roland Garros, el decimoctavo grande de su carrera, ahí es nada. Y no deja de sorprendernos cómo Rafa Nadal, a través del deporte, es capaz de ilustrar que es no sólo posible sino imprescindible vivir en el presente para sacar el mayor rendimiento de uno mismo, para entregar la máxima energía y posibilitar así que ocurran las mejores cosas de la vida.



lunes, 27 de mayo de 2019

“…Porque lo imposible solo tarda un poco más…”




Crees que sufres cuando sueñas cosas imposibles, pero es el primer paso para crecer. Sufres porque las ves lejanas e inalcanzables, pero están ahí para que descubras la grandeza de tu ser.
Creces con ello de manera inevitable cuando das una mejor versión de ti misma, aunque el sueño conlleve gran sacrificio. Y el sueño aparece cada noche, constante y resiliente. No se esfuma, no te deja de visitar. No puede hacerlo, no sabe dejar de ser. No tiene otro sitio que habitar que tu propio corazón. De él salió y por él se alimenta y se hace más grande. Con él conecta y proyecta hacia otros corazones comunes, otros sueños sinónimos que sintonizan la frecuencia de un camino a recorrer juntas.

Un camino a lo imposible que empezó haciendo sufrir a quien lo soñaba, pero que con el tiempo consiguió aplacar, convirtiendo el sufrimiento en determinación. La misma determinación que te lleva a entrenar y progresar, a competir, a ganar y a aprender cada día. La misma fuerza que no entiende que no hay vuelta atrás. Esa vuelta que te da la vida cuando crees en ti misma y en tu proyecto por encima de todo, ese todo que resume tu vida y tus pasiones sobre el verde. Ese verde que te recuerda por qué estás aquí, cuál es tu objetivo y tu valor. Ese valor que dignifica tu esfuerzo, te pone a caminar y no entiende de límites. Esos límites que rompes cuando asumes que no hay más frontera que la propia mental, mente que doblega sus miedos cuando es parte de un colectivo al que nada puede parar. Algo más grande que una misma, que construye equipo junto a ti.

Y no pares hasta conseguirlo porque cada año estás más próxima a tu sueño. Sueño que te robó el dolor el curso pasado por rozar la gloria y caer tan cerca. Cerca de una orilla a la que no estás dispuesta a renunciar, por la que te levantas cada día de nuevo con más fuerza y segura de que este año sí lo lograrás.

Y avanzas firme sin dar un paso atrás, sin confiar nada al azar, creyendo en ti y en que el éxito vendrá. Porque tu trabajo y tu esfuerzo lo merecen sin dudar. Y las dudas se acaban cuando ves el sol brillar, ese sol que es tan alto como el sueño que quieres lograr. El sueño que ya no es sufrimiento sino que es oportunidad real. Lo consigues y lloras de felicidad. Ese sueño que dice que eres de verdad, un equipo de primera en lo más alto del fútbol nacional.



Ese fútbol que te aplaude y te quiere a rabiar, del que formas parte por derecho de calidad. El mismo que te vio nacer y sufrir como equipo natural, equipo cercano, humilde pero con enorme voluntad. Equipo que sueña unido, equipo que al caer levanta y que con coraje vuelve a gritar, que siempre peleará unido por el sueño que finalmente merecerá. Merecimiento que trae orgullo y dignidad, reconocimiento, alegría y bienestar. Aquello que nace del sentimiento puro de quien quiere llegar, a tocar el cielo con las manos sin olvidar su origen y su humildad.

Esas manos y sus voces, que elevan al cielo el grito de la victoria, el grito de “campeonas”, el de “nada nos puede parar”. Este año que es de oro y es de primera en los pies de todas. Esos pies que consiguen acariciar el balón con pasión, esos pies que laten por el CD Tacón. Y todas ellas lo lograron, todas juntas vencieron, y rieron y lloraron, por la pasión, el sufrimiento y el sacrificio de algo más grande que ellas y su propio corazón: el fútbol y el equipo, el sueño de crecer sin fronteras y alcanzar la gloria de verdad.

Es así como se inspira a la gente, es real lo que hicieron sin dudar. Es amor por su equipo lo que sienten, por el fútbol y sus valores, la pasión que las convirtió en guerreras de esta ciudad. Aquellas que juntas, en libertad, salen al verde seguras de quién ganará, y le gritan al mundo del fútbol: ¡yo soy de primera, élite del fútbol nacional! Y le dicen con fuerza a sus sueños, susurrando con gran emotividad… lo ves, ves cómo lo imposible, solo tarda un poco más…



Sirva este relato como sincero homenaje al CD Tacón, equipo de fútbol femenino que hace unos días consiguió el sueño de todos sus integrantes al materializar su ascenso a la primera división (Liga Iberdrola), la máxima categoría del fútbol femenino nacional. Enhorabuena a todo el equipo por un éxito que llevaban años persiguiendo y que se ha hecho por fin realidad. Por su inspiración y valor para con la sociedad, por hacernos creer a todos que con trabajo, constancia y confianza en uno mismo se puede alcanzar aquello que uno sueña, sin barreras. Enhorabuena a Ana Rossell, presidenta del equipo, por su visión y su capacidad para nunca rendirse. Felicidades porque es un paso más en el camino del fútbol femenino profesional, del deporte femenino en general y de la igualdad social hacia la que caminamos. Es momento de celebrar y de seguir trabajando duro, mirando ya a lo alto en el horizonte, pensando en grande y disfrutando de un camino dulce que ha costado mucho conseguir. Llegar ha sido complicado, ahora el reto es mantenerse, saboreando el día a día de un sueño que ya es real. Forza Tacón.

lunes, 20 de mayo de 2019

Eterno Ferru: la honra de una carrera ejemplar


Hace unos días David Ferrer ponía punto final a su carrera deportiva como tenista. Y lo hizo despidiéndose a lo grande, en casa, en el torneo Mutua Madrid Open. En el mejor Masters 1000 del circuito ATP, en el estadio que más le ha aclamado, la “Caja Mágica”. Rodeado de su familia y amigos, de compañeros y de una afición que le admira, de entrañables muestras de cariño de todo el mundo tenístico. Jugando un tenis intenso, fiel a su estilo, luchando por todas las bolas, destilando la calidad de un veterano que aún está en condiciones de competir al máximo nivel, pero que ha decidido retirarse en un momento dulce, sosegado, en paz consigo mismo y con todo lo entregado al mundo del tenis.

La cabeza de David Ferrer va por delante de sus piernas, y ha sabido elegir el mejor momento para decir adiós. Es algo que ha meditado mucho, y que seguramente no ha sido fácil decidir, pero ha tenido la suficiente valentía y determinación para poder despedirse a su manera, eligiendo el cuándo, el dónde, y con quién. El cómo, fue parte del encanto que pudimos vivir en su último partido ante Zverev, y salió mucho mejor de lo que habría podido esperar. Esta despedida especial es algo que no todos los deportistas de élite tienen la suerte (o la visión) de poder conseguir, y le honra haber sido fiel a sí mismo y a su voluntad, tras mirarse hacia adentro y observar el entorno y el futuro con perspectiva y cabeza fría. Bravo David, porque no es fácil irse de una manera tan elegante, reconocida y emocionante.


Ferru, como cariñosamente se le conoce en el circuito del tenis, será recordado como el león de Jávea, el incansable gladiador español que nunca daba una bola por perdida y que hizo honor a lo que es un caballero en la pista de tenis. Uno de los mejores tenistas españoles de la historia. Un deportista educado y discreto, un profesional dedicado y ejemplar, todo corazón y pundonor raqueta en mano. No llegó a ser número 1 del mundo, no ganó ningún Grand Slam, pero no le hizo falta para consagrarse como uno de los grandes, de los que hacen evolucionar el tenis, de los que son un modelo para los niños, de los que emocionan por su entrega, sacrificio y veneración hacia su profesión. Su grandeza está precisamente en haber sido un tenista extraordinario, terrenal, y fiel valedor de su educación y sus sueños. Ferru ha sido reflejo de respeto hacia todos sus rivales, afición, árbitros, organizadores y torneos; ha honrado su deporte y su profesión con enorme tenacidad,  llevando los valores de la escuela tenística española a todos los confines del planeta.



Un tenista de altos horizontes, pero cercano y sencillo, con la cabeza ordenada y los pies en la tierra (batida), que siempre fue su escenario predilecto, como buen discípulo del tenis nacional. Un fenómeno que siempre ha bregado y defendido su maravilloso tenis allá donde ha jugado. Porque Ferru siempre salía a competir, a no regalar nada, a entregar todo lo que tenía. A remar sin desfallecer. Porque Ferru alcanzó y se mantuvo mucho tiempo dentro del top ten mundial de la ATP, y consiguió su fenomenal palmarés de victorias y títulos por calidad y trabajo incansable, por sus ganas de hacer las cosas bien, por su regularidad y seriedad en la preparación, en cada entrenamiento y en cada partido. Porque supo sobreponerse a los malos momentos, a los duros reveses de la vida y a sus propios miedos para seguir adelante y construir una carrera brillante. Porque lo hizo siempre con su carácter afable pero puro nervio, dando lo mejor de sí mismo, y devolviéndole al tenis la oportunidad que éste le dio de cumplir su sueño. Vaya que si le ha devuelto todo lo que tenía, y con creces, aceptando un reto proporcional a su grandeza: la de una carrera deportiva eterna. Gracias a él, el tenis es hoy un poco mejor, un escalón más especial, más agradable y vibrante, más natural y guerrero. Tal cual es David, así se refleja y se funde el tenis con su carrera.


La tierra levantina nos ofreció el ascenso imparable de un vendaval de energía y calidad que sacaba fuerzas de donde no las había, un batallador que llegaba a todas las bolas, un muro desde el fondo de la pista que no se rindió nunca. Ferru formó parte durante una década del histórico equipo español de copa Davis, esa generación de oro ganadora de 3 ensaladeras (2008, 2009, 2011) y finalista en otra más (2012), comandada por Rafa Nadal y completada por el propio Ferru, Feliciano, Verdasco, Robredo, Almagro y Ferrero. No solo eso, sino que David Ferrer ha conseguido ser muy grande en la época de los más grandes, siendo coetáneo del llamado “Big Four” (Federer, Nadal, Djokovic, Murray), lo que le permitió mejorar y crecer aún más, y le otorga un mérito extra y un valor añadido incalculable a su carrera. Su enorme trayectoria queda justamente ponderada por la época histórica del tenis mundial en la que le ha tocado competir: la más exigente y espectacular que ha habido (y probablemente habrá) nunca.




Se nos ha ido un referente, uno de los nuestros, y le echaremos mucho de menos sobre la pista. Pero el legado que deja es imborrable e inmaculado, es digno de recordar siempre y de admirar con cariño a quien desde la sencillez, la humildad y el trabajo, consiguió cumplir el sueño de miles de niños, y el suyo propio, en una carrera brillante y mucho más gratificante de lo nunca hubiera esperado. Por eso los homenajes y las muestras de agradecimiento, cariño y respeto que ha ido recibiendo estos últimos meses David Ferrer quedarán también grabadas como parte de una historia ejemplar de superación y pasión, de fuerza y de coraje, de un corazón lleno de bolas de tenis, que fue repartiendo durante todos los días de su carrera, durante todos los puntos de su vida sobre la pista, y que entregó a todos los aficionados en cada golpe con su raqueta.

Enhorabuena por tu carrera, David. Enhorabuena por tu forma de venir, de demostrar y sumar, y también por tu manera de irte. Enhorabuena y gracias por haber hecho crecer tanto al tenis y al deporte español, por haber creado equipo con todos nosotros. Gracias Ferru por tus enseñanzas dentro y fuera de la pista, gracias por ser un guerrero de los nuestros, de la marca España; por ser parte de un equipo que se llama sueños, ilusión, crecimiento, trabajo, superación, valores y espíritu deportivo. Gracias por tanto respeto y tanto cariño hacia ti mismo y hacia todos los que te seguimos. Gracias y mucha suerte en tu nueva andadura en la vida, porque te lo mereces todo, campeón. Eterno Ferru.

martes, 12 de marzo de 2019

Leones conquistando fronteras: el imparable crecimiento del rugby español

España y su deporte siguen derribando muros. Lo que hace unos años era quizás una de las utopías deportivas más grandes del momento, se convirtió este fin de semana pasado en realidad: la selección masculina de rugby 7 (modalidad seven), batió por primera vez en un partido oficial a los todopoderosos All Blacks de Nueva Zelanda. La última jugada, el fabuloso ensayo de Pol Pla con el que España certificó su victoria, ha dado la vuelta al mundo por su brillantez y espectacularidad, y refleja la capacidad de superación, la confianza en uno mismo y en el trabajo de todo un equipo a lo largo del tiempo. Tras cuatro derrotas consecutivas ante Nueva Zelanda, a la quinta fue la vencida.

Este hito es historia pura, un hecho sin precedentes que confirma el buen hacer en los últimos años de nuestro rugby. Sin ir más lejos, la selección española de rugby seven está realizando la mejor campaña de su historia hasta la fecha en las Series Mundiales. No es casualidad por tanto que los resultados estén acompañando de una manera tan fantástica, en diversas categorías y torneos. España está en un momento de explosión, de crecer y dar un enorme salto de calidad en el rugby a nivel europeo y mundial. Ahora mismo estamos viviendo esa transición, y muy rápidamente.

El rugby es uno de los deportes que más solera e historia tienen, pero tradicionalmente había estado más aislado, limitado a un nicho más reducido y olvidado (y en España aún más). Para muestra, el increíble dato de que este clásico juego no ha sido incluido como disciplina olímpica hasta hace bien poco, desde de Río 2016 (en modalidad seven). Algo empezó a cambiar a partir del siglo XXI, con la explosión y el cambio de paradigma del deporte como modelo de negocio en transformación. En la última década, la progresión del rugby mundial ha sido notoriamente extraordinaria, mostrando un crecimiento imparable. En España, por ejemplo, casi se ha duplicado el número de licencias federativas en el periodo 2008-2018, tanto para jugadores, entrenadores y árbitros.


Desde la base (infantil, juvenil, universitario), las nuevas generaciones vienen con una motivación especial por este deporte y sus valores, por su desarrollo y su globalización. Existe un interés y participación creciente en cuanto al número de asociaciones, clubes, colegios y escuelas municipales que apuestan directamente por el rugby como soporte formativo, y que inician a los niños en su práctica (hecho que se ha extendido considerablemente por nuestra geografía). Obviamente, este movimiento viene favorecido por una imprescindible mejor estructura federativa y un plan estratégico a largo plazo, un mayor apoyo institucional y una visibilidad impulsada indudablemente por el auge de la mujer y los programas de apoyo social al deporte femenino.

Los resultados deportivos cosechados por nuestras secciones de rugby en diferentes categorías se encuadran en un marco de apoyo e implicación general que hay en el país por este deporte, fomentado por diferentes eventos y programas que se vienen organizando en colaboración con agentes europeos y mundiales como son World Rugby, el Consejo Superior de Deportes o la Federación Española de Rugby. El European Rugby Champions & Challenge Cup de Bilbao 2018, o los programas “Get Into Rugby”, “Mujer y Rugby”, “Universo Mujer”, “Rugby Escolar” etc., ayudan a que el deporte del balón ovalado se esté consolidando en nuestro país como una opción potente y de futuro.

El “momentum” del rugby es ahora. Posee un gran efecto contagio, que se propaga rápidamente a todos los niveles de capilaridad social. En el plano económico se está subiendo además a la ola de un mercado expansivo, de apoyo de los patrocinadores y de difusión mundial como nunca hubo en torno al rugby. El talento se va sembrando, puliendo, y las diferencias de nivel se acortan en la élite, con lo cual las competiciones son más igualadas y atractivas, lo que favorece el espectáculo, la pasión y divulgación de sus valores, así como la generación de un porfolio de oportunidades de negocio en colaboración con diversos socios e industrias de toda índole.


España es uno de los países que más margen de crecimiento tenía en el rugby, y está recorriendo el camino de manera sólida y brillante, en nuestro caso motivados por el potentísimo efecto llamada de nuestras selecciones nacionales, que crecen y se superan en casi todos los deportes colectivos en torno a los conceptos de “equipo unido y familia”, “valores y oportunidades”, “igualdad y talento”. La Marca España se sigue construyendo de manera robusta, y en los últimos años el rugby tiene mucho que ver en ella, porque en la medida en que la sociedad va entendiendo más este deporte, va encontrando en él un reflejo de honradez y nobleza, de deporte limpio, emocionante y con una ética que va mucho más allá de los prejuicios que sobre él existían hace no muchos años (el clásico “deporte para brutos” …).

Los leones y leonas, ese colectivo del rugby de élite español, son nuestros más potentes embajadores de este deporte en el mundo. Proyectan hacia fuera el sentimiento que existe desde dentro, del país al mundo, del corazón al universo. En ellos converge el empuje de diversidad deportiva, generacional y de mentalidad, de derribar muros y conquistar fronteras, y de creer en uno mismo y en el compañero de equipo por encima de la historia.


La victoria sobre los All Black ha puesto de manifiesto un hecho innegable e imparable: el rugby corre mucho y bien, crece sano y seguro, adelanta por las alas a quienes le salen al paso, demuestra su valía con enormes ensayos de pasión, y es un deporte en transformación, fuerte y emergente del panorama actual, reclamando su sitio y la atención que merece en un mundo y un negocio deportivo que empiezan a reconocer todo su valor y su potencial. Gracias y enhorabuena, leones y leonas, por creer en vosotros y vuestro futuro más que nadie, y por conseguir que cada vez más gente nos subamos a un carro de tremenda alegría deportiva: el rugby nacional y mundial.